Editorial

DECISIONES SUGERIDAS

En el desarrollo y evolución espiritual de cualquier persona llega un momento en que el mundo espiritual se hace presente, a través de la intuición, la inspiración, la emoción o la cognición; además de la influencia directa de esa cuarta dimensión, que suele ser el mundo espiritual que nos rodea, nos vemos inmersos en un océano de energía que apenas percibimos conscientemente, y del cual nos vamos percatando a medida que crecemos moral y espiritualmente.

La ciencia viene en apoyo de esa percepción e influencia permanente, al hacernos comprender que los pensamientos y las emociones son energía, que vibra en determinada frecuencia; y en función de la naturaleza de los mismos, nos hacen conectar con otros de orden similar al registrarse en la misma onda vibratoria.

Es una ley física que el semejante atrae al semejante, y que todo lo que existe es energía en diferentes grados de manifestación molecular y vibración propia. Las ondas de las partículas sub-atómicas demuestran que de la materia a la energía no existe más que un pequeño paso: la conciencia del observador.

Pensamientos, emociones, inspiraciones o intuiciones se nos sugieren desde el otro plano de la vida por los que allí se encuentran (Decisiones sugeridas). Y tal como sabemos por las informaciones que se nos ofrecen y las filosofías espirituales, allí como aquí existen todo tipo de personas de diversa condición, ya que los que allí se encuentran son los mismos que aquí estuvieron antes, y el fenómeno de la muerte no cambia el carácter ni las forma de ser de nadie.

Tal como eran aquí siguen siendo allí: el trabajador sigue trabajando, el ocioso sigue en su ociosidad, el genio sigue creando allí sus obras musicales, artísticas, etc. El malvado y criminal persiste en su actitud y las personas nobles y generosas continúan con su solidaridad y altruismo.

Esto significa que, en función de nuestra forma de pensar y sentir, así conectamos con otros que piensan y sienten como nosotros, siendo susceptibles a sus influencias, inspiraciones o indicaciones.

En este sentido, tan malo es considerar como bueno todo lo que nos es sugerido desde ese otro plano, como no dar ninguna credibilidad al hecho de que esto se produce constantemente, todos los días y a todas las personas.

Aquellos que poseen conocimientos superficiales sobre el mundo espiritual piensan que los espíritus son omnipotentes para hacer aquello que quieren. Nada más lejos de la realidad que esto; allí  como aquí, existen muchos vanidosos, frívolos, ignorantes contumaces, pseudo-sabios, etc., que en ocasiones, amparados en la impunidad que les concede no ser vistos, aparentan lo que no son.

Es por ello que todas las comunicaciones que se reciben desde ese otro plano han de analizarse siempre a la luz de la razón, tomarlas con prudencia y saber que nuestro libre albedrío no puede ser violentado por nadie, sea alguien con cuerpo físico o sin él. Por no tener materia no significa que no se equivoquen, ni que no puedan inducirnos al error. Es por ello que no podemos creer aquello que nos viene ni tomar decisiones sin pensar, simplemente porque nos haya sido sugerido desde el otro lado de la vida.

Incluso los espíritus que acompañan a las materias como guías o protectores pueden equivocarse, a pesar de su buena voluntad para con nosotros. Por ello, hemos de saber y entender que, ante cualquier decisión que debamos tomar, no es preciso aceptar sin analizar la opinión que a veces se nos ofrece como sugerencia desde el otro lado, sino aplicar siempre la razón siguiendo el precepto que Allan Kardec enunció:

“Prefiero rechazar noventa y nueve verdades antes que aceptar una sola mentira”

Como bien sabía Kardec, los espíritus superiores no pretenden que sigamos sus consejos sin analizar por nosotros mismos la idoneidad de estos. Lo que intentan es ayudarnos, a veces, a tomar decisiones basadas en planteamientos acordes a las leyes del bien y del amor, decisiones sugeridas. Pero incluso, a pesar de que no aceptemos sus sugerencias, nunca se enojan con nosotros, pues su condición moral les hace aceptar con humildad cuando hacemos caso omiso de ellos.

Mientras que, por el contrario, espíritus de mediana y baja condición que desean imponer sus criterios, medrar o tomar ascendencia sobre nosotros, cuando no aceptamos sus inspiraciones o sugerencias se enfadan e incluso amenazan veladamente con retirarnos su apoyo. Ante esto, siempre, debemos rechazar -con cautela- estas insinuaciones.

Si es preciso pedir confirmación al respecto sobre algo que nos ha sido sugerido desde el plano espiritual, hagámoslo las veces que sean necesarias; que si es buena la intención, los espíritus que nos guían sabrán confirmar nuestras dudas mediante intuiciones, durante el sueño, a través de otras personas  o bien directamente.

El libre albedrío es la regla de oro que respetan siempre los espíritus superiores, sabiendo de antemano que la estancia en la Tierra no es más que una etapa de aprendizaje que debemos recorrer por nosotros mismos, para que las experiencias adquiridas sirvan de provecho y progreso moral a nuestro espíritu inmortal. Por ello nunca son apuntadores, y siempre actúan auxiliando, socorriendo o aconsejando con la debida prudencia, discreción y delicadeza a la que los obliga su condición moral.

El que les prestemos atención y les hagamos caso es ya cuestión nuestra. No obstante, el sentido común y la comprensión de cómo nos ofrecen la ayuda desde ese otro lado de la vida debe hacernos prudentes y discretos, analizando siempre aquello que recibimos, y nunca tomando ninguna decisión ni elección difícil basada únicamente en estos consejos espirituales  sin usar nuestro propio raciocinio y voluntad para decidir, por nosotros mismos, el camino a seguir.

Decisiones sugeridas por: Redacción

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