INTERVALO EN EL ESPACIO Y PROCESOS DE REENCARNACIÓN

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Intervalo en el espacio y procesos de reencarnación
Imagen de la película Nosso Lar.

Intervalo en el espacio y procesos de reencarnación

“Los procesos de reencarnación difieren hasta el infinito, no existiendo dos absolutamente iguales” C. Xavier – Misioneros de la Luz Cap. XIII

Detallado en el artículo del mes pasado la importancia de la planificación en el espacio antes de tomar un nuevo cuerpo físico en la Tierra, es preciso mencionar algunos aspectos que acontecen en ese intervalo en el espacio mientras nos preparamos para venir de nuevo a la vida física.

Mencionábamos sucintamente en el artículo anterior que durante el tiempo que permanecemos en el espacio entre una y otra vida, además de prepararnos, recibimos la ayuda de aquellos espíritus que nos precedieron en la partida al mundo espiritual y que son afines con nosotros, que nos aman y que forman parte de nuestra “familia espiritual”, al haber tenido relaciones de afecto o amistad en otras vidas o formando parte de nuestra “familia carnal” como padres, hijos, cónyuges, etc.

Esta ayuda es notablemente importante, pues cuando llega el momento de partir de nuevo a la “patria espiritual” de la que procedemos, somos atendidos y recogidos por aquellos seres que nos aman, a los cuales ya presentimos, vemos o notamos muchas veces, incluso en los últimos momentos de nuestra vida física. Es destacable que, en la mayoría de las veces que vamos a cruzar el umbral de la vida física a la espiritual, son precisamente las que fueron nuestras madres en la Tierra las primeras que vienen a recogernos; ayudadas por nuestro espíritu guía o protector que estará pendiente de nuestra desencarnación. 

Acompañados por el “amor de madre” y recogidos por ellas, somos llevados a lugares de recuperación donde recapitulamos lo que ha sido nuestra vida en la Tierra, los errores y aciertos cometidos. Y si estamos en condiciones espirituales medianamente aceptables una vez recuperados, se nos invitará a participar de las actividades que se desarrollan en esa otra dimensión para ayudar a aquellos que dejamos en la Tierra o que son parte de nuestros afectos y relaciones milenarias a través de las experiencias vividas en sucesivas existencias. 

En ese intervalo en el espacio, una vez recapitulada la vida física que hemos terminado, nos proponemos nuevos retos y objetivos de progreso, ayudados por la claridad que nos proporciona nuestra trayectoria espiritual inmortal, ya que entonces no tenemos el freno de una materia que encarcela nuestro espíritu ni tampoco el olvido del pasado que nos impide reconocer qué somos, dónde nos encontramos y cuáles son nuestras necesidades evolutivas. Con la amplitud mental y de conciencia que tenemos en el plano espiritual vislumbramos con nitidez cuál es el próximo logro a conseguir, y junto a aquellos que nos aman vamos preparando nuevas vidas, nuevas familias, nuevas pruebas y expiaciones que necesitamos para seguir el rumbo de nuestro progreso.

Recibimos la ilustración importante de una conciencia más amplia, que nos permite vislumbrar los errores cometidos, incluso con aquellos a los que hemos amado, y nos proponemos rectificarlos para saldar esas deudas con estos seres queridos a los que perjudicamos. Para ello, la ley divina se vale de los lazos del la carne a fin de reunir en la nueva familia que reencarnará a esos espíritus que se aman pero que tienen deudas pendientes, para que por las nuevas relaciones familiares sean capaces de profundizar y rescatar las deudas que tienen entre ellos, recurriendo al perdón que libera y al afecto que se tienen en el fondo de sus corazones.

Por eso, los espíritus que reencarnan en la misma familia se deben ante todo respeto y cariño, pues, aunque no sepamos qué relaciones tuvimos ni cómo nos comportamos unos con otros, no tengamos dudas que venir juntos no es una casualidad sino una necesidad para restañar heridas que ponen en evidencia las falencias de nuestro carácter, y que pueden ser corregidas con más facilidad entre aquellos que amamos que entre aquellos otros que no conocemos y son ajenos a nosotros. 

Por consiguiente, la familia no es solo el núcleo o célula primigenia de la sociedad humana, sino también el campo de experiencia y prueba más notable para el progreso del espíritu. Sepamos que con aquellos que hemos venido nos unen lazos de compromiso espiritual, y que aunque no los recordemos, en ellos se encuentra nuestro trabajo más importante a la hora de aprovechar la oportunidad que nos brinda la reencarnación.

Conviene aclarar que, aunque el proceso de reencarnación a nivel biológico es igual para todos (esto se explicará con detalle en el artículo del mes siguiente), la forma y circunstancias que lo condicionan son diferentes en cada persona. Estas condiciones distintas tienen su origen en el nivel evolutivo de cada espíritu; es decir, depende de su grado de espiritualidad y de la misión que viene a realizar a la Tierra.

En relación con esto, podemos decir que el nivel de evolución moral y espiritual condiciona la forma de reencarnar y el tiempo que permanecemos en el espacio. Los espíritus elevados, por lo general, reencarnan con menos frecuencia y con plena conciencia de su realidad, pues su nivel evolutivo les permite ayudar con mayor amplitud desde el espacio, y su necesidad de progreso es menor. Por ello permanecen más tiempo en el mundo espiritual.

Hemos de entender esto bajo la perspectiva de que la vida auténtica, la inmortal y plena es la vida del espíritu; y debido a ello, la libertad y la plenitud se vive en el plano espiritual con plena consciencia de nuestra propia realidad.

Los espíritus de mediana o baja condición reencarnamos con más facilidad. Hace 4000 años lo explicaba así la escuela de Hermes Trimegisto:

“Las almas bajas y malas permanecen encadenadas a la Tierra por múltiples renacimientos; pero las almas virtuosas suben volando hacia las esferas superiores”(*)

Y complementando este concepto diremos que, a mayor evolución espiritual, el libre albedrío es también más amplio y podemos nosotros mismos ayudar en esa planificación y reencarnación que nos compete realizar.

Muchos espíritus de mediana y baja condición, así como algunos espíritus malvados y perversos, reencarnan de forma automática (*), sin apenas tiempo de intervalo entre una vida y otra. Su libre albedrío está limitado por su escasa condición moral, y en su interior no desean reencarnar porque saben e intuyen que la nueva vida que llevarán estará plagada de sufrimiento y dolor al tener que rescatar muchos de los males, crímenes y agravios cometidos contra otros. 

(*) “Al igual que millares de personas desencarnan diariamente sin tener noción del acto que realizan, una gran mayoría de los que regresan a la existencia corporal son conducidos al templo de la carne como criaturas adormecidas, magnetizados por los bienhechores espirituales que les ayudan”. C. Xavier – Libro: Misioneros de la Luz

Por ello, la ley les impele a reencarnar, a fin de ir rescatando deudas y sensibilizando mediante el sufrimiento estas almas endurecidas y cuya soberbia y egoísmo les impide reconocer un poder superior al suyo. Es como el niño que, empecinado en el mismo error de continuo, es obligado por su padre a rectificar sin darle explicaciones. El niño no lo comprende en ese momento y se rebela, pero el día de mañana agradecerá la actuación de su padre porque hizo de él un ser responsable.

Se reencarna también con facilidad o dificultad. A veces la reencarnación en cuerpos deficientes, tarados o con minusvalías, no tiene que ver en absoluto con el nivel espiritual del alma que reencarna. ¿Cuántos espíritus elevados se comprometen y reencarnan en cuerpos deficientes para ayudar a sus progenitores a desarrollar el amor que no tuvieron en vidas anteriores por los hijos? Sin duda, muchos son los ejemplos. 

Pero ¿cómo es posible la reencarnación de un espíritu superior en un cuerpo material deficiente, si el espermatozoide designado a fecundar el óvulo responde por una vibración energética elevada según la condición del periespíritu? ¿No debería tener un cuerpo físico bello y sin imperfecciones? 

La respuesta se encuentra en la misma planificación o misión que ese espíritu elevado ha de desarrollar. Y cuando esto acontece, según Chico Xavier en la obra citada, “las influencias elevadas de espíritus superiores pueden imprimir determinadas modificaciones a la materia desde el inicio del desarrollo embriológico, efectuando las alteraciones favorables para el cuerpo físico que se necesita”, a pesar de la aparente contradicción entre un espíritu bello, superior, y un cuerpo deforme o deficiente. 

De ahí la máxima del maestro galileo cuando dijo: “No juzguéis y no seréis juzgados”, pues podemos equivocarnos gravemente al enjuiciar este tipo de situaciones.

El proceso biológico de la vuelta a la vida, que detallaremos en el artículo del mes próximo, se lleva a efecto a través del periespíritu, que actúa como una matriz del cuerpo físico y preside el desarrollo embriológico y fetal desde la concepción. Así pues, aunque el proceso de reencarnación biológico y espiritual se efectúa de la misma manera, las condiciones y características de cada reencarnación están mediatizadas por el nivel evolutivo del espíritu, por la misión que viene a realizar y por las necesidades de progreso que debe alcanzar.

Algunas de estas necesidades apenas son comprendidas por el individuo que reencarna, motivo por el cual ha de ser ayudado por aquellos que lo aman desde el otro lado, y por la Ley de Causa y Efecto que siempre proveerá a su favor para impulsarle hacia el progreso; aunque temporalmente y durante esa vida, el sufrimiento por el rescate de las deudas contraídas, sea el mejor aliado para la regeneración moral del alma endeudada.

Intervalo en el espacio y procesos de reencarnación por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor Paz y Caridad 

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