Recordando el pasado

EL PORVENIR DEL ESPIRITISMO 

 
     Mientras siguen desarrollándose trágicos acontecimientos, la mente ansiosa trata de horadar las brumas y sombras del futuro, de levantar el velo que lo esconde a nuestros ojos. Y se pregunta que pasara mañana. Cuando todo alrededor de nosotros parece desmoronarse, soñamos con una reconstrucción del orden político y social. 
 
     De cincuenta años acá venimos trabajando por preparar un mundo en que los seres humanos aprendan a amarse, a vivir en la santa comunión del intelecto y el corazón. Y asistimos a una serie ininterrumpida de salvajes luchas, a los titánicos esfuerzos que hace el espíritu de conquista para esclavizar a los pueblos y doblegarlos bajo su yugo… ¿Quien enseñara a los hombres las leyes verdaderas, quien les enseñara a evolucionar libremente, en paz y en armonía? En estos momentos, la Doctrina de los Espíritus se nos muestra como un rayo consolador, cual un astro nuevo que se levanta sobre un mundo de escombros y ruinas. 
 
     Los escépticos nos responderán con una sonrisa burlona. Nos preguntaran si de veras el Espiritismo es capaz de presentar un papel regenerador. Por nuestra parte, nos bastara como argumento, medir el camino que nuestra doctrina ha recorrido y los progresos que hizo después de la muerte de Allan Kardec. 
 
     Podemos afirmar que nuestros esfuerzos comunes no han sido en balde. La verdad y grandeza de las ideas que defendemos empiezan a ser reconocidas en todas partes. 
 
    En el transcurso de mis muchos viajes en todas direcciones y de las estancias que he hecho en ambientes muy diversos pude seguir los progresos, perceptibles y crecientes, de la idea espirita en la opinión general. Desde hace tres años, bajo el impacto de los sucesos y en medio del gran drama que sacude al mundo, muchas almas se acongojan y las mentes se vuelven hacia el Mas Allá, ávidas de consolaciones y esperanzas. 
 
    Por doquier se siente el vacío, la nada de las teorías materialistas y sus aciagas consecuencias en el orden social. 
 
   En todas partes se tiene conciencia, en grado igual, de lo insuficientes e indigentes que son las enseñanzas dogmáticas, su impotencia para curar las llagas, mitigar el dolor y explicar el destino humano. 
 
     Donde quiera que estemos hay multitudes que piden venir a nosotros y hacia las cuales debemos ir. 
 
   Ahora bien, ¿cual debe ser el objetivo esencial del Espiritismo? En primer termino, producir, investigar y coordinar las pruebas experimentales acerca de la supervivencia del alma después de la muerte. Esa indagación de la verdad debe ponerse por obra con ayuda de un controlador riguroso y metódico. Las justas exigencias del espíritu moderno nos imponen que pasemos todos los hechos por el tamiz de un examen imparcial, y debemos estar en guardia contra los riesgos de la credulidad y los de las afirmaciones prematuras. 
 
    Charles Richet y otros nos han acusado muchas veces de falta de rigor en nuestras investigaciones y experiencias. 
 
   Apoyándose sobre pruebas bien establecidas, sobre solidas bases, el Espiritismo debe preparar y renovar la educación científica, racional y moral del hombre, en todos los ambientes. 
 
    Su acción tiene que ejercerse, por tanto, en todos los dominios: el experimental y el doctrinario, el moral y el social. Hay en el un elemento regenerador del que podemos esperarlo todo. Es posible afirmar que esta llamado a convertirse en el gran libertador del pensamiento, esclavizado desde hace tantos siglos. Cada vez mas arrojara sobre el mundo gérmenes de bondad y fraternidad humanas, y tales simientes tarde o temprano tendrán que rendir su fruto. 
 
    Estamos impacientes a causa de que nuestra vida es breve y se nos ocurren lentos los progresos que se realizan. Pero ya podemos asegurar que el Espiritismo ha hecho mas, en el lapso de cincuenta años, que cualquier otro movimiento de ideas en igual periodo de tiempo y en cualquier otra época histórica. 
 
    Si somos impacientes, y nuestra piedad se conmueve a la vista de las ignorancias, rutinas, prejuicios, sufrimientos y miserias de la humanidad, sobre todo hoy en día. Así pues, quisiéramos obtener resultados inmediatos. Pero desde ya podemos comprobar que poco a poco todo va cambiando, todo evoluciona alrededor de nosotros, bajo la presión de los acontecimientos y el habito de nuevas ideas. Muchas tinieblas se disipan y hasta resistencias se desvanecen. Los odios que nuestras creencias provocaban en su entorno se truecan en simpatías y a veces en amistades, tan cierto es que los hombres sólo se combaten y se desprecian debido a que se ignoran… La obra magnifica del Espiritismo consistirá en acercar a los seres humanos, las naciones y las razas, formar los corazones y desarrollar las conciencias. Mas para esto son necesarios el trabajo, la perseverancia, la consagración y el autosacrificio. 
 
LEON DENIS
Articulo extraído de su libro “El mundo invisible y la guerra”.
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