LA ENFERMEDAD PROCEDE DEL ALMA

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La enfermedad procede del alma

La enfermedad procede del alma

 

“Un 75% de las enfermedades que hacen que el paciente acuda al médico pertenecen al dominio de la interacción mente-cuerpo” 

Dr. Herbert Benson, Libro: El poder de la Mente 

La frase del profesor de medicina en la Universidad de Harvard (USA) colocada arriba, uno de los mayores especialistas del estudio de la mente, nos permite comprender la importancia de lo que intentamos explicar. Sin duda, catalogar el origen de la mente es un gran reto de la neurología y la psiquiatría moderna. Todavía hoy no se ponen de acuerdo los investigadores en este punto. Algunos abogan que la mente es una exudación del cerebro, mientras que la tendencia actual es justo la contraria; ya se admite que la Mente es inmaterial, que no se localiza en el cerebro y que su origen sigue siendo un absoluto misterio.

Hoy en día es más que comprensible el avance de la medicina psicosomática, sobrepujando en muchos países a la medicina organicista, pero sin alcanzar todavía toda la preponderancia que se le supone a la enorme influencia que ejerce la mente en el equilibrio y armonía del cuerpo y la salud o la enfermedad.

Por supuesto que existen muchas enfermedades cuyo origen viene dado por agentes externos (virus, microbios, bacterias) o accidentes que se producen a diario (traumatismos, infecciones varias, etc.), sin embargo, según las estadísticas y la etiología de la mayoría de patologías cada vez más son las enfermedades relacionadas con la mente y la emoción las que predominan en los cuadros clínicos y diagnósticos de los consultorios médicos.

Este es sin duda uno de los grandes avances de la medicina y la neurología, y que disciplinas como la psico-neuro-inmunología ya han probado con su eficacia en las terapias que aplican a aquellas personas que somatizan las enfermedades mentales en procesos patológicos graves que llevan al deterioro de los órganos físicos. ¿Cómo es posible, pues, que algo inmaterial como los pensamientos y las emociones puedan afectar y deteriorar el organismo físico?

La Dra. Candace Pert afirma que la influencia más importante sobre nuestro cuerpo son nuestras propias expectativas y nuestros hábitos emocionales, lo que tiene efecto en nuestra salud. Un trauma emocional o psicológico puede tener efecto en forma de enfermedad. Las investigaciones que desarrolló la llevaron a postular de manera fundamentada que la mente no está localizada en el cerebro, sino distribuida por todo el organismo.

Sin duda, además de recurrir a expertos en el área de la emoción como la neurobióloga Dra. Candance Pert (Autora del bet seller: “Moléculas de la Emoción”) y otros, debemos centrar nuestro análisis en el contexto espiritual. Mucho más evidente, preciso y esclarecedor mientras que la ciencia médica no termine de afirmar los postulados que ya una gran mayoría de los investigadores independientes están constatando.

Es una realidad demostrada que la emoción y el pensamiento son productos de la mente humana, y, con tal, son energías mensurables (señales electromagnéticas) a través de distintos equipos como las tomografías cerebrales, los escáneres y resonancias magnéticas que registran fotografías y videos del mapa cerebral, las variaciones de temperatura, el registro electrónico del pensamiento, la luminiscencia del cerebro mediante la actividad o pasividad de los impulsos del pensamiento y la emoción, etc.

Las emociones son señales electromagnéticas que afectan la química y electricidad de cada célula del cuerpo, cambiándolo desde dentro y afectando el entorno (unión entre la física cuántica y la biología).

Ante esta realidad nos cabe explicar que si es el alma o espíritu inmortal el que dirige la mente a voluntad como un instrumento o agente de su propio libre albedrío, en la estructura y naturaleza que dan origen a los pensamientos y las emociones encontraremos el origen de la salud o la enfermedad de nuestros cuerpos: el orgánico y el otro cuerpo que sirve de intermediario entre cuerpo físico y alma llamado periespíritu. 

Aquí entramos ya en algunas consideraciones que nos interesa resaltar. Establecido por la ciencia que los pensamientos y las emociones son señales electromagnéticas, se confirma que su reflejo en el periespíritu (cuerpo electromagnético por excelencia) y su impresión, se traslada a las células del cuerpo biológico automáticamente. Así pues, en función del tipo de energía y vibración que esos pensamientos y emociones lleven consigo, permiten el equilibrio, la armonía de las energías o la distorsión, el desgaste, enfermedad y desequilibrio energético que se transfiere a través del periespíritu a las células biológicas (a través de los receptores de la membrana celular). 

Esto último permite entender la relación entre la biología cuántica, la epigenética y el desarrollo celular y armónico de los órganos del cuerpo físico, y/o la instalación y aparición de enfermedades a consecuencia de las energías mórbidas, deletéreas y desequilibradas que las células reciben de los pensamientos y emociones que la persona emite a través del sistema nervioso, inmunológico y bioquímico cerebral. Sustancias como el cortisol, exudadas por el cerebro bioquímico a consecuencia de los estados de estrés y ansiedad permanentes, confirman este aspecto.

Desde el punto de vista espiritual todo se confirma. Pues sabemos con certeza que el paso del tiempo origina desgaste en la maquinaria orgánica y tiene sus consecuencias. Pero son más importantes las sutiles vibraciones que fluyen del espíritu y cuya armonía depende esencialmente del orden de los pensamientos y emociones. Cualquier desajuste en el sentimiento tiene la consecuencia inmediata del disturbio equivalente en ese conjunto electromagnético (periespíritu) unido al cuerpo. 

A esto último podemos añadir que las acciones inmorales del pasado impregnadas en el periespíritu generan deficiencias en la estructura orgánica y permiten la aparición de enfermedades. Es ya evidente que los procesos enfermizos se instalan en personas desestructuradas interiormente como consecuencia de compromisos espirituales fracasados de otras épocas, otras reencarnaciones. Cualquier instrumento, sea el cuerpo físico o el periespíritu, para tener armonía debe tener una identificación vibratoria con sus elementos, estar en afinidad con ellos para que no haya diferencia.

De aquí podemos deducir que los vicios y pasiones descontroladas y el abuso de las energías propias del cuerpo y el periespíritu sobrecargan los tejidos, produciendo desarmonía vibratoria y permitiendo la aparición de diversas patologías. A esto podemos añadir otras causas, como los conflictos psicológicos heredados del pasado, el sentimiento de culpa, los remordimientos, etc., permiten el surgimiento de traumas y desvíos emocionales y psíquicos.

Como bien sabemos, la mente es un instrumento del alma humana, y como tal, se encuentra al servicio de la voluntad y el libre albedrío de nuestro espíritu inmortal.

Todo ello afecta sobremanera la salud mental-emocional y termina por trasladarse a las células del cuerpo físico como una energía deteriorada que da lugar a la pérdida de equilibrio y armonía del sistema, abriendo espacios para la instalación de enfermedades, las infecciones, el debilitamiento del sistema inmunológico, etc.

Lo que podemos extraer de todo esto es el hecho principal de que en la medida en que pensamos, sentimos y obramos, el equilibrio o armonía de nuestro cuerpo físico depende de la naturaleza de esas emociones y pensamientos. Ello tiene como consecuencia la aparición de los procesos enfermizos que deterioran nuestro cuerpo físico, dando lugar a patologías graves que condicionan nuestra salud como los cánceres, los procesos degenerativos irreversibles, las infecciones, etc. 

Al final, lo que importa es que en el área de la salud, todo lo que ocurre procede en origen del espíritu inmortal, de su manera de pensar, sentir y actuar. Cuando  la ciencia médica acepte y promueva la investigación de la mente en el desarrollo de la enfermedad y la salud con la repercusión que el alma ejerce sobre la misma, al ser la mente un instrumento del espíritu, no solo se avanzará enormemente en el desarrollo de las terapias adecuadas a cada enfermedad, sino que quedará igualmente demostrada la existencia e inmortalidad del alma inmortal que, incluso trascendiendo las vidas físicas, condiciona la evolución del ser en el camino hacia su plenitud y armonía física, psicológica, mental y espiritual.

La enfermedad procede del alma por: Redacción

 

“El cuerpo es el instrumento de la vida para la iluminación de la conciencia, despertando los tesoros que duermen en el Espíritu inmortal”

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