EL FENÓMENO DE LA MUERTE

0
70
El fenómeno de la muerte

El fenómeno de la muerte

El fenómeno de la muerte es algo que invariablemente a todos nos tendrá que alcanzar algún día. En principio, tratándose de algo natural no debería sugerir ideas negativas ni tétricas, aunque esto depende en gran medida de los preconceptos y creencias de cada uno.

Mucho se ha escrito y debatido al respecto. Es algo que nos inspira mucho respeto y desde tiempos remotos hasta temor. ¿Será que el ser humano, en su proceso evolutivo, lo ha desnaturalizado con demasiada frecuencia?

Han sido muy pocas las culturas a lo largo de la historia que, en base a sus creencias y tradiciones, la hayan observado con serenidad y hasta con alegría. Es obvio que el instinto de conservación nos impone de forma sabia y natural la manera de resguardarnos de la muerte. En condiciones normales, nadie desea morir; no obstante, esto no debería impedir el reflexionar sobre ello.

En ese sentido, las religiones tradicionales no han ayudado demasiado, ofreciendo una imagen de la muerte bastante ilusoria, vaga y muy poco clara. Esta circunstancia, en lugar de preparar el terreno para afrontar bien este hecho inevitable, llena, por el contrario, de dudas y de una enorme incertidumbre a numerosos creyentes.

Tampoco la ciencia a lo largo de la historia ha tenido facilidades para investigar con independencia y objetividad sobre la muerte. Bajo un condicionamiento religioso y social muy fuerte, se vio abocada a ignorarla durante siglos. Para ellos es el punto y final, salvo para algunos investigadores atrevidos y audaces. Y no será porque la vida, siembre exuberante y generosa, a poco que la observemos y analicemos, no nos ofrezca “señales evidentes” que nos ayuden a profundizar en ese proceso inevitable y hasta necesario; también a entender lo que nos aguarda después.

Sobre este asunto tan importante, la Mentora Joanna de Ângelis nos aconseja y esclarece una vez más…

Una vez que otra, dedica algún tiempo para meditar al respecto de la muerte.

El ser humano no se debería centrar exclusivamente en las cuestiones que atañen a la vida física y material. Estamos siempre muy ocupados, nuestra mente se llena de pensamientos respecto a los asuntos del día; es a lo que se nos ha educado y hacemos de forma automática diariamente.

Sin embargo, no siempre ha sido así. A poco que se repase la historia de la humanidad, podemos comprobar fácilmente cómo el mundo espiritual superior, consciente de las necesidades de una humanidad tan material e inmadura espiritualmente como es la nuestra, trasladó a sus emisarios, a los grandes profetas de todas las épocas, la conveniencia, la necesidad de dedicarle un tiempo, un espacio durante la semana al descanso de las rudas tareas cotidianas para dedicarlo a Dios y a la vida espiritual del ser. Así lo han hecho prácticamente todas las religiones desde tiempo inmemorial, creando espacios para las asambleas religiosas, ofrendas, oraciones, cánticos, etc…

Aunque los tiempos han cambiado, lo que en otra época era considerado como suficiente para colmar las aspiraciones espirituales del ser, ahora ya no lo son para una mayoría. Por otro lado, la ciencia y la tecnología con sus adelantos nos ha puesto la vida mucho más fácil, y por lo general, se dispone de un tiempo libre como nunca antes se había disfrutado; no obstante, no le dedicamos apenas tiempo al cultivo de nuestro interior, especialmente a la toma de conciencia respecto a la transitoriedad de la existencia física; algo que, en lugar de mermarnos, debería potenciar el presente, las ganas de vivir, de crecer espiritualmente.

La muerte arrebata a los enemigos, a los afectos, y te llegará en un momento cualquiera.

Efectivamente, la vida física cumple su ciclo: Nace, se desarrolla y muere, en un proceso irreversible por mucho que lo queramos ignorar. De ese proceso no están exentas las personas queridas, así como aquellas que no nos quieren bien y preferimos ignorar o desearíamos mantener lejos. De ese modo, el fenómeno de la muerte nos despoja de todo lo que poseemos materialmente, así como de la presencia física de las personas que han jugado un papel importante, tanto en lo que consideramos bueno como en lo malo; forma parte de la transitoriedad de la vida física, y en donde, como testigos presenciales, en cualquier momento también podemos desaparecer de igual forma del escenario físico, cuando menos se espere.

Prepárate todos los días, como si fuese tu último día en la Tierra.

Cada día es una nueva oportunidad de progreso; no sabemos si tendremos muchos más, o estas pasaran para no volver jamás en las actuales condiciones. El tiempo es oro, y los grandes sabios aconsejan siempre el aprovechamiento de ese bien tan preciado que corre inalterable y que no se pueden controlar ni parar.

Quien se prepara para la muerte significa que sabe apreciar aquello que tiene, empezando por un cuerpo biológico que sirve como instrumento para el desarrollo de valores traducidos en el bien al prójimo y a uno mismo; que, en definitiva, es lo único real y auténtico que se llevará el ser de este mundo; sin duda, una herramienta provisional que facilita de forma exponencial el crecimiento intelectual y moral del ser.

Acostumbrándote a pensar en la muerte, ella no te herirá cuando pase por tu puerta o se lleve a alguien que te sea amado.

Desde nuestro punto de vista, la doctrina espirita ofrece la mejor perspectiva posible sobre la realidad inmortal que nos envuelve. Su estudio y comprensión ofrece tranquilidad, paz y una seguridad sobre el futuro que a todos nos aguarda. Nos enseña desde un punto de vista lógico y racional que la muerte no es el final de la vida, tan solo altera el fenómeno biológico, pero esta continúa ininterrumpidamente. Por tanto, pensar en la muerte es pensar en un futuro que se construye día a día. Cuanto más se comprende disminuye la angustia, sustituyendo la fragilidad que provoca la incertidumbre por la seguridad que espera sin temor, con serenidad, con esperanza.

San Francisco de Asís la aguardaba con la tranquilidad con que “deshierbaba el jardín”.

El venerable santo de Asís era consciente de esa realidad y no la temía en absoluto. Se cuenta la anécdota de que Fray León preguntó en cierta ocasión a Francisco de Asís lo siguiente: (**)“Hermano Francisco, si usted supiese que iba a morir hoy, por la tarde, ¿qué haría?”. Y el santo contestó: “Continuaría deshierbando en mi jardín…”.

Esto demuestra el grado de conciencia adquirido por este fraile de Asís, no temía la muerte y la esperaba con la tranquilidad de los justos, de aquellos que consagran su vida al bien y a trabajar por y para el progreso de la humanidad.

Vamos a concluir remarcando la idea principal de estas reflexiones de Joanna de Ângelis. Pensar en la muerte es pensar en el renacimiento, en la vida futura, en el presente, en el amor que todo lo inunda, en el final de todos los pesares, de todas las incomprensiones. Son pensamientos que nos van a permitir valorar la vida de otra forma, ahuyentando también los miedos, las dudas, y aportando de forma natural luz sobre dilemas sociales importantes como son el aborto, la eutanasia, etc.

Día llegará en que la muerte se observará como el final de un viaje provechoso para comenzar uno nuevo, lleno de paz y alegría. Somos viajeros con un camino trazado, con un recorrido por las distintas estaciones de aprendizaje en dirección hacia la perfección, la felicidad final.

Pensemos en ello.

El fenómeno de la muerte por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, ítem 60, de Joanna de Ângelis,  psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

(**) Esclarecimientos Espíritas; Divaldo Pereira Franco.

Publicidad solidaria gratuita