Congreso Nacional de Espiritismo 1981

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

LOS TRABAJADORES DE LA ÚLTIMA HORA

El espiritismo es ese faro, esa luz que ha venido en apoyo de la humanidad entera, para iluminar y orientar al hombre por el camino adecuado para su “salvación”, en estos momentos de incertidumbre, de confusionismo y de desaliento. A los espiritas nos corresponde orientar esa luz y darle su máxima brillantez, porque somos los llamados a trabajar en esta última hora.

El Consolador Prometido, viene a realizar en los tiempos predichos lo que Jesús anunció y a preparar el cumplimiento de los acontecimientos futuros. Para ello, posee su mayor fuerza en las realizaciones y en el ejemplo de sus adeptos.

Ante esta gran responsabilidad, nos corresponde el deber de llevar a la humanidad entera el mensaje que nos transfiere el espiritismo, haciéndole saber que los tiempos son llegados. Poner, en suma, en el conocimiento de todos, la enorme trascendencia de los tiempos que vivimos, con respecto a nuestra evolución.

Nuestra existencia actual es decisiva, dentro de esta etapa de evolución espiritual que se va a cerrar, para dar comienzo a otra nueva. Por ello, no debemos de cometer grandes errores, ya que no tendremos otras encarnaciones para repararlos, dentro de este ciclo que va a concluir. Tales errores, tales desviaciones del principal motivo que tiene la vida, nos llevarían a asumir graves responsabilidades que nos impedirían, entrar a formar parte de la nueva humanidad, quedándonos en esta ocasión a la “izquierda” del Cristo.

Hoy día, al espírita, que se halla actuando en medio de la vida turbulenta, participando de ambientes infelices y sufrimientos humanos, le cabe el deber de orientar al prójimo ofreciéndole las enseñanzas confortadoras que del espiritismo recibe. El espírita, es un hombre directamente comprometido en esta última hora, para realizar un servicio definido junto a la humanidad, así como también, en favor de su renovación moral superior. Si bien antes de encarnar, ha aceptado cumplir puntualmente determinados programas con objetivos espirituales, una vez aquí, gran parte desisten mientras que otros viven tan equivocados, que raramente se les puede orientar. “Muchos serán los llamados y pocos los elegidos”.

Si analizamos sinceramente, veremos, que raras veces se consigue alcanzar la totalidad de los objetivos planificados en el mundo espiritual. Pero, ¿cuál es la causa? Sin duda alguna; la irresponsabilidad, la comodidad, los placeres efímeros, los intereses humanos que invierten los valores, la adhesión a los vicios del mundo terreno, que cautivan al espíritu débil, dejándose cegar por las ilusiones momentáneas de la materia. Aspectos éstos, contra los que hemos de luchar denodadamente hasta alejarlos de nosotros, pues nuestra responsabilidad es, sin duda alguna, el compromiso que hemos asumido antes de encarnar.

Dejemos, por tanto, todos aquellos caminos equívocos, que tan sólo nos conducirán a las desilusiones y al sufrimiento. Aspectos éstos, que pueden aniquilar, a última hora, un programa sideral que necesitó de muchos y apreciables esfuerzos, no solamente nuestros, sino también de almas excelsas.

Si observamos al último corredor en coger el “testigo” en una carrera de relevos y vemos que efectúa su recorrido sin esfuerzo y sin constancia, sin dedicarse plenamente a ese cometido, es evidente que todo el sacrificio y el sudor de los compañeros que le han antecedido, habrán sido estériles. Traspasando ese ejemplo al terreno espiritual, sabemos —puesto que el espiritismo así nos lo enseña— que: “Moisés inauguró el camino, Jesús continuó la obra y el espiritismo ha de concluirla”. Entonces, deberíamos saber también, que nosotros somos los trabajadores de la última hora. Si ante esta responsabilidad ineludible, permanecemos acomodaticios, demorándonos en ese trabajo que nos corresponde, ocurrirá que…

Uno de los trabajos que nos corresponde a los espíritas, en estos momentos en que se está efectuando la separación de la “derecha” y la “izquierda” del Cristo, es el hacer partícipe a nuestro prójimo de este hecho. Vamos de cara a la Nueva Humanidad anunciada y para poder formar parte de la sociedad del Tercer Milenio, es necesario reunir un mínimo imprescindible de cualidades espirituales, por lo que se precisa nuestra transformación íntima, en base al amor. Venimos con la responsabilidad de ayudar para conseguir las adquisiciones espirituales que nos permitan alcanzar ese objetivo. Muchas personas han podido venir amparadas en el esclarecimiento que la doctrina nos ofrece. Por eso, los espíritus, estamos sumamente comprometidos con la labor de divulgación, para servir de apoyo en ese último impulso que muchos pueden necesitar.

Si comprendiéramos verdaderamente, que el espiritismo es el Consolador Prometido por Jesús, que viene en apoyo de la humanidad, comprenderíamos también, que sus enseñanzas han de ser puestas en práctica y difundidas. ¡No podemos fallar!

A.G.S.

GRUPO VILLENA
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