Recordando el pasado

CONSECUENCIAS MORALES

  Las vidas sucesivas tienen por objeto el desarrollo de la inteligencia, del caracter, de las facultades, de los buenos instintos y la supresión de los malos. 
 
     Siendo la evolución continua y perpetua la creación, en el curso de sus existencias cada uno de nosotros es en todo momento lo que el ha hecho de si mismo. En efecto, cada uno de nosotros, lleva consigo una sanción inevitable que no puede ejercerse inmediatamente, pero que, tarde o temprano, tendrá una repercusión segura en las vidas futuras. 
 
     Las desigualdades morales e intelectuales no son, por lo tanto, el resultado de arbitrarias decisiones de la divinidad, ni la justicia se ve ofendida. 
 
    Partiendo todos del mismo punto para acabar en la misma meta, que es el perfeccionamiento de nuestro ser, pasando por todas las situaciones terrestres, existe, en realidad, una perfecta igualdad entre todos los individuos, compensándose las diferencias en el curso de múltiples vidas. 
 
   Esta comunidad de origen nos demuestra claramente que la fraternidad no es una vana palabra. En todos los grados de evolución, nos sentimos unidos los unos a los otros, de modo que no existe ninguna diferencia radical entre todos los pueblos, a despecho del color de su piel y de su estado de adelanto. La evolución no es solamente individual; es colectiva. Reencarnándose por grupo cada nación, existe una responsabilidad colectiva como existe una individual; de esto se deduce que cualquiera que sea nuestra posición en la sociedad, tenemos interés en mejorarla, ya que, en realidad, con ello preparamos nuestra suerte futura. 
 
    De consiguiente, el egoismo es a la vez un vicio y un mal cálculo, puesto que el mejoramiento general no puede resultar mas que del progreso individual de cada uno de los miembros que constituyen la sociedad: cuando se comprenden estas grandes verdades, serán menos duros los que poseen y habra menos odio y menos envidia en los desposeídos. 
 
      Si los que detentan la riqueza estuviesen persuadidos de que en su próxima reencarnación pueden figurar entre las clases indigentes, tendrían empeño, porque les interesarla, en mejorar la condicion social de los trabajadores; reciprocamente, estos aceptarían con resigna­ción su situación momentánea, sabiendo que mas tarde podrán, a su vez, encontrarse entre los privilegiados. 
 
     La palingenesia es, pues, una doctrina esencialmente renovadora y un factor de energia, puesto que estimula en nosotros la voluntad, sin la cual no podría realizarse ningún progreso individual. 
 
    La solidaridad se impone a nosotros como una condición esencial del progreso social; esta es una ley natural que puede distinguirse ya en las sociedades animales, que se han constituido para resistir a la ley brutal de la lucha por la vida. 
 
   El mal, de consiguiente, no es una necesidad fatal impuesta a la humanidad; puede y debe salvarse, ya que es, pura y simplemente, el resultado de nuestra ignorancia de las leyes físicas y morales que rigen el mundo. 
 
    En resumen, la teoria de las vidas sucesivas satisface todas las aspiraciones de nuestras almas, que exigen una explicación lógica del problema del destino. Se concilia perfectamente con la idea de una providencia, a la vez justa y buena, que jamás castiga nuestras faltas con eternos suplicios, sino que nos deja a cada instante el poder de reparar nuestros errores al elevarnos lentamente, por nuestro propio esfuerzo, franqueando los peldaños de esta escala de Jacob, cuyos primeros escalones se hunden en la animalidad, mientras los mas altos se levantan hasta la espiritualidad perfecta. 
 
    Digamos con Maeterlinck: 
 
  “Reconozcamos, de paso, que es muy lamentable que los argumentos de los teósofos y de los neo-espiritistas no sean perentorios; puesto que no ha habido creencia mas bella, mas justa, mas pura, mas moral, mas fecunda, mas consoladora y hasta cierto punto mas verosímil, que la suya. Es la única, con su doctrina de las expiaciones y de las purificaciones sucesivas, que da cuenta de todas las desigualdades sociales, de todas las abominables injusticias del destino. Pero la calidad de una creencia no demuestra su verdad. Aunque sea la religión de quinientos millones de hombres, la que mas se acerca a los misteriosos orígenes, la única que no es odiosa y la menos absurda de todas, sera preciso que haga lo que las otras no hicieron, aportarnos irrecusables testimonios, pues los que hasta hoy nos ha dado, solo son sombra de un principio de prueba.” 
 
   Creo haber aportado las pruebas que Maeterlinck pide. Poseemos actualmente una demostración positiva que nos permite comprender, no solo la supervivencia del principio pensante, sino también su inmortalidad, ya que durante millones de años hemos evolucionado en esta tierra que abandonaremos el dia en que nada tengamos que aprender en ella.

GABRIEL DELANNE
 
 
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