DOLOR EN EL ALMA

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Dolor del alma

Dolor del alma

El alma duele, pero ¿cuándo y por qué nos duele? Si el alma duele es porque está enferma, y esas enfermedades, nunca será suficientemente repetido, las provocamos nosotros mismos.

Hay un código moral que no respetamos desde hace mucho, mucho tiempo; código ordenado por Dios a Moisés y que, más tarde, Jesús de Nazaret nos mostró con su ejemplo. Él nos recordó que, antes de todo, hay que amar a Dios sobre todas las cosas. Pero… no solamente no lo hacemos sino que, a pesar de todas las pruebas por las que pasamos, aún negamos su existencia, o le hemos olvidado, que para el caso es lo mismo. Nos dijo que, después de Dios, teníamos que amar al prójimo como a nosotros mismos; sin embargo, aprendimos muy bien lo de «a nosotros mismos», pero al prójimo… ¿Quién es el prójimo? Apenas aquellos que nos son más próximos, la familia o algún amigo; y aun así, con harta frecuencia también los consideramos enemigos. De ahí, ¿qué puede esperar el resto del prójimo, que somos todos…?

Creo que no es necesario repasar todo el código moral que el Maestro Jesús nos enseñó con su ejemplo. Transgredir los dos primeros mandamientos, que son en realidad uno, es transgredirlos todos; y a medida que lo hacemos vamos generando las enfermedades que dañan el alma. Cada una de esas enfermedades tiene un nombre: Envidia, celos, rencor, odio, intolerancia, vanidad…

Me preguntaste, amiga mía, cuándo y por qué nos duele el alma; he ahí la respuesta, que no es mía, pues ha habido multitud de seres que dieron esas respuestas. Yo solo las hago mías cuando me preguntan, y dar una contestación equivale a hacerme otras preguntas: ¿Por qué nos empeñamos en seguir fomentando esas enfermedades que dañan el alma, cuando tenemos a nuestro alcance el remedio que elimina el dolor, ese dolor que arrastra la Humanidad a causa del olvido de Dios y de sus leyes? Aunque muchos todavía le nieguen, Dios existe y no deja de enviarnos señales de su existencia y su poder.

Comprensión, tolerancia, afabilidad, dulzura, caridad… y una gran dosis de Amor, estos son los remedios que eliminarían de nuestro ego el orgullo y la soberbia, padres de todas las enfermedades del alma.

¿No crees, amiga mía, que merece la pena probar el remedio que se nos ofrece para dejar de sufrir? Creo honestamente, y me atrevo a aventurar, que si nuestro amado Maestro volviera para recordarnos ese código moral de Dios, nos diría: «¡Ama a tu prójimo más que a ti mismo!».

 Dolor del alma por: María Luisa Escrich

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