CONCIENCIA 

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  Diversas son las interpretaciones de lo que conocemos por CONCIENCIA, como diversas son también las capacidades humanas para penetrar en la esencia de los conceptos verdaderos. 
 
  Etimológicamente hablando, conciencia viene de conocimiento. Ya que, para tener conciencia de algo, necesario es conocerlo. En base a esto, lógico es deducir que la conciencia está en relación directa al cono­cimiento adquirido, ya en la vida presente, ya en las vidas pasadas. 
 
  El conocimiento adquirido en la vida humana presente, en sus diversos aspectos y experiencias forman la conciencia humana, cuya manifestación estará influenciada por el medio ambiente y la época. Y el conocimiento adquirido en las diversas vidas humanas a través de las múltiples vicisitudes, expe­riencias y aprendizajes en esas vidas pasa­das, forman la conciencia espiritual o con­ciencia superior. Esta última viene a ser el cúmulo de conocimientos y experiencias adqui­ridas en las diversas fases de las exis­tencias anteriores, cuya esencia, (no deta­lles) queda en la memoria espiritual y componen la conciencia espiritual superior. 
 
  En las primeras fases de la etapa humana, el Ser no tiene aún conciencia de las cosas más allá de sus necesidades físicas, ya que el espíritu está todavía en los inicios de la etapa humana, por lo que actúa en concordancia con la inteligencia instintiva, respondiendo a sus necesidades de superviven­cia tan sólo. 
 
  Pero, a través de las vidas difíciles va adquiriendo experiencias que se acumulan en su memoria espiritual y van formando la conciencia espiritual, que va enriquecién­dose, lo que se conoce en psicología como mente subconsciente. Y esa memoria o concien­cia espiritual va desarrollándose en cada una de las vidas, hasta alcanzar un poder de manifestación mayor y más sublimado, el cual se refleja en las actuaciones justas y ecuánimes de las personas con un alto grado de evolución. 
 
  Y aun cuando esto se dice muy pronto, significa un tiempo que, en nuestra medida humana del tiempo equivale a miles y miles de años. Y en el devenir de ese tiempo van desarrollándose también las demás facultades del espíritu, que le capacitan para animar personalidades con mayor significación huma­na, con mayor acierto en sus actuaciones y con un mayor y más amplio concepto del bien y del mal. Y esa capacitación va conformando la sabiduría que sirve de fuerza y sostén al espíritu encarnado para oponerse a las atracciones y reclamos de la vida terrena. Pero no siempre llega a manifestarla, porque subyugado por la atracción de las convenien­cias humanas, casi siempre cede ante las pruebas de la riqueza o de la autoridad, lo que significa un atraso en su progreso. 
 
 
  Diversos son los grados de evolución de las personas que componen el conglomerado humano de nuestro planeta, así como el grado de conocimientos humanos y espirituales; por lo que diversos son también los grados de conciencia de cada uno de sus componentes. Y de aquí, la diversidad de actuaciones, de las cuales provienen discrepancias, profundas a veces, que se notan en los conceptos exis­tentes de virtud y vicio o conceptos morales, según las épocas, los climas y la cultura de los pueblos. 
 
  En toda persona hay dos estados de conciencia: conciencia superior y conciencia inferior. La conciencia superior (que está en la mente subconsciente) es el grado de sabiduría alcanzado por el espíritu en sus múltiples y diversas vidas humanas así como también en el Más Allá; y su manifestación estará en relación directa con el grado de evolución alcanzado; pero, siempre nos indicará el verdadero camino a seguir en todos los momentos de nuestra vida humana. 
 
  Y la conciencia humana está formada por los conceptos, experiencias y conocimientos adquiridos en la vida presente, de acuerdo con la época, y varía según la educación de cada ambiente y sus conveniencias aparentes. No significa esto que debamos abandonar los asuntos humanos, ya que estamos en el plano humano; pero que, necesario es anteponer la necesidad real de nuestra vida presente, cual es el progreso del espíritu y vivir siempre, en todo momento, de acuerdo con los dictados de la conciencia superior, ya que además, nos proporcionará una vida humana de paz y armonía mental-emocional. 

(continuará)

SEBASTIAN DE ARAUCO
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