MIEDO AL FUTURO

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Miedo al futuro

Miedo al futuro

Seguimos hablando de los diferentes miedos que pueden presentarse a lo largo de la vida, y en este artículo hablaremos del miedo al futuro. En otras palabras, a las posibles consecuencias negativas que se pueden derivar de las decisiones que tomamos. Y cuando este temor se convierte en fobia, se le denomina “cronofobia”. Es posible que la incertidumbre (sensación de falta de control acerca de lo que ocurrirá en el futuro) sea una de las emociones más complicadas de gestionar; es el miedo al futuro, el temor al qué sucederá en poco tiempo.

Muchas personas ven con cierta prevención el futuro y procuran adoptar las mejores decisiones en el presente para que el futuro sea como ellos han planeado. No obstante, en repetidas ocasiones ese temor se vuelve desmesurado, llegando a provocar en quien lo sufre una profunda inquietud y múltiples efectos en los diversos ámbitos de su vida. Puede alcanzar incluso el punto de bloquear su vida totalmente por temor a sufrir consecuencias no deseadas, o por la angustia de tomar decisiones ignorando las consecuencias derivadas de las mismas.

Este miedo al futuro se supedita a la necesidad de saber; sin embargo, la incertidumbre es parte de la vida. Dado que es imposible estar al cien por cien seguros de algo, probablemente la búsqueda de certeza te lleva a más preocupación. El estar establecido económica y socialmente provoca que muchas personas lleguen a padecer este miedo.

La vida es un cambio constante y tomar decisiones es necesario, y no siempre acertamos con ellas; unas veces son adecuadas, en cambio, otras no dan el resultado deseado. Por mucho que reflexionemos, pensemos o valoremos las situaciones, siempre hay un porcentaje de equivocaciones que tenemos que tolerar, sin que cause frustración, asumiendo ese riesgo, porque si las evitamos no avanzaremos y permaneceremos estancados. Son las personas con poca tolerancia a la incertidumbre, a las que les resulta muy difícil aceptar una decepción por pequeña que sea; también son aquellas que tienen la necesidad de encontrar la aprobación ajena para sentirse seguros de que la decisión tomada ha sido la correcta.

En ocasiones, este temor al futuro se desarrolla dentro de las personas porque lo han aprendido dentro del ambiente familiar; quizá porque algún pariente o conocido haya tenido un cambio drástico o inesperado de fortuna o salud, que le ha hecho saltar por los aires su serenidad emocional, como puede ser una pérdida de un trabajo, una enfermedad, la pérdida de un ser querido o cualquier otro tipo de alteración inesperada que rompe por completo esa vida agradable que ha construido poco a poco.

Estas experiencias ajenas, en lugar de ayudarle a reforzar su manera de ver la vida, tomando las decisiones adecuadas, le refuerzan el foco en el miedo a la incertidumbre, sin pararse a pensar que cada caso es un mundo, y no tiene por qué repetirse en uno mismo si se toman las providencias adecuadas.

Pensar en las diferentes opciones que ofrece la vida, como pueden ser los estudios, elegir un trabajo, comprar una casa, tener pareja, casarse, quedarse embarazada, recaer en una enfermedad ya superada, etc. La incertidumbre del resultado que se obtendrá, sin duda alguna, le hará permanecer en una vida anodina, cerrándose muchas puertas, ahogando cualquier motivación por los riegos que implican. Esta circunstancia puede ocasionar un bloqueo en la vida de la persona, eludiendo valiosas oportunidades de crecimiento, de realización personal.

Resulta más cómoda la inacción. Se confunde también con una falsa prudencia, para justificarse y evitar realizaciones, muchas veces convenientes y necesarias. El resultado de dicha inacción es el vacío existencial; el miedo paraliza y elimina el entusiasmo y las ganas de vivir.

Además, la persona que no cree que la vida siga después de dejar la materia y vive únicamente la vida corporal, ignorando la espiritual, solo experimentará las penas y dichas materiales. Y asimismo su felicidad se fundamentará en la satisfacción efímera de sus deseos. Esta idea de que solo existe lo que se ve le hace pensar en la muerte como en un final en el que después existe la nada, es decir, desaparecerán sus afectos, sus esperanzas… todo desaparecerá como en un mal sueño. Sin embargo, algo en su interior, algo inexplicable a simple vista, le dice que no es así, aunque trate de ahogarlo con sus ideas preconcebidas o quiera justificarlo con una actitud orgullosa. Este también es un conflicto interno que le puede generar también desasosiego y ansiedad, el miedo a la muerte del que hablamos en un artículo anterior.

Por otro lado, estar continuamente estresado por el futuro puede ocasionar problemas en la salud física, como el síndrome del intestino irritable o problemas cardíacos. La ansiedad tiene efectos sobre nuestro cuerpo como lo podría tener cualquier otra enfermedad, y pueden ser tanto psicológicos como físicos. El cuerpo se prepara para el conflicto interno: Ritmo cardíaco acelerado, respiración rápida, falta de concentración, bloqueo mental, rigidez muscular… eso depende de la complexión física de la persona.

Este miedo, en los casos más extremos, puede llegar a socavar las relaciones familiares, sociales y laborables, pues estar en compañía de una persona que de lo único que hablan es de su preocupación por el mañana y la zozobra que le produce, ya que se pueden pasan el día entero dándole vueltas a las cosas sin llegar a una conclusión adecuada, ocasiona a los demás tal incomodidad que les puede hacer tomar la decisión de alejarse de ella.

Realmente, tomar decisiones y equivocarse es siempre mejor que no tomar ninguna decisión y no hacer nada, ya que con los errores se aprende. Además, el hecho de no tomar decisiones puede acarrear una consecuencia negativa y es que sean otros los que las tomen, perdiendo así el mando de nuestra vida. Asimismo es fundamental que sepamos, cada uno de nosotros, dirigir nuestro barco en el agitado mar de la vida, hacia la felicidad.

Somos espíritus inmortales que necesitamos vivir las experiencias en la materia para seguir evolucionando. Si somos conscientes de que ese progreso es muy lento, también entenderemos que los asuntos que no hemos solucionado y los traumas que traemos de las vidas anteriores necesitan una solución más pronto o más tarde, y eso se realiza gracias a la comprensión que conseguimos por medio del autoconocimiento y a los recursos que vamos desarrollando.

El miedo es uno de los peores enemigos del ser, porque se ancla en el interior del alma, asaltando las fuerzas más profundas. Dejemos de sentirnos atrapados por el miedo que nos provoca la incertidumbre en nuestra vida, que daña nuestros pensamientos y emociones, trabajando diariamente para aceptarlas o ponerles freno, y conseguir alcanzar las riendas de nuestra vida y sentirnos nuevamente libres.

Por lo tanto, el miedo puede sobrevenirnos por nuestra inseguridad, por las dudas que nos surgen ante el futuro lleno de obstáculos y pruebas por las que tenemos que pasar a lo largo de la vida. La falta de fe en Dios nos hace creer que el futuro caduca con la muerte.

Pero es esa fe la que nos da seguridad, esa fe en que el Padre nos reconfortará, y también el saber que siempre tendremos hermanos espirituales a nuestro lado que nos asistirán si les pedimos ayuda de corazón. Son ellos los que nos inspiran, sostienen y fortalecen ante los infortunios, sufrimientos e incertidumbres de la vida. Confiemos, pero desde el esfuerzo, la fe y el coraje, puesto que todo pasa, y la vida está repleta de sabias lecciones que nos ayudan a crecer y madurar en dirección al infinito.

El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no solo al amor, el miedo expulsa también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y solo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma. Aldous Huxley (1894-1963), novelista, ensayista y poeta inglés.

Miedo al futuro por: Gloria Quel

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