Editorial

FUERZAS DINAMIZADORAS DEL ALMA

Si concebimos el alma como lo que es, EL SER inmortal, que somos nosotros mismos y trascendemos por ello el fenómeno de la muerte, podríamos señalar sin mucho esfuerzo aquellas energías que la mueven a actuar, que la subliman, la sutilizan y la elevan. También existen otras que la ensucian, la deterioran y la embrutecen hasta niveles de densificación psíquica que sólo se ven depurados con el sufrimiento y el dolor.

El exacerbado apego por los apetitos y vicios materiales, los excesos de todo tipo, las drogo-dependencias, el egoísmo y la avaricia como ruta mental y dinamizadora de la persona, envuelve el alma de esta última en una serie de energías emocionales y mentales perturbadoras que ensucian y densifican el periespíritu (cuerpo intermedio entre el alma y el cuerpo), dando origen a multitud de enfermedades orgánicas y mentales.

El alma, bajo su propio libre albedrío y voluntad ejecuta sus pensamientos y emociones según considera, y cuando estamos con un cuerpo físico no nos percatamos de la fuerza dinamizadora que estas energías tienen sobre nosotros. Por consecuencia, así como pensamos y sentimoasí actuamos.

“Si no actúas como piensas, terminarás pensando como actúas”

Blaise Pascal – Matemático y Filósofo – S. XVII

Es importante controlar aquello que pensamos y sentimos, pues la ciencia actual ya nos demuestra que multitud de patologías provienen de una desordenada conducta mental-emocional, que perjudica el cuerpo somatizando enfermedades en los órganos y dando origen a enfermedades crónicas, algunas de carácter grave.

Lo importante es saber que podemos cambiar y mejorar nuestra salud física, nuestro bienestar psicológico y nuestro equilibrio espiritual si comenzamos a prestar atención a nuestros pensamientos y emociones tóxicas. Cuando un pensamiento negativo anide en nuestra mente, evitemos que se consolide y que se repita, sustituyéndolo de inmediato por otro positivo, noble, optimista. Cuando una emoción perturbadora (resentimiento, envidia, celos, rencor, odio, etc.) quiera dominar nuestra alma, de inmediato debemos sustituirla por una emoción contraria (comprensión, tolerancia, indulgencia, perdón, caridad, etc.).

Sólo así, poco a poco, paulatinamente, vamos cambiando nuestros hábitos mentales y emocionales, mejorando de dentro hacia fuera conquistando salud, bienestar y paz interior. Para ello es preciso comprender algunas fuerzas de las que el alma dispone para llevar a cabo este objetivo.

En primer lugar, y siguiendo con la actitud de aquel que comprende y acepta la inmortalidad del alma, existe una poderosa fuerza-dínamo llamada Fe que hemos de potenciar en grado sumo. Fe en nosotros mismos, en nuestras capacidades para obrar la transformación necesaria. Pero sobre todo Fe en Dios, creador de nuestra alma, en la que colocó sus atributos en potencia, y con ello nos hizo iguales a Él en aquellas capacidades que podemos y debemos desarrollar. Al respecto de esta extraordinaria cualidad, además de la parábola del grano de mostaza, el Maestro incomprendido de Galilea explicó:

“Todo lo que yo hago podéis hacerlo, si queréis” o

“Vosotros sois dioses” – Jesús

Si nos merece credibilidad su palabra y su ejemplo destacaremos que esta fuerza dinamizadora del alma que es la Fe hemos de potenciarla y no olvidarla nunca. Sin embargo, es preciso acompañar esta fuerza con otra que la potencia y la desarrolla hasta límites insospechados. Hablamos de la voluntad.

“La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de una voluntad férrea

Gandhi

Una de las características que distingue al hombre de otros reinos de la naturaleza es la voluntad propia que pone en acción cuando le interesa conseguir alguna cosa. La voluntad es una de las fortalezas más potentes del alma, y cuenta para  su desarrollo con otra dinamo que la mantiene firmemente en acción, y esta nueva fuerza es el trabajo.

“Mi padre y yo trabajamos hasta hoy

Jesús

Lejos del concepto de trabajo que se tiene a nivel material, estamos hablando de la dignidad, la fortaleza y la satisfacción interior que produce el trabajo en el hombre. El alma humana no puede prescindir del trabajo de superarse y de progresar, pues leyes como la de la evolución le impelen constantemente a mejorar, esté en la Tierra con un cuerpo o en el espacio como espíritu. Nada se consigue sin esfuerzo, y con ello el trabajo adquiere una dimensión dinamizadora única y exclusiva si pretendemos progresar en cualquier campo o disciplina. Mucho más si esta se ocupa de la transformación interna de nuestra alma, del trabajo que supone conocerse a uno mismo para ser mejor día a día.

Además el trabajo bien hecho proporciona dosis de felicidad interior muy bien calculadas, pues nuestra alma se siente satisfecha con el deber cumplido, y esto le acerca al objetivo que cada uno viene a desarrollar a la Tierra, siendo así que nuestro estado emocional y mental se equilibra si dirigimos los esfuerzos de nuestro trabajo a la siembra del bien y al progreso moral de nuestra alma.

De esta forma conseguimos también un mejor estado de salud física y bienestar psicológico, alejando las neurosis propias de estados de insatisfacción interior que vienen propiciados por la abulia, la pereza o la búsqueda infructuosa y efímera de acumular cosas y placeres materiales que nunca nos ofrecen una sensación de paz y equilibrio interior.

La última de las fuerzas que es más poderosa que la voluntad, que el trabajo o que la fe, incluso más que la fuerza atómica(*), es el Amor. Esta dinamo del alma es la más poderosa que existe, pues moviliza las energías más potentes del Universo, ya que todas las leyes físicas y espirituales se someten a ella.

La explicación es muy sencilla, el Universo es en sí una obra de Amor; o como dijo el poeta “El cosmos es un pensamiento de Amor”, el Amor del Creador impregnado en su obra. Esta es su auténtica naturaleza aunque todavía estemos lejos de comprenderlo en su totalidad.

De esta forma, cuando vibramos en Amor, cuando nuestros pensamientos, sentimientos, emociones o acciones se ven dirigidas por el Amor conectamos con la mayor fuerza dinamizadora del Universo; sintonizamos con ella sin apenas percibirlo y nuestra alma adquiere las energías y fuerzas extraordinarias que esta dinamo poderosa impregnó en todo lo que es y lo que existe.

Es así como nuestra alma adquiere el rumbo cierto, el camino recto que le conduce a la paz interior, la plenitud y la felicidad, llena de alegría, limpia de impurezas, sutil y delicada, sin nadie que pueda detenerla, elevándose por encima de las miserias materiales hasta alcanzar las sutilezas de los planos de vida superior de los que goza, tanto cuando está en la Tierra (al desprenderse durante el sueño) como en el espacio cuando regresa a su auténtica patria espiritual después de la muerte física.

Fuerzas dinamizadoras del alma por:  Redacción

Amor, Paz y Caridad, 2018

 

(*)”Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor” 

Albert Einstein – Físico

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