Trabajo Interior

DOLOR; COMPAÑERO DE REDENCIÓN 2

Siguiendo con artículo del mes pasado sobre el dolor, y sabiendo que su finalidad última es el perfeccionamiento moral, es necesario que nos fijemos en las leyes espirituales que dan una explicación más amplia, de las formas en las que éste se puede presentar.

El temario de Conocimiento Espiritual  de Sebastián de Arauco, divide el dolor en  tres tipos:

Físico: se da en la materia, ocasionados fundamentalmente por nuestras debilidades, excesos, vicios o por estados afectivos desarmónicos, llegando a crear enfermedades además del desgaste de las energías corporales.

Psíquico: estados anormales considerados como neurosis, psicosis en manifestación diversa, así como psicopatías en diversos grados, surgidos por las tensiones emocionales, sentimientos de índole inferior, o actitud mental desacertada frente a la vida. Así como los deseos de baja naturaleza.

Espiritual: son las sensaciones de reproche y acusación que el espíritu manifiesta en la propia persona. Es el remordimiento de conciencia que asalta por actuar en contra de nuestros principios morales.

Solemos pensar que el dolor es un castigo, que nos manda Dios, por nuestro comportamiento inadecuado. Nada más lejos de la realidad, es una herramienta más, que se nos da, para poder separar del alma los defectos y debilidades más arraigadas que tenemos. Después de todo, el dolor es transitorio, por lo tanto durará lo que nosotros queramos que dure, teniendo en cuenta que es un instrumento de drenaje que repara nuestra alma, en tanto en cuanto, comprendamos que es por medio del amor, la manera más fácil de elevar nuestro espíritu.

El libro Despierte y sea feliz psicografiado por Divaldo Pereira, Joanna de Ângelis habla de tres tipos de dolores: el dolor-elevación, el dolor-conquista y el dolor-rescate.

Nuestro dolor es un dolor de rescate que nos ayuda a reparar todos los errores e iniquidades del pasado ayudándonos a despertar nuestra conciencia, para entender que es por medio de la voluntad, del esfuerzo individual, la forma como superamos voluntariamente las deficiencias espirituales, de este modo conseguiremos  el progreso. Convirtiendo nuestros actos, en actos de amor, enseñándonos el camino a seguir; eliminando todo lo que pueda perturbarnos interiormente para de esa manera conseguir los objetivos que el Padre había propuesto para todos nosotros.

Como Padre que es, es justo y bondadoso, con lo cual no reparte sufrimientos, sino que hace las pertinentes correcciones de nuestro comportamiento, siendo éstas correcciones, las que nos impulsan hacia el progreso de nuestro espíritu.

Ante el dolor o adversidades por los que podamos estar pasando,  lo peor que podemos hacer es entrar en estado de rebeldía, porque lo hace más insoportable y la desesperación lo aumenta, entrando en un estado de angustia que nos condena aún más, haciendo inútil los sufrimientos por los que estamos pasando. Además éste estado, nos nubla la razón, no nos deja analizar de qué forma podemos encarar la situación en la que nos encontramos. Es una actitud que nos estanca, nos retrasa en nuestro progreso. Por el contrario si tenemos resignación, además de calma, el análisis que podamos hacer nos ayudará a minimizarlo o incluso, a bajar la intensidad del mismo. Es por ello que cuando el dolor nos llegue, debemos aprender a sufrir, a aceptarlo. De ese modo, éste perderá fuerza, volviéndose un pequeño correctivo a nuestros desmanes, además de los errores cometidos, consiguiendo transformar esas fuerzas negativas que poseemos en positivas; de esta forma puede surgir del vicio la regeneración y del defecto la virtud.

Porque es difícil entender que el sufrimiento es bueno, se requiere tener unas convicciones fuertes, que asentadas en unos principios morales firmes, lleguen a la razón y al corazón, entendiendo el sentido del dolor así como en el infinito amor que nos tiene Dios; en su innegable justicia, que no nos deja sufrir un minuto de dolor que no nos merezcamos, además nos da las fuerzas necesarias para poder soportarlo.

Cuando se pasa por un estadio de dolor o se supera una enfermedad que te hacía pensar que te llevaría a la muerte física, la visión de la vida cambia por completo; recapacitas, llegando a considerar el tiempo que has podido perder, dándole importancia a cosas que no las merecía. Esa sacudida que muchas veces nos provoca el dolor, que nos remueve todo nuestro interior, supone un cambio radical en nuestra forma de pensar y vivir; se genera una reflexión profunda preguntándonos, a partir de ese momento, qué hacer con nuestras vidas. A partir de ahí, se observan con otros ojos las pequeñas cosas, las relaciones personales, el aspecto humano de la vida, algo que probablemente nos parecía secundario o irrelevante.

El dolor es la escuela donde se puede aprender la paciencia, la resignación; es donde el egoísmo, así como el orgullo se van disolviendo poco a poco, nos hace mejores personas.

El Divino Maestro repetía en ocasiones: “Haz con tu prójimo como quieres que se haga contigo.” Tenemos que pensar, que lo que le hagamos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos, bueno o malo, pues nadie escapa a las consecuencias de las  acciones personales. El amor también necesita ser cultivado, porque es una de las  semillas  que fue plantada en nosotros por el Padre, en el momento de nuestra creación. Porque el amor, en su más amplio sentido será el que nos abrirá las puertas de par en par para llegar a la perfección.

 Hay un dicho popular que dice: lo que no aprendas por amor lo aprenderás por dolor. Es necesario que aprendamos a amar, porque estaremos aprendiendo a vivir. Es siendo útiles a nuestro prójimo, cuando progresará nuestro espíritu, nos redimirá por nuestro propio esfuerzo, al entender que es el amor sentido y realizado el que nos guiará hacia el perfeccionamiento espiritual. Si desarrollamos la caridad, que no es otra cosa que el amor en acción, estaremos reparando nuestros errores, de una manera más útil, más solidaria, que nos irá cerrando las heridas morales y nos encaminará de regreso al mundo espiritual, hacia una alegría que desconocíamos. Si el amor, lo hacemos faro de nuestra vida, éste guiará nuestros pensamientos, nuestros pasos… será la luz que nos orientará en todo el periplo terrestre. De esta forma cuando el amor que sintamos nos haga capaces de aceptar el sufrimiento que nos embarga, sin rebeldías, ni quejas, habremos llegado al objetivo esperado.

Otro aspecto importante a considerar, es que las existencias dolorosas también pueden ser voluntarias. Son elegidas por algunos espíritus cuando comprueban en el espacio lo mucho que les queda por rescatar, deseando eliminar ese lastre lo antes posible. Otras son en misión de amor, como sacrificio desinteresado, abnegado; para ayudar a almas perdidas, rebeldes, estancadas, que no quieren avanzar.

El ejemplo más aleccionador fue el del Maestro Jesús, que nos enseñó por medio del ejemplo, el camino del amor.  Un mandamiento nuevo os doy: “Que os améis los unos a los otros. Que como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.” (Juan 32-34). Si lo tenemos como norma de convivencia, será la trayectoria que nos llevará a liberarnos del dolor.

Pero a lo largo de la historia podemos encontrar otros casos como pueden ser:

Sócrates, encarcelado por la intolerancia. Preceptuaba el culto a la moral y la virtud. “No existe felicidad sin virtud; la virtud es la condición necesaria y suficiente para la felicidad.”

Francisco de Asís, sufrió aflicciones aceptando sus dolores con mansedumbre, vivió en la renuncia de todo lo terrenal, manteniendo toda la fuerza del amor.

Juana de Arco, encarcelada, soportó la humillación junto al oprobio; gracias a su fe pura y su genuino amor por la justicia y la verdad; siempre con el pensamiento puesto en Jesús.

También existen personas anónimas que sufren voluntariamente, para ayudar a seres queridos. Convirtiéndose en referencia de fortaleza moral, mostrándoles el camino.

                      “El amor es una fuerza que transforma el destino.”  Chico Xavier

Analicemos, pues, que siembra estamos realizando, porque será la cosecha que recojamos en el futuro; y es ahora cuando tenemos  que cultivarla, cuidarla, para que los frutos que debamos recoger, sean los esperados, proporcionándonos la felicidad futura.

Dolor, compañero de redención 2 por: Gloria Quel

©2017, Amor, Paz y Caridad

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