Palabras de aliento

PALABRAS DE ALIENTO

EL SUEÑO DE RAFAELA

Rafaela era una aldeana muy pobre que vivía en una región rural italiana.

Tuvo una hija de nombre Adda, que había desencarnado con aproximadamente tres años de edad.

Trascurridos seis meses del fallecimiento la madre no se conformaba y sentía que la Divinidad le había sido
injusta.

Pero, cierta noche ella tuvo un sueño que cambió su percepción acerca de lo sucedido.

En el sueño ella fuera invitada a una fiesta que iba a realizarse en un local próximo del cielo.

Muchos niños comparecerían al evento para divertirse.

Cuando llegó se quedó extasiada.

Todo era muy hermoso y los niños bailaban y cantaban muy contentos.

Todos los niños tenían sus alas resplandecientes y Rafaela los miraba embobada.

Sin embargo, se quedó muy sorprendida al ver a su propia hija sentada en un rincón.

La niña estaba triste y llorosa con ropas y alas mojadas, pesadas y sin brillo.

La madre le inquirió que significaba aquello, pues ella siempre fuera muy alegre.

La pequeña Adda respondió que aunque lo desease no podría jugar con los otros niños.

La pobre campesina todavía argumentó que ella tenía alas, era un ángel y debería volar alegremente.

La niña esclareció que no podía volar, pues estaba totalmente mojada, con las alas pesadas y pegadas al cuerpo.

La madre se dispuso a ayudarla, según sus posibilidades, pues deseaba que su hija fuese feliz y pudiese jugar.

Adda afirmó que la culpable de todo era la propia Rafaela.

Con su gran tristeza y sus blasfemias contra Dios la madre la retenía junto a sí y la impedía de volar.

El excesivo pesar de Rafaela encarcelaba a la pequeña Adda y las lágrimas que vertía sin cesar mojaban sus alas.

Aterrorizada, la pobre campesina comprendió que estaba perjudicando a su hija al no aceptar la Voluntad Divina.

Prometió que no más lloraría ni reclamaría, pues deseaba que la niña fuese libre y feliz.

Al despertar se puso radiante de felicidad por la convicción de haber visto y hablado con su hija.

Llamó a las amigas y les narró su sueño.

También lo relató a otra madre que había perdido a un hijo recientemente.

* * *

Esa linda historia traduce una realidad.

El amor y los vínculos no se extinguen solo porque alguien desencarnó.

Los Espíritus desencarnados reciben los pensamientos y las vibraciones de aquellos que se quedaron en la Tierra.

Es necesario que cuidemos por mantener los pensamientos y los sentimientos equilibrados, a fin de no perjudicar aquel que partió.

Cuando el Espíritu retorna a la patria espiritual vive momentos delicados y necesita de paz y tranquilidad para adaptarse a la nueva situación.

Con el pretexto de nuestro amor no debemos causar dolor a los amores que nos precedieron en el viaje hacia el hogar verdadero.

Piensa en eso.

Redacción del Momento Espírita con base en el capítulo III del libro
Ressurreição e vida, por el Espíritu León Tolstoi, psicografiado por
Ivonne A. Pereira, ed. Feb, Brasil.

El 26.10.2009.

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