LOS GRANDES BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN II

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Los grandes beneficios de la meditación II
Es continuación de: Los grandes beneficios de la meditación

Una vez vistos algunos de los beneficios que podemos conseguir mediante la meditación, vamos a adentrarnos en la forma de realizarla, su proceso y su finalidad, con el fin de quedarnos con sus aspectos más efectivos y beneficiosos.

Es cierto que hay muchos métodos de relajación y respiración, pero vamos a efectuarla sin excesivas complicaciones, pues nuestra intención pasa por que nos sea práctica y útil en nuestro día a día. Ahora vamos a ver cómo realizarla correctamente, de la forma más sencilla posible.

Un buen momento del día puede ser por la mañana, antes de incorporarnos a nuestros necesarios quehaceres, o por la noche antes de retirarnos a dormir. Cualquier momento que nos venga bien y nos permita relajarnos, sentir y reflexionar sin prisa, ni influencias que perturben el acto de meditar.

En primer lugar, hay que elegir un lugar tranquilo en donde podamos sentarnos cómodamente y con la espalda recta, aislados de los ruidos y distracciones de cualquier índole. Una vez acomodados, inspiraremos despacio y con tranquilidad, llenando primero la parte alta de los pulmones y seguidamente la parte baja (como si inflásemos la barriga). A continuación, procederemos a expirar también con tranquilidad, en este caso vaciando primero la parte baja de los pulmones y posteriormente la alta. Es importante que durante el proceso toda nuestra atención esté en cómo el aire va entrando en nuestro cuerpo, y luego cómo va saliendo, para empezar a concentrarnos y permanecer conscientes de todo el desarrollo de nuestra respiración.

Repetiremos esta técnica tres veces, con la finalidad de conseguir relajar las tensiones acumuladas durante el día y centrar nuestro pensamiento, tratando de aislarnos de los incesantes murmullos a los que lo tenemos acostumbrado. Si es necesario, podemos ampliar el mencionado proceso de respiración alguna tanda más, hasta sentirnos tranquilos y eliminar los nervios e inquietudes del día. Al principio no va a ser sencillo, pero con la práctica veremos cómo nos sorprenden los resultados.

La relajación es muy útil para estar libres de tensiones e influencias físicas, emocionales y mentales, favoreciendo la concentración, pero en ningún momento podemos dejar de estar conscientes sobre lo que estamos haciendo, es decir, debemos evitar entrar en estados de somnolencia o falta de atención, pues en este caso no podremos avanzar hacia el espacio más importante de la meditación: La reflexión.

En la meditación se debe aprender a concentrar, a estar atento de forma continuada, eliminando todas las distracciones, lo cual no es nada sencillo al principio, ya que nuestra mente está acostumbrada a saltar de un pensamiento a otro, sin motivo ni relación alguna entre ellos, como si se tratara de un continuo y desordenado bombardeo de ideas. Si nuestras consideraciones saltan de una cuestión a otra, no hay que preocuparse en exceso, pero sí debemos retomar el control y volver a seguir en lo que estábamos. Es muy importante que esto quede claro, para que cada vez que cualquier pensamiento nos saque de la concentración, lo rechacemos inmediatamente, con el fin de volver al tema o cuestión de la meditación de ese día. Comprobaremos cómo con la práctica cada vez iremos aprendiendo a concentrarnos mejor.

Una vez relajados, daremos paso a la parte realmente transcendente, a pensar sobre un tema determinado para tomar plena conciencia de ello. Por ejemplo, si durante el día hemos discutido acaloradamente con un hijo, pareja, hermano, amigo, etcétera, vamos a analizar detenidamente la causa verdadera y sus posibles consecuencias, formulándonos de inicio preguntas a las que dar respuesta:

¿Cómo nos hemos sentido durante esos momentos? ¿Nuestra mente y nuestro sentimiento se han visto turbados y ofuscados? Después de la discusión, ¿nos hemos encontrado bien o mal anímica, mental y emocionalmente? Analicemos también si ese momento de enojo ha servido para algo y pongámonos en lugar de la otra persona para intentar comprender cómo lo ha vivido ella y cómo ha podido sentirse.

Ahora, vamos a analizar si realmente llevábamos razón, pues igual estábamos equivocados. ¿Hemos escuchado sinceramente o solo hemos estado pensando en imponer nuestro criterio por encima de todo? Si seguimos pensando que teníamos razón, ¿era el momento y la forma adecuados de enfocar nuestro comentario o nuestra acción? Por último, decidamos: ¿Qué es más importante, imponer nuestra razón o que haya paz y armonía entre la otra persona y nosotros? Aquí tenemos mucho sentimiento que poner y bastante reflexión que realizar.

Este es un simple ejemplo del acto de meditar, que puede utilizarse según deseos o necesidades, para cualquier hecho, idea, concepto, circunstancia, etcétera. Hemos plasmado una situación práctica que puede sucedernos de forma habitual a cualquiera de nosotros, con el fin de analizar y sacar conclusiones positivas que nos puedan ser útiles, a partir de que comprendamos esa situación de forma más objetiva. En este caso se trata de sacar provecho de un acto reflexivo, positivo para nosotros y quienes nos rodean.

Otro día podemos meditar, por ejemplo, sobre la felicidad; qué es, como se siente, si podemos llegar a ser felices y cómo conseguirlo. Podemos ir haciendo preguntas y pensando en las respuestas, recordar el momento más feliz de nuestra vida, tratar de vivirlo mental y anímicamente de nuevo, para recordar cómo nos sentimos en ese momento y pensar cómo se sentían las personas que nos acompañaban, etcétera.

La dedicación de la meditación es tan amplia como nosotros deseemos. No obstante, y antes de continuar, conviene aclarar que para hacerla lo más objetiva y precisa posible debemos tener muy en cuenta los siguientes aspectos:

Ser sinceros con nosotros mismos. Aunque parezca sencillo, no es tan fácil hacer una introspección honesta y ser sinceros de verdad con nosotros, especialmente en nuestros aspectos más íntimos y personales. Tenemos flaquezas que no nos gusta reconocer, y nuestros intereses egoístas dificultan nuestra objetividad. Muchas veces no vemos las cosas como son sino como queremos verlas. Hay ocasiones en que, por orgullo, tratamos de justificar incluso lo injustificable.  Solemos pensar que la culpa de lo que nos ocurre siempre está en las circunstancias y en los demás, pero raramente la vemos como nuestra, cuando la realidad es que la reacción que nos hace sentir bien o mal está en nosotros. Es como el que miente y se cree su propia mentira. Pero no olvidemos que aquí, si engañamos a alguien es a nosotros, a nadie más. Nuestra sinceridad interior es fundamental para ser conscientes de nuestra verdadera realidad. Si queremos entender algo y nos basamos en un supuesto erróneo, nuestra conclusión siempre será errónea. Mentir a los demás no es apropiado, pero mentirnos a nosotros mismos es uno de los actos más estériles, pueriles y torpes que podamos hacer.

Quitarnos todas las máscaras. Suele estar tan enraizado en la persona enmascararse ante el mundo exterior, tratando de dar la imagen que quiere que se vea de ella, que termina incluso enmascarándose ante sí misma, lo que dificulta aprender a conocernos tal cual somos en realidad. Hacemos tanto esfuerzo por aparentar algunos aspectos que incluso nos convencemos de que somos de esa manera de ser. Recordemos que estamos ante nosotros mismos en un acto de reflexión sincera. Necesitamos ver nuestros verdaderos pensamientos, sentimientos y deseos en relación a lo que estemos meditando, sin nada que distorsione la realidad. Debemos vernos ante el espejo de nuestra verdadera intimidad. Es un acto que requiere lo mejor de nosotros mismos, reconocer nuestros errores y nuestras flaquezas, a la vez que nuestras mejores cualidades. Para meditar bien y  que se convierta en una acción útil necesitamos ser objetivos.

 Como vemos, la meditación es un acto para aprender a dirigir nuestra vida mucho mejor, evitar problemas innecesarios, solucionar los existentes y terminar tomando verdadera conciencia de la vida y nuestra posición en ella, separando lo innecesario de lo realmente transcendente. Hacer una pausa entre tanta ocupación y preocupación, entre la rutina diaria y los perjudiciales hábitos adquiridos, para relajarnos y disfrutar del pensamiento, de los sentimientos, de todo lo bueno que tenemos y nos sucede, observando nuestra vida con mayor visión, más hermosa y llena de posibilidades, engrandece nuestra personalidad y expande nuestro conocimiento.

Hacer una inmersión en nuestro verdadero interior, para bucear observando nuestro mundo más desconocido y los aspectos de la vida que pasan más desapercibidos, puede ser muy gratificante y muy útil para enriquecer nuestra existencia.

En realidad, es un momento dedicado mayoritariamente a lo que menos hacemos: Reflexionar. Vivimos muchas experiencias, algunas de ellas repetidas veces; hablamos incluso demasiado; exigimos, nos quejamos, pero nos cuesta mucho aprender; precisamente porque utilizamos muy poco el pensamiento para analizar el porqué y para qué nos sucede lo que vivimos, y olvidamos el sentimiento para comprender los sentimientos y los actos ajenos. Nos hace mucha falta la reflexión y podemos aprender a desarrollarla meditando sobre todo lo que nos sucede, lo que necesitamos, lo que deberíamos hacer, a solucionar nuestros problemas o incluso verlos venir y estar preparados para ellos. Y nos hace mucha falta aprender a escuchar y a comprender, para entender el comportamiento humano. Si lo hacemos así, poco a poco iremos mejorando nuestra percepción de la vida, optimizándola y colaborando con el bien social.

No podemos finalizar sin resaltar que, cuando se realiza la meditación con el deseo o la finalidad de mejorar nuestro devenir, su beneficio más importante está en que no sea pasiva sino activa, es decir, una vez realizada, posteriormente, tengo que plasmar sus beneficios reflejándola en mi forma de ser, en mis actitudes y mi conducta. Necesito plasmar en la vida diaria todo cuanto comprenda y aprenda, actuando sobre los cambios que necesito efectuar, con el fin de modificarlos realmente, transformando mi interior. No puedo pasar de la meditación a seguir haciendo lo mismo que hago continuamente, ya que todo seguiría igual. Si no hay cambios en mi forma de hacer, no habrá resultados reales ni beneficios, y por tanto, esa meditación tendrá un efecto irrelevante en mi vida.

Toda esta toma de conciencia y posterior mejora del comportamiento, además de generar gran satisfacción personal, ayuda a mantener el equilibrio de nuestras emociones, amplía la calidad y el dominio de nuestros pensamientos y favorece nuestra salud corporal.

Los grandes beneficios de la meditación II por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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