SINGULAR TESTAMENTO

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Singular testamento
Fotograma del film Kardec de Wagner de Assis.

Singular testamento

Todo movimiento importante en la historia, desde el momento en que su fundador desaparece del escenario del mundo, es objeto por parte de sus seguidores de instantes de incertidumbre y dudas sobre el rumbo a seguir. La codificación de Allán Kardec soportó igualmente estas contingencias; empero, aunque aparecieron diferencias en la dirección de los objetivos y en los propósitos que sus más allegados pusieron de manifiesto, la posteridad fue testigo inmaculado de la grandiosidad de la obra del maestro de Lyon.

Adelantándose a los posibles imprevistos y consciente de que su partida podría producirse en cualquier momento, Kardec dejó señalados los rumbos a seguir por parte del movimiento espiritista y de las Sociedades Espíritas en todo el mundo. También puso por escrito las normas adecuadas de relación entre los seguidores y las instituciones espiritas, advirtiendo así mismo de los peligros, inconvenientes y riesgos que pudieran producirse si no se usaba el método racional que él había legado en la base de la nueva filosofía.

Y a todo ello añadió la importancia de no desvirtuar el mensaje principal de la doctrina espírita en cuanto a sus postulados principales, ya que como repitió en numerosas ocasiones: “La fuerza del espiritismo se halla en su filosofía”. Junto a esto dejó también bien claro que la nueva doctrina iría evolucionando en paralelo siempre junto a la ciencia, y que si una nueva verdad científica demostrase algún error del espiritismo, este último se corregirá sobre ese punto y aceptará la evidencia de la ciencia.

Con esta actitud dejó bien claro cuál era su pensamiento respecto a la nueva doctrina, de qué manera debería continuarse con la labor por él iniciada, precisando también que la doctrina espírita era obra de los espíritus y no suya, y por eso mismo, los inmortales continuarían ampliando y favoreciendo nuevos postulados y contenidos adaptados a los tiempos que hubieran de llegar, usando a aquellos intermediarios (médiums) más adecuados para esta importante labor de evolución y progreso de la obra espiritista.

Por ello, la sorpresa que produjo en su momento la apertura del testamento del Maestro Kardec por su esposa y ante los mas importantes colaboradores y amigos no sería tal hoy mismo. El texto del legado se titulaba y comenzaba así:

¿ES EL ESPIRITISMO UNA RELIGIÓN?

En cuanto al debate acerca de la religión, todo quedó sustanciado con la explicación del Maestro en la que dejaba claramente escrito y repetido que, desde el punto de vista filosófico, el espiritismo podría ser considerado como una religión al intentar que el hombre se transforme moralmente y regrese a Dios (El termino latino de religión: re-ligare, “volver a unir”). Pero desde el concepto sociológico del término, nunca el espiritismo podría ser una religión al no tener cultos, jerarquías o rituales que caracterizan a todas las religiones.

Como podemos comprobar, ya en aquellos primeros tiempos de la codificación espírita el debate estaba servido y de plena actualidad. Por ello, para no confundir y marcar el camino recto al respecto, el Maestro Kardec, sabedor de la importancia de esta aclaración en cuanto al futuro del movimiento y para evitar así controversias inútiles, lo colocó en primer lugar respecto a las providencias que los seguidores de la nueva doctrina debían contemplar. Su respuesta fue la siguiente:

“Una religión organizada exige cultos, jerarquías, ceremonias, privilegios y casta sacerdotal. El Espiritismo debe ser siempre enfrentado y aceptado como una doctrina filosófica y moral“.

Y a ello añadía aclaraciones respecto a la relación entre los espíritas y la función principal de cada reunión espírita, afirmando: “la relación entre espíritas no debe incluir contratos materiales ni prácticas obligatorias, siendo así que toda reunión espirita debe estar presidida por un sentimiento espiritual, humanitario y moral que no es otro que la caridad”.

Ya en Diciembre de 1868, en la Revista Espírita, Kardec sentó las bases de lo que él denominó como “Constitución Transitoria del Espiritimo”, preparando así su retirada del movimiento con la suficiente previsión y clarividencia, algo que demostró a lo largo de todo el tiempo al adelantarse a los acontecimientos venideros. En esos momentos, su máxima preocupación era centrar el futuro del movimiento en base a una idea: Unidad.

Y para ello elaboró y puso por escrito algunas premisas para evitar la división del movimiento después de su muerte. Elaboró su estrategia en base a tres puntos que detallamos a continuación.

1º) Respetar los principios básicos de la doctrina, sin dar lugar a ambigüedades o interpretaciones contradictorias.

2º) Actuar en el círculo de las ideas prácticas, sin seguir principios considerados como quimeras, que pudieran apartar del espiritismo a los “hombres positivos” (*).

3º) Progresar conforme a los descubrimientos de nuevas leyes de la naturaleza, asimilando todas las ideas reconocidas como justas: “Con este carácter esencialmente progresivo, el Espiritismo jamás será sobrepasado. Esta es una de las principales garantías de su perpetuidad”.

Como podemos inferir de la lectura anterior, nuevamente la lucidez del profesor se ponía de manifiesto para dejar en su propio testamento las bases de continuidad de la doctrina de los espíritus de forma nítida, esclarecedora y concluyente.

Así pues, no solo tomó providencias respecto al futuro de la doctrina y la continuidad del movimiento, sino que tampoco hizo acopio de ningún nombre destinado a sucederle al frente del movimiento. Como hombre de finales del siglo XIX recibió influencias del pensamiento asambleario de la época y con el lenguaje propio de entonces, hablaba de un Comité Central que debería regir los destinos de la doctrina, no dando más que una autoridad representativa al presidente de dicho comité.

Aquel encargado de representar al Espiritismo lo haría en función de las decisiones consensuadas por todos los que ayudaban y aportaban sus esfuerzos y recursos. Y por tanto, no habría nadie representando un papel de autoridad superior o jerarquía. La propia doctrina regularía los compromisos de los individuos para con ella, en función de la “autoridad moral” de los mismos.

Por ello, las instituciones espíritas no debían confundirse con la doctrina, pues su función sería elaborar los programas de divulgación y desarrollo que la propia doctrina propugna, donde prevalezcan la caridad, la divulgación, el combate contra el materialismo y el desarrollo y transformación moral de los miembros de cada institución. La mejor institución espírita sería aquella que ofreciera, por parte de sus miembros, el ejemplo mayor de servicio y desarrollo del bien al prójimo, bajo los postulados del espiritismo.

Otras muchas providencias tomó Allán Kardec en su testamento para asegurar la continuidad de la doctrina; no obstante, las mencionadas arriba son, a nuestro humilde entender, las que mayor trascendencia alcanzaron.

Singular testamento por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

(*) Cuando Kardec se refiere a hombres positivos hace referencia a aquellos que usan la razón y la lógica en su visión del mundo, aunque no tengan creencias espirituales o se declaren ateos. Como dejó escrito en más de una ocasión, “es más fácil convencer a los ateos de la existencia del espíritu que a los fanáticos religiosos que solo usan el dogma y la fe ciega.”

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