Editorial

CIENCIA Y VIDA UNIVERSAL

El avance tecnológico de la humanidad actual se desarrolla de forma tan vertiginosa, y exponencialmente tan rápido, que hoy en el año 2014 por ejemplo, se afirma matemáticamente que cada 18 meses se producen modificaciones importantes en el cálculo matemático- informático que dan origen a nuevos avances y proyectos tecnológico-científicos anteriormente impensables.

Hasta tal punto el tiempo y la velocidad de los cálculos influye en los avances y desarrollos tecnológicos de la ciencia que, los físicos, astrónomos, biólogos y genetistas confirman ciclos de 7 años para la revisión de la astronomía, astrofísica, cosmología, biología y la antropología que explica el origen del universo y de la vida humana.

Esta concepción de Einstein donde el espacio dejó de ser un lugar de una forma determinada y concreta, para convertirse en una dimensión espacio-tiempo que condiciona la vida y cuyo origen desconocemos todavía, está únicamente al alcance de la ciencia y de aquellos que la conocen, chocando frontalmente con los conceptos o creencias teológicas, religiosas o filosóficas que ubican muchos de los principios en lugares determinados o concretos y en tiempos determinados.

Compartimentos estancos nunca han existido ni existirán en el universo, pues allá donde parece no existir nada, se demuestra que existe energía; algunos astrónomos lo denominan materia oscura, otros cosmólogos lo definen como quinta esencia; y con ciento cincuenta y ocho años de antigüedad (1856) AllánKardec lo presenta en la pregunta número 36 del libro de los espíritus: ¿Existe en alguna parte el espacio universal el vacío absoluto?Los espíritus responden: No, nada hay vacío; lo que te parece vacío está ocupado por una materia que escapa a tus sentidos e instrumentos.

Las últimas investigaciones sobre el big-bang nos afirman que, fue precisamente la materia oscura, con el impulso de la gravedad, la que dio inicio a la condensación inicial que formó las primeras constelaciones y galaxias; generando los elementos necesarios para la formación de los soles y planetas que pueblan el universo. Estas investigaciones actuales, nos llevan a posicionarnos en el auténtico lugar que nuestro diminuto planeta ocupa en el universo. Si a los billones de galaxias incorporamos los trillones de planetas y exo-planetas que pululan por el cosmos podremos comprender que la vida no es exclusiva de la tierra.

Los investigadores actuales como el físico Paul Davis, de la Universidad de Arizona (USA) nos afirma que la vida no nació una sola vez en la tierra, y que únicamente el hecho de que haya tenido una segunda oportunidad, estaría confirmando que en el Universo la vida es el patrón universal que penetra y se desarrolla en los universos conocidos y en los que todavía están por descubrir.

Desde la época de publicación de la famosa Ecuación de Frank Drake (1961); donde se establecía matemáticamente el cálculo de probabilidades de humanidades inteligentes sólo en nuestra galaxia del orden de 50.000 civilizaciones; hasta ahora,  han acontecido innumerables descubrimientos y avances científicos que, no sólo refuerzan la visión cosmogónica de que no estamos solos en el universo, sino que avanzan hacia la confirmación de la vida en el universo físico de todo orden y bajo circunstancias y procesos diferentes al de la tierra.
Uno de ellos es el proyecto SETI, heredero de las primeras investigaciones de Drake, que, apoyado en la impresionante potencia y rapidez del cálculo matemático que las computadoras tienen hoy día, y que no se tenía en los años 60, sigue investigando, ahora exponencialmente, cada vez un mayor espectro de ondas electro-magnéticas a fin de contactar con posibles humanidades y civilizaciones de otros planetas.

Sea como fuere, la ciencia no se detiene, y avanza confirmando las premisas filosófico-espirituales que han sido avanzadas con anterioridad. Estos hechos,lejos de refutar la idea de una causa primera origen del universo, la refuerzan y confirman, añadiendo además detrás de ese origen los factores esenciales de la inteligencia, universalidad y armonía de las leyes que rigen todo el cosmos. De  esta afirmación, a denominar Dios, a esa Causa Primera e Inteligencia Suprema sólo media el paso del lenguaje que queramos utilizar.

Nadie hoy, con mínimos razonamientos científicos, puede negar la infinitud del espectáculo que se abre ante sus ojos. El azar no puede generar ningún desarrollo armónico ni perfecto como consecuencia de su acción. La perfección es únicamente atributo de la causa que lo origina: una entidad perfecta. Por ello mismo desconocida e ignorada en profundidad por seres imperfectos como nosotros, que apenas alcanzamos a vislumbrar lo que nuestros sentidos físicos captan o experimentan.

Estas conquistas de las ciencias no sólo nos acercan a Dios, también nos colocan en nuestra auténtica posición en el universo. Somos diminutos, como planeta y como seres humanos; a pesar de que nuestro orgullo nos impida reconocerlo.

Es un auténtico hecho revelador que derriba las barreras de la prepotencia humana, de aquellos pseudo-sabios que pretenden saber todo acerca de la Naturaleza, y cuyo amor propio les impide reconocer que esta última sobrepasa, con mucho, las capacidades del ser humano para comprenderla en su totalidad y descifrarla. Reconocer esto último es admitir su propia ignorancia sobre el origen y el destino de la vida; siendo así que, carentes de referencias transcendentes, cuando el vacío de su propio escepticismo les lleva a situaciones de incomprensión, niegan por negar, renunciando incluso a la capacidad de investigar la verdad, criterio básico para todo aquel que pretenda poseer espíritu científico.

Es entonces cuando se desacreditan y se enrocan en sus teorías materialistas que a nada conducen, hasta que nuevos avances les demuestran su equivocación o los tiempos derogan con rotundidad las teorías que sustentan. Francis Bacon decía: “La Verdad es Hija del Tiempo, no de la Autoridad”

Se abren horizontes de esperanza para la humanidad; la esperanza del retorno a la fuente de nuestro origen, no solo a través de la creencia, sino sobre todo por el conocimiento que las ciencias nos ofrecen constantemente en los avances permanentes que este siglo XXI viene alcanzando desde su principio.

Así pues el origen del hombre y de la vida no sólo se debe a la Fuerza Creadora del Universo, a la que llamamos Dios, sino que, a medida que el progreso, la ciencia y la evolución del hombre avanza, vamos comprendiendo aspectos cada vez mayores de esa Verdad primera, esa Inteligencia y Causa Primera que transciende la naturaleza física, psíquica y espiritual del hombre y de un Universo Armónico y Perfecto cuyas leyes comenzamos ahora apenas a vislumbrar.

Antonio Lledó Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

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