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APROXIMACIÓN IMPERFECTA SOBRE EL ORIGEN DE LA VIDA Y LA EVOLUCIÓN SIMULTÁNEA

Continuando, en cierto modo, la exposición realizada el pasado mes sobre la dualidad de la vida celular -física y espiritual-, se hace preciso una breve y sintética exposición sobre el desarrollo de la misma a través de las fases evolutivas, así como de los agentes que la posibilitan y la permiten.

En la primera molécula de azúcar surgida en las aguas de los océanos iniciales, a consecuencia de la ruptura del agua marina sobre las rocas, se inicia el proceso de la vida unicelular en las primeras algas o plantas marinas. Posteriormente la mitosis celular, la reproducción asexual y por último la reproducción sexual darán origen a los procesos biológicos que originan la vida en el planeta a través de las distintas especies pluricelulares y el desarrollo de las plantas y los animales.

“Desde el primer proceso biológico existe en él un campo de fuerza organizador, un principio que se forma concomitantemente con la propia vida, capaz de almacenar su experiencia pasada y que funcionaría como un modelo organizador biológico: MOB”
Ing. Hernani Gimaraes Andrade – Libro: Biología Transcendental

Lo que distingue la materia inanimada de la materia con vida o biológica es la existencia de ese sistema organizador biológico del que habla Gimaraes Andrade. Ese organizador cohesiona las moléculas del cuerpo al que anima, dotándole de crecimiento y evolución, mientras que en la materia inanimada esas moléculas se encuentran disgregadas y tienden -por la ley de la entropía- a la desorganización y transformación energética.

Desde ese primer momento se sustancia una evolución simultánea en el plano físico y en el extrafísico. Tal como explicamos en el anterior artículo, detrás de cada célula (organismo vivo más pequeño) existe un origen físico y otro extrafísico. El primero obedece a la formación de las condiciones que promueven la formación de los planetas y su biosfera. Hoy día podemos afirmar que, según la ciencia, procedemos de las estrellas, y como tal, todos los planetas en formación se originan de los elementos interestelares y de la combinación del carbono, el oxígeno, el hidrógeno y el nitrógeno que permiten la consolidación de atmósferas adecuadas para el desarrollo de la vida posterior.

El origen físico está claramente explicado, y de su evolución posterior hablaremos a continuación; pero el aspecto extra-físico lo representa el MOB, y el origen de este tiene que ver con la Mente suprema que dirige y crea el universo físico-espiritual. Esta mente superior, consciente e inteligente, como afirmaba el premio nobel Max Planck, está detrás de la energía y la materia, -la crea, la sustenta y la dirige-; siendo así que sin la intervención de esta Conciencia y Mente Superior que crea el Fluido Cósmico Universal -del que procede el MOB- nada existiría por sí mismo.

Desde la formación de la gravedad, el electromagnetismo, y las fuerzas cuánticas débil y fuerte, que permiten la aparición del tiempo y del espacio y con ello del universo físico, existe esta Causa Primera que podemos denominar Dios que da origen a la vida y los universos.

Las leyes de la física explican los procesos de esta formación y evolución, pero no tienen en absoluto papel creador alguno. El diseñador está por encima de su obra; al igual que podemos comprender el funcionamiento de un vehículo sin saber en absoluto apenas nada de su inventor, lo mismo ocurre con la creación y la vida: podemos entender las leyes que la hacen funcionar sin saber apenas de la mente que la ha originado.

Así pues, desde el primer momento de la formación de nuestro universo conocido, hace ahora 13.700 MM de años, la intervención de esa Mente Superior y de algunos arquitectos e inteligencias superiores -bajo su supervisión- han venido propiciando el desarrollo de la vida, las galaxias, los planetas, y la vida en sí en los mundos que la tienen o la han tenido. Son precisamente estas potencias espirituales encargadas de la co-creación divina de los universos, las que actúan directamente en la aparición, desarrollo y evolución de la vida en los planetas en su apartado extra-físico.

Tanto es así que, durante los miles de años que comporta la evolución de un mundo hasta que aparece la inteligencia; ellos son los que permiten, dirigen y estimulan los procesos biológico-espirituales (MOB) que darán como resultado la aparición del hombre y con él la inteligencia y el principio espiritual, que evoluciona desde los reinos inferiores hasta alcanzar el grado de conciencia y libre albedrío que caracteriza al ser humano.

En las primeras fases evolutivas, estas inteligencias dirigen la biogénesis (los procesos de desarrollo biológico y espiritual de los animales y plantas). Tanto es así que el principio vital y espiritual que permite la vida, y que cuando termina el ciclo de existencia regresa al fluido cósmico universal, es manipulado, ordenado y dirigido en una única dirección: la del progreso y evolución de las especies, hasta la individualización del psiquismo animal que suele producirse con la aparición de los reptiles.

Antes de ello, todos los animales funcionan en base a un “psiquismo grupal”, que es tratado y modelado para conseguir los resultados posteriores que determinarán procesos de mayor evolución. Con los reptiles el psiquismo se individualiza, aparece el cerebro reptiliano -dónde residen las emociones-, y del cual todavía hoy conservamos una parte los humanos (el fenómeno de recapitulación del embrión humano prueba esta evidencia científica).

Con la evolución de estos hacia los animales superiores se va alcanzando un mayor protagonismo de la parte biológica o física y menor de la parte extra-física que; no obstante, sigue interviniendo hasta que se llega al estadio del simio chimpancé (compartimos el 98,5 de genes) y homo sapiens. Es aquí dónde aparece la inteligencia que podemos definir como “pensamiento continuo” propiciado por el lenguaje, que permite a los primeros homo sapiens-sapiens exteriorizar su pensamiento e interactuar con sus mismos compañeros a través de una comunicación directa donde aparece la imaginación, la creatividad y los primeros signos de conciencia.

Es a partir de este momento dónde el hombre se encuentra sólo frente a sus propios actos; el libre albedrío comienza regir su comportamiento moral y la responsabilidad de sus actos es únicamente suya. Las intervenciones del mundo extra-físico ya no intervienen directamente en la evolución del hombre; el cual busca en las primeras etapas evolutivas su propia identidad que todavía no logra encontrar, de forma que reencarna casi automaticamente, una y otra vez, a fin de acaparar experiencias y vivencias que formen un carácter y una identidad.

Esta evolución biológico-espiritual de la que hemos hablado, que es simultánea a todos los procesos de la vida biológica se bifurca en dos ramas. La primera la del hombre, individualizado, con conciencia, inteligencia y libre albedrío, sometido desde ese momento a las leyes morales que rigen el proceso evolutivo en todos los mundos para los seres inteligentes (principio inteligente=espíritu). Y otra correspondiente a los reinos restantes de la naturaleza y de la vida, que siguen siendo tutelados por la parte extra-física con la intención de servir de apoyo a la especie superior que es el hombre, este último alberga en su interior las capacidades y atributos divinos, que al igual que su creador posee de forma latente hasta su desarrollo a través de la evolución que le llevará miles de años.

Una evolución no se entiende sin la otra; y la física está sometida desde el primer instante a la evolución extra-física que, desde la primera célula, anima con la vida el desarrollo de la biología mediante el principio vital que procede del principio espiritual creado por Dios. Cuando algunos -no todos- biólogos evolutivos nos dicen que la vida es fruto de una “fatalidad biológica”, y que somos únicamente máquinas reproductoras de ADN mediante el resultado de unos genes ciegos que compiten entre sí para sobrevivir, estamos asistiendo a una explicación que tiene más de mito que de ciencia.

En ello coinciden grandes científicos y genetistas del momento, al afirmar que las condiciones que se necesitan para la aparición y sustentación de la vida celular son tan complejas, que la misma ley de probabilidades matemáticas la hace improbable. Salvo que una inteligencia superior, con un propósito concreto, haya creado y puesto esas leyes y condiciones para la aparición y el desarrollo de la vida.

Así pues, la evolución y la vida tienen siempre detrás el pensamiento, la intención y el propósito de una Inteligencia Suprema y Causa Primera de todo cuanto existe y a la que pobremente llamamos Dios. Él ha dado origen a la vida y propiciado esta evolución simultánea que nos hace al hombre la cúspide de su desarrollo; y la prueba de ello es la creación de nuestra propia alma o espíritu a su imagen y semejanza -espiritualmente hablando- lo que nos dota de inmortalidad y un destino libre y venturoso hacia la plenitud, la perfección y la felicidad.

Honremos, con nuestra admiración y profunda gratitud tal acto de amor y de sabiduría, cuya comprensión escapa todavía -en su totalidad- a nuestras limitadas mentes y conciencias imperfectas.

LA VIDA Y LA EVOLUCIÓN SIMULTÁNEA por:    Antonio Lledó Flor

©2017, Amor, paz y caridad

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