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LA AYUDA ESPIRITUAL QUE RECIBIMOS

Cuando decidimos encarnar en una materia, es porque sabemos que nuestro perfeccionamiento se consigue más deprisa, con todas las posibilidades y situaciones que nos proporciona el cuerpo físico.

 Para eliminar parte de las deudas que tenemos, elaboramos un cuidadoso proyecto de las experiencias y pruebas de recuperación de tropiezos vividos con anterioridad, que necesitamos vivir en esa próxima existencia, para sacar lo mejor de nosotros. Las dificultades estarán en función de nuestra imperfección moral. Mientras más grande sea y en función de la actitud, más ayuda nos proporcionaran para superar las pruebas que fallamos en el pasado y para eliminar defectos que aún tenemos arraigados y nos ocasionan sufrimiento.

Los proyectos en el astral siempre se hacen con la ilusión de cumplirlos, pero al encarnar nos encontramos con el cuerpo físico, instrumento necesario, pero a su vez obstáculo para desarrollar los compromisos con facilidad, porque, dentro de la materia estamos muy limitados, ya que, todas las potencialidades del espíritu se quedan latentes, el recuerdo de lo que veníamos a hacer disminuye, por lo tanto poner en práctica el programa y la comunicación con el mundo espiritual resulta más difícil.

        Nuestro programa ésta confeccionado según las necesidades de lo que tenemos que rescatar y corregir. Ahí es cuando empezamos a recibir la ayuda de los hermanos que nos aprecian, ya que nos aconsejan lo que podemos hacer, lo que es conveniente dejar para más adelante y las pruebas que tenemos que pasar obligatoriamente si queremos aprovechar la existencia carnal.

Al mismo tiempo y previamente, se compromete con nosotros un hermano, que nos acompañará en toda la existencia que estamos preparando, es decir, desde que nacemos hasta la muerte física. Son seres más elevados que nosotros que nos conocen y nos quieren, pretenden que aprovechemos el tiempo en la materia; es considerado como el guía, ángel de la guarda, ángel bueno…

Él está a nuestro lado para proteger, orientar, intuir…, si queremos escuchar, el camino que nos hemos marcado y avisar si nos estamos saliendo de lo que hemos acordado de antemano.

Como él se ha comprometido con nosotros a guiarnos y cuidarnos durante nuestra estancia en la tierra, sigue con nosotros aunque rechacemos su ayuda o su presencia, él siempre continúa ahí para auxiliarnos. Nos ayuda a enfocar esa fuerza, y nos facilita las cosas comunicándose con nosotros, e indicando cuál es la mejor manera de actuar. Son compasivos  y no juzgan, nos dejan que hagamos las cosas a nuestra manera y entienden que tenemos que cometer nuestros propios errores para aprender.

  Uno de los motivos que nos hace rechazar la ayuda puede ser el orgullo, que tantas veces nos entorpece haciéndonos creer que somos capaces de valernos por nosotros mismos, que somos autosuficientes para superar esas situaciones que tanto nos molestan y no nos dejan avanzar en nuestra evolución.

Otro motivo de rechazo viene motivado por la sociedad que nos rodea. Es muy fácil dejarse llevar por ella, no complicarse la existencia, haciendo en cada momento lo que nos pide el cuerpo y así olvidarnos por completo el compromiso que hemos traído.

   La ayuda espiritual la recibiremos si estamos receptivos. Mientras más nos materialicemos y nos centremos sólo en los quehaceres diarios, en las preocupaciones del trabajo, en las relaciones sociales, etc., crearemos una distancia con ellos. Bien es cierto que los aspectos materiales son necesarios pero no hasta el punto de abstraernos de manera que, no nos dejen elevar el pensamiento en algún momento al Padre, porque esto significa que en algo estamos fallando, ya que tampoco nuestro guía podrá ponerse en contacto con nosotros porque el canal  se irá cerrando y porque tenemos libre albedrío para decidir  qué tipo de vida queremos llevar.

Al ir centrándonos en el plano material, los valores morales que tengamos van a ir cambiando, según nos vayamos relajando y no nos esforcemos en mejorar interiormente. Esto en nuestra relación con los demás va a repercutir de manera considerable y siempre de forma negativa. En ocasiones al llevar esta clase de vida, podemos entrar en estados de melancolía, tristeza o depresiones, porque al no realizar lo que hemos venido hacer, se establece un desequilibrio en nuestra vida, de donde es difícil salir, pero con oración, ayuda y voluntad de cambiar se sale. Además, el protector que tenemos al lado nos socorrerá y nos infundirá ánimos para que lo logremos.

       El amparo lo tenemos siempre que lo pidamos, en todas las dificultades, situaciones complicadas, pero recordemos que nos inspiran para ayudarnos; no son apuntadores que nos dicen lo que tenemos que hacer, ya que el que toma la decisión última en cada situación es el propio encarnado. Ellos nunca imponen nada, son pacientes y saben que, lo que no hagamos en esta existencia, lo haremos en la próxima.

     En alguna ocasión el hermano espiritual se puede alejar del protegido si ve que son inútiles sus consejos, porque el encarnado ha cerrado los oídos y su vida en la tierra tiene un proceder de comportamientos dañinos que atraen a hermanos negativos que lo envuelven en un ambiente nocivo; no obstante,  apenas le llama acude.

Invariablemente la ayuda espiritual que nos es enviada desde el plano espiritual, cuando la pedimos, nos será mucho más fácil reconocerla si estamos en buena predisposición para recibirla, esto se consigue con un trabajo interior que se hace día a día, entonces veremos cómo desde el astral nos inspiran en aquellas situaciones que tenemos que superar para avanzar espiritualmente, teniendo presente que la asistencia que recibimos es exactamente la que “necesitamos”, a veces, no la que “desearíamos”, por lo cual, en ocasiones podemos pensar que no nos escuchan.

En conclusión, si nos centramos y sabemos que es lo que queremos lograr en esta existencia, y tanto nuestros pensamientos como nuestras acciones están   encaminados hacia lo espiritual, la ayuda que recibiremos será inmensa y lo mejor es que estaremos en predisposición de reconocerla y aceptarla.

                                                                                                            Gloria Quel

©2015, Amor,paz y caridad

 

         

No es bastante levantar al débil; es necesario aún sostenerlo después.

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