Recordando el pasado

LA VIDA DEL MÁS ALLÁ REVELADA POR SUS MORADORES

 
Arthur Conan Doyle
     Al establecer comunicación con las inteligencias del Mas Allá que antes habitaron en cuerpos terrenales, el espiritista les pregunta con el natural interés cual es su nueva condición y cuales fueron los efectos de sus acciones en este mundo sobre su destino subsiguiente. Las contestaciones a esta
ultima pregunta justifican en buena parte las creencias de la mayoría de las religiones y demuestran que el camino de la virtud es también el de la felicidad. Todas forman un sistema que aclara las vagas cosmogonias de los tiempos antiguos. Este sistema se halla expuesto en muchos libros, no escritos por escritores profesionales. Son obras debidas a los médiums llamados “escritores automáticos”, los cuales reciben la inspiración del Mas Allá, donde mora la inteligencia que dicta. Ahora bien, el espíritu transmisor no está, por lo general, dotado de sentido literario, ni del arte del narrador. Lo transmitido es, ademas, el resultado de un complicado proceso. Si pudiéramos imaginar un escritor terrenal que usara un teléfono de larga distancia en lugar de pluma, tendríamos una idea aproximada de las dificultades con que tropieza el operador. Y, sin embargo, a despecho de tales deficiencias y entorpecimientos, la mayor parte de esos relatos son claros, dramáticos e interesantes. Y mal podrían dejar de ser interesantes cuando el camino que nos enseñan es el que un día hemos de recorrer todos.
 
     Se ha dicho que tales relatos son muy semejantes entre si y hasta contradictorios. No lo cree así el autor. En sus largas lecturas, en las que ha agotado muchos volúmenes de comunicaciones del Mas Allá, así como numerosos escritos obtenidos privadamente, en familia, ha comprobado que existe una verdadera armonía entre todos. Hay relatos sensacionales y otros que producen decepción; pero, en general, las descripciones de la otra vida son sombrías, sensatas, y aun cuando difieran en pormenores de poca monta, concuerdan en lo esencial. Las de nuestra vida terrena diferirían también en detalles ante un critico del planeta Marte que leyera las relativas a un campesino indio, a un esquimal y a un profesor de la Universidad de Oxford. En el Mas Allá no se dan tan extremos contrastes como en nuestra propia vida. La característica de ésta es la mezcla de los tipos de distintos grados morales. En la otra hay una perfecta separación entre sus moradores. El cielo es diferente del infierno. Aquí el hombre hace a veces del mundo un cielo, pero también vive momentos parecidos a los del infierno y su condición normal es la del que se halla en el purgatorio.
 
     En tres pueden dividirse los estados del Mas Allá. Existen los espíritus aún sujetos a la tierra, que cambiaron su cuerpo mortal por el etéreo, pero que están muy cerca de la superficie de este mundo, al que los liga la tosquedad de su naturaleza y la fuerza y arraigo de sus instintos. Tan tosca puede ser la contextura de la forma ultraterrena de estos espíritus, que llegue hasta hacerse perceptible aun para los que carecen de las dotes especiales de la clarividencia. Es una clase infeliz de espíritus erráticos, en la que reside la explicación de todos esos fantasmas, espectros, apariciones y duendes de las casas encantadas, que han llamado la atención de la humanidad en todas las épocas. Seres, por lo que podemos comprender, que no han comenzado aún su vida espiritual, buena o mala, puesto que sólo empieza la nueva existencia cuando se rompen totalmente las fuertes ataduras terrenales.
 
 
Los que comenzaron realmente esa existencia habitan distinto plano. En él se hallan los crueles, los egoístas, los fanáticos y los frívolos, que, en castigo de sus faltas, vagan en compañía de sus semejantes por mundos cuya luz varía desde la niebla a la mas absoluta obscuridad, según el desarrollo espiritual que van logrando. La situación de estos espíritus no es permanente. Tan sólo los incapaces de un esfuerzo permanecen en ella por tiempo indefinido. Los que siguen el consejo de los espíritus auxiliadores se elevan a zonas más claras y superiores. En el circulo de sus comunicaciones familiares, el autor ha tenido contacto con esos seres y ha recibido muestras de su gratitud por haberles dado una mas clara idea de su estado, de las causas de el y de su remedio.
 
     Esa clase de espíritus constituye una constante amenaza para la humanidad. Si el aura protectora del individuo es defectuosa, se posesionan de él, convirtiéndose en parásitos suyos e influyendo en sus acciones. Es posible que la ciencia del porvenir llegue a explicar por esta causa muchos casos, difíciles de explicar hoy, de manías, de violencias insensatas, o de adquisición repentina de malas costumbres, haciendo con ello un argumento en contra de la pena capital, puesto que la acción del criminal puede ser consecuencia de la invasión de uno de estos espíritus. Este es un tema todavía obscuro. Pero, en todo caso, no todos los espíritus de semejante categoría, apegados a la tierra, son necesariamente malos. ¡Quien sabe si los devotos monjes de ruinas como las de Glastonbury permanecen noche y día errando en ellas por la fuerza de su misma devoción!
 
    Si es incompleto nuestro conocimiento de la condición de estos espíritus, aun lo es mas el que tenemos de las esferas donde purgan sus faltas. Sabemos también de esos mundos merced a los informes de los espíritus superiores que llegan hasta nosotros, en su labor de misioneros, labor que encuentra tantos peligros y tantas dificultades como los que rodean al hombre que se propone evangelizar a las más feroces razas humanas. Tales informes nos hablan de los espíritus superiores que descienden a las bajas esferas; de sus combates con las fuerzas del mal; de príncipes poderosos de las tinieblas que son formidables en sus reinos, y de toda la enorme cloaca de almas con la cual incesantemente comunica el alcantarillado psíquico del mundo. Parece, no obstante, que con esas esferas se realiza obra de curación más que de castigo. Son como sombríos salones de espera -hospitales de almas enfermas- donde una existencia purificadora conduce al paciente a la salud y a la felicidad.
 
    Mas completos son nuestros informes acerca de la región dichosa, en la que se encuentran todos los grados de alegría y belleza que corresponden al progreso espiritual de los que la habitan. El aire, los hogares, el paisaje, las ocupaciones en esa región, fueron descritos muchas veces con todo detalle y hasta con el comentario de que no se puede expresar con palabras su gloriosa realidad. Acaso en las descripciones haya algo de parábola o analogía; pero el autor se siente inclinado a tomarlas como exacto reflejo de la verdad y a creer que el “Paraíso”, como lo ha llamado Davis, es tan objetivo y real para sus moradores como nuestro mundo lo es para nosotros. Fácil es objetar: ¿por qué, entonces, no le vemos?; pero debemos comprender que la existencia etérea tiene que producirse en términos etéreos, y lo mismo que nuestros cinco sentidos materiales nos ponen en armonía y acuerdo con el mundo material, así en ellos su cuerpo etéreo se armoniza y conforma con las visiones y sonidos del mundo etéreo. Y aquí la palabra “éter” se usa sólo por carecer de otra que expresa algo mucho más sutil que nuestra atmósfera. No existe prueba alguna de que el éter de los físicos sea también el ambiente del mundo de los espíritus. Puede haber otras esencias mucho mas delicadas que el éter, al menos en cuanto al concepto de éter comparado con el aire.
 
   Partiendo de esto, el cielo espiritual seria como reproducción sublimada y etérea de la tierra y de la vida terrena. “Lo mismo que abajo… arriba”, dijo Paracelso, y al decirlo definió las bases fundamentales del Universo. No varían las cualidades espirituales o intelectuales al pasar el ser de un lugar a otro de la gran mansión universal. Tampoco se cambia de forma, salvo que el joven y el viejo tienden a su pleno desarrollo espiritual. Admitido esto, habremos de admitir también la deducción lógica de que todo en el Mas Allá es lo mismo que en este mundo y las ocupaciones y el sistema general de la vida están en consonancia con las aptitudes y gustos del individuo. El artista sin arte o el músico sin música, serian allí como aquí figuras verdaderamente trágicas, y esto que decimos de dos tipos determinados de seres puede hacerse extensivo a los demás. De hecho existe en el Mas Allá una organización sumamente compleja, dentro de la cual halla el trabajo de su agrado y el que mas satisfacción puede producirle, estando a veces la elección en su mano….Si esta filosofía girase en torno de los grandes altares y de la adoración de que se les rodea, seria solo un mero reflejo de lo que a todos se nos ha inculcado en nuestra niñez. Pero es cosa muy distinta y mucho mas racional. Es el campo abierto donde pueden tener desarrollo las facultades con que todos hemos sido dotados. La ortodoxia permite que perduren los tronos, las coronas y demás objetos celestiales. ¿No es lógico suponer que si esas cosas pueden sobrevivir, sobreviva todo lo existente en la forma adecuada al ambiente que lo rodea? Es probable que los campos Elíseos de los antiguos y los excelsos cotos de caza de los pieles rojas se aproximen a la realidad mas que todas las fantásticas representaciones del cielo y del infierno tal como estos figuran en las extáticas visiones de los teólogos.
 
    Un cielo tan vulgar y domestico puede parecer material a muchas inteligencias, pero debemos recordar que la evolución ha sido muy lenta en la esfera física y es igualmente lenta en la espiritual. Es muy humilde nuestro estado actual para pasar de un salto por todos los estados intermedios y alcanzar de golpe lo celestial. Esa será la obra de centenares, tal vez de millares de años. Haciéndonos mejores nosotros mismos, se volverá mejor cuanto nos rodea e iremos evolucionando de cielo en cielo hasta que el destino del alma humana se pierda en una gloria radiante, donde los ojos de las imaginación no podrían hoy seguirla.
 
SIR ARTHUR CONAN DOYLE
 
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