Trabajo Interior

LA FORTALEZA

La fortaleza moral, virtud que nos hace crecer, nos ayuda a desarrollar todas las demás potencialidades que están en nuestro espíritu conduciéndonos a una vida espiritual profunda, que nos hace aumentar la fe en Dios y aceptar su voluntad.

La fortaleza, es la capacidad de sobreponerse al esfuerzo, gracias a la voluntad, de plantarse a las tentaciones para eludir nuestros deberes, o nuestras responsabilidades. Es una virtud que no se ve, pero la paz y la serenidad que transmite llama la atención.

Dos figuras importantes me vienen a la cabeza y que han demostrado a lo largo de su vida la fortaleza interior que poseían, en la lucha e interés por su prójimo, son: Gandhi y la madre Teresa de Calcuta, dos personas que físicamente fueron pequeñas, incluso daban una sensación de fragilidad, y sin embargo no había obstáculo o entorpecimiento que los hiciera desistir de sus obras para ayudar a los demás.

Siendo sin duda alguna, el Maestro, el modelo de fortaleza interior, mostrando su condición humana, en la oración del huerto de Getsemaní (Mt 26, 38) se mantiene firme ante la voluntad del Padre, aun sabiendo de la dureza de la prueba que va a vivir.

Es una virtud que se consigue con esfuerzo, teniendo la voluntad de vencer las malas tendencias, que a veces con pequeños impulsos lo conseguiríamos si pusiéramos ganas en conseguirlo. Tenemos que recordar que la fuerza de voluntad la tenemos todos, porque es un instrumento que el Padre nos facilita, para poder desarrollar los compromisos que traemos al encarnar. Pero con nuestro libre albedrío decidimos si la empleamos o no.

La constancia de dominarse a sí mismo, de luchar por controlar los instintos y las emociones, nos lleva a mantener bajo control, pensamientos, sentimientos y obras. El continuo esfuerzo por pensar en los demás sobreponiéndolos a nuestros deseos, nos ayuda a desarrollar serenidad de ánimo en los momentos difíciles y no tomar decisiones de las cuales más adelante nos podríamos arrepentir.

Estar en guardia ante las flaquezas que podamos tener, nos evita ser blandos con nosotros mismos y ante cualquier adversidad por pequeña que sea venirnos abajo, siendo la apatía la que se nos apodera renunciando al esfuerzo que supondría resistir la tentación que tenemos delante. Situación que puede provocar que nuestra evolución se ralentice. San Juan de la Cruz decía respecto de ella “no es virtud de principiante”.

Venimos al mundo material para superar inseguridades, temores, miedos… que nos surgen a lo largo de nuestro viaje terrenal, por la necesidad de pasar por penas, necesidades, desgracias, imprescindibles para ir creciendo en la evolución espiritual, ya que sabemos que los acontecimientos que vamos viviendo no son por casualidad, sino que tienen un porqué y un para qué. Somos objetos de estas pruebas, porque las necesitamos.

Tenemos que darnos cuenta en el ambiente tan negativo y material en el que hoy en día nos encontramos. Si no somos capaces de tener el ánimo de lucha, de estar en guardia, de tener claridad y disciplina a la hora de discernir cómo queremos que sea nuestra vida, este ambiente y el bajo astral se harán con nosotros y perderemos oportunidades de seguir la senda de nuestra superación en esta existencia, teniendo que esperar otras oportunidades para poder volver y rectificar.

Por eso, la fortaleza nos enseñará a ser perseverantes en nuestra lucha diaria sin decaer, desarrolla el valor que necesitamos para hacer lo que es nuestra responsabilidad y obligación. Nos muestra que nada hay insuperable, ni dificultad que no se pueda salvar, ni problema que no tenga solución. Nos ayuda a meditar a usar la razón y tener medida al actuar, consiguiendo firmeza de ánimo.

Por otro lado enseñar a nuestros hijos, lo beneficioso que es esforzarse y dominarse en lo bueno para ellos. La fortaleza les ayuda también cuando, a la hora de recibir un “no” éste, no les suponga una frustración, sino, una molestia o un obstáculo el cual, al vencerlo se hacen más fuertes. A lo largo de la vida habrán asperezas con las cuales tendrán que lidiar, para poder conseguir lo mejor habrá que trabajar. Nada es imposible para el que quiere. Con esta cualidad se desarrolla la capacidad de sacrificio. Cuando los padres les sustituimos en los esfuerzos que tienen que realizar ellos, no aprenden otra cosa más que recibir, y el resultado a la larga es indiferencia, todo les da igual, no han aprendido que los esfuerzos, son personales y se vuelven blandos incluso tibios, ante su porvenir.

Ir desarrollándola no evita, en situaciones, que podamos estar viviendo de adversidad, las dudas, inseguridades, zozobra…si somos perseverantes en la superación interior y consolidamos la entereza de la que disponemos, conseguiremos dos cosas: primero superar los obstáculos o pruebas que se nos van presentando y la segunda hacer desaparecer la tibieza, la cual en algunos momentos en nuestro peregrinar material hace acto de presencia.

Y sobre todo recordemos que, la esencia de la fortaleza no es vencer dificultades, sino obrar el bien, cueste lo que cueste.

Gloria Quel

© 2016, Amor, paz y caridad

Anteriores Artículos

VIDA Y OBRA DE AMALIA DOMINGO

Siguientes Artículos

AMOR A LOS ENEMIGOS

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.