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LO MAS IMPORTANTE 

 
  Más que nunca estamos viviendo unos momentos que nos hacen ver con claridad la enorme necesidad que esta humanidad tiene de transformar muchos moldes, preconceptos, formas de comportamiento y, en definitiva, todo aquello que entorpezca la evolución hacia actitudes más correctas y beneficiosas para todos.
Hay una constante búsqueda de soluciones para los problemas de hoy en día, para una sociedad que todavía se debate entre la violencia, el hambre, las guerras, la ambición, etc. Son muchas las personas que intentan poner remedio a estas circunstancias perniciosas pero la causa de éstas, está en el propio hombre y somos reacios ante el cambio, preferimos el egoísmo y el bienestar propio antes que el desinterés y el altruismo, y por ello seguimos aferrados a nuestras perte­nencias negando nuestros esfuerzos en pro de los demás. 
 
  Sólo hay una solución y todos en nuestro interior la sabemos: el Amor que nos ejemplificó Jesús; pero son pocos los que comprenden lo positivo que encierra su puesta en práctica. Con nuestro actual comportamiento esta­mos caminando hacia la propia destrucción, es urgente que comprendamos la raíz de este problema para ponerle efecti­vos remedios. Está claro que el mundo entero no va a cambiar de repente, se necesita de un proceso y en él se transformarán aquellas personas que, de verdad lo entiendan y alcancen a vislumbrar la importancia de reunir al ser humano bajo un estandarte universal: El Amor fraterno. Es algo que cada uno ha de conseguir en su interior para después compartirlo con aquellas personas que sientan como él, aunque tengan otras ideas o pensamientos, a pesar de que existan diferencias externas o internas. 
 
   En estos momentos críticos hay una llamada Univer­sal a todas las personas de buena voluntad, a aquéllas que sientan que hay algo en lo que merece la pena trabajar, cual es la unión de todos los hombres. Necesitamos con urgencia estar seguros de que nuestras obras y actuaciones son correctas. A tal fin, sería preciso abrir nuestra mente y corazón ante la Vida, hacia todas aquellas ideas, doctrinas o formas de pensar que nos orienten hacia el bien. No se trata de decir cual de ellas es mejor, todas cumplen su papel y a cada uno toca escoger aquélla que le ha de servir de guía. No olvidemos que toda idea que predique la importancia de llevar el Amor a nuestra vida, es positiva, y si la seguimos nos ayudará. 
 
   Es vital que todos caminemos hacia esa unión, a fin de mejorar las condiciones de vida de nuestra humani­dad. Olvidemos por un momento a qué confesión religiosa o ideológica pertenecemos y, valoremos la realidad que nos evidencia la importancia de establecer en el mundo un símbolo en el que todos estemos amparados; él es la verdadera salvación para todo aquél que lo lleve a su realización: el Amor. 
 
  Son instantes para reflexionar y analizar hacia dónde nos conduce nuestro actual comportamiento. Debemos demostrarnos a nosotros mismos la realidad de los benefi­cios que nos da una conducta basada en la moral y en la convivencia fraterna con los demás, sin distinciones. Así, nos decidiremos a trabajar denodadamente, sin escatimar esfuerzos. Es preciso que conozcamos en la práctica las dos actitudes, la egoísta que sólo tiende al propio benefi­cio y la altruista que ofrece a los otros aquello que deseamos para nosotros. Si nuestras intenciones son de ayuda y entrega desinteresada, hemos de llevarlas a nuestra vida sin reservas. Aquéllos que todavía no sientan en su interior un ideal de fraternidad, observen lo que más le falta a este mundo, analicen concienzudamente lo que ellos esperan de la Vida y verán como es esto también, precisan del Amor. Siendo así, luchemos todos por lo mismo, no caben las excusas, todos, la humanidad entera, comprendemos que eso es lo que más-necesitamos. 
 
  Por tanto, olvidemos las diferencias, incluso las ideológicas, sepamos renunciar a nuestros deseos egoístas, ofrezcamos nuestro corazón a los demás sin distinciones, ayudémonos a seguir adelante, a rectificar aquellos errores que nos distancian unos de otros, que impiden que la verdadera paz anide en nuestro interior y que la felicidad y alegría engalanen nuestros actos con buenas obras para con todos. 
 
  Quizás pensemos que esto es una utopía indefinida, imposible de conseguir, pues no todos estarán dispuestos a aportar su granito de arena. Pero no por ello se ha de abandonar la lucha. Los que comprenden hacia dónde ha de caminar el hombre, aquéllos que crean en algo más que en lo físico, en lo puramente material, que crean en definiti­va en los nobles sentimientos que acercan de verdad a las personas, sabrán con certeza que han de esforzarse por ese elevado ideal. Así, con su ejemplo, contagiarán a muchas personas y éstas a su vez trabajarán por lo mismo. 
 
  Es labor de todos y por eso es preciso conjuntar los esfuerzos. Son muchas las trabas, es cierto, pero si intentamos corregirlas indudablemente conseguiremos mayores logros que si sólo nos conformamos con conocerlas sin más. A lo largo de sucesivos comentarios intentaremos en esta sección, valorar todos los entorpecimientos que nos puedan alejar de ese objetivo común de unión entre todos los hombres. A tal fin siempre hemos de ver qué es lo más importante para acercarnos mejor unos a otros suprimiendo cualquier dificultad que nos aleje. 
 
F.M.B. 
 
¿Por qué lamentarnos de la falta de amor, de amistad, de ternura que guardan para nosotros las demás almas humanas? ¿Les prodiga la nuestra iguales tesoros para exigir el cambio? 
 
JUAN VALERA


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