Leyes Universales

VANIDAD Y HUMILDAD

 

    Considerando la importancia que tiene para la realización interna en la superación de las imperfecciones y en la realización externa necesaria para un más rápido progreso y evolución, hagamos un análisis de estos dos aspectos, con el objeto de identificarlos.
        Comencemos con un análisis de la vanidad, de esa tara tan generalizada en la sociedad humana de este tiempo, y menos observada por quienes de ella adolecen, no obstante ser causante de ciertos estados afectivos desagradables e impedimento del progreso espiritual imprescindible para liberarse de las vidas penosas.
        Y es causante de estados afectivos desagradables, de momentos amargos en las relaciones humanas, por la insatisfacción que el afectado siente al no poder ser o aparentar ante los demás lo que ansia ser o parecer.
      Analicemos algunos aspectos a fin de identificar esta tara, que no ofrece beneficio alguno que pueda compensar los sinsabores que la vanidad produce.
    Cuando en nuestras relaciones humanas veamos que alguien que trata de colocarse en los lugares preferentes para destacarse y llamar la atención de los demás hacia su persona; cuando oigamos a alguien elogios de sí mismo, o alarde de lo que hace o tiene, o trata de aparentar lo que no es realmente, y aún otros detalles que serían prolijo enumerar; podremos deducir que nos hallamos frente a una persona vanidosa; condición que el mismo afectado suele desconocer, porque el individuo vanidoso es un ciego que no sabe verse a sí mismo.
     Y su actitud evidencia una simpleza que le empequeñece en vez de realizarle. Y la persona vanidosa actúa así, porque desea sentirse importante o se cree superior a lo que realmente es y a los que le rodean, dando un valor excesivo a su personalidad, por lo que la persona vanidosa suele ser desdeñosa con harta frecuencia (aunque no tanto como la persona orgullosa). Y la vemos sentirse “inflada” ante el halago y frente a otras personas de una menor condición social, cultural o económica. Y sufre cuando en el ambiente en que se halla, tiene que alternar con personas de mayor valía, a quienes envidia; aconteciendo que, en muchas de las veces, intenta desacreditar toda su reputación que no puede igualar.
     Psicológicamente analizada, la persona vanidosa es víctima de un complejo con un desperdicio de energías psíquicas mal encauzadas. Internamente sufre un complejo de inferioridad que le corroe, y trata de sugestionar a los demás con una apariencia y arrogancia (a veces forzada), que le ridiculiza a los ojos de quienes le observen.

( Continuará)

SEBASTIAN DE ARAUCO
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