Leyes Universales

CELOS Y ENVIDIAS

 
 
 
  Continuando con el desarrollo de este programa de autorrealización y divulgación del conocimiento espiritual, hagamos un análisis de estos dos aspectos negativos, cuales son los celos y las envidias, que tanto obstaculizan y retardan el
progreso del espíritu, por su incidencia perturbadora en la facultad emocional del alma humana. Incidencia que puede alcanzar proporciones graves, que el celoso y el envidioso desconocen por falta de vigilancia de sus sentimientos y pensamientos. De aquí, la necesidad de dar a conocer algunos aspectos de estas dos taras del alma humana, a fin de que puedan ser identificadas. 
 
  CELOS.- Comencemos por analizar la acción de los celos. La condición de tendencia o propensión al sentimiento y manifestación de celos está en la psiquis del individuo. Es una tara congénita, cuya raíz está en el egoísmo, y que tantos estragos causa en las relaciones humanas y del hogar. Son una manifestación del amor propio. Tara que, en un grado mayor o menor, trae el ser encarnante, y que puede apreciarse fácilmente desde la infancia, atenuándose o acentuándose según la educación y las circunstancias ambientales. 
 
  Podríamos clasificar en dos grupos, las diversas manifestaciones de celos: del sexo o pasiones amorosas, y de relaciones sociales. Ambos son la manifestación de sentimientos morbosos, con un deseo de dominio, de posesión, de exclusividad, no controlados por la razón. 
 
  Cuando una persona deja penetrar ese sentimiento en su alma, su facultad emocional es afectada automáticamente, generando una vibración magnética perturbadora de intensidad variable que turba la razón, esa facultad de la mente que necesario es mantener libre en todo momento. Casos hay de tal intensidad, que rayan en la obsesión y locura momentánea, especialmente los celos relacionados con el sexo, conocidos como celos amorosos o pasionales. 
 
  En los casos de las relaciones sociales, acontece con harta frecuencia que, un empleado o trabajador en una empresa, se torna celoso por el progreso o mejoramiento de algún compañero, lo cual es causa de trastorno en su vida; porque, ese estado afectivo negativo le mantiene en constante desarmonía mental-emocional, con los consiguientes perjuicios de todo orden. También pueden apreciarse celos y envidias entre estudiantes, profesionales, comerciantes y otras modalidades en las relaciones humanas. 
 
  Cuando el afectado posee una educación moral superior, puede corregir fácilmente esa tendencia perturbadora, en la cual suelen influir (por ley de atracción) las fuerzas negativas invisibles. La mayor incidencia, es cuando el afectado no posee una buena educación moral y carece de ética; a más de que, como acontece en muchos casos, ignora las leyes que rigen esos fenómenos parapsiquicos o supranormales, y suele caer víctima de una perturbación mental que puede inducirle a cometer acciones indignas, de las cuales suele arrepentirse una vez pasada esa perturbación. 
 
  Los celos comienzan con una perturbación de algo que afecta al amor propio, vanidad u orgullo. Y una persona dominada por los celos, sea cual sea el origen de los mismos, no razona; porque su mente se turba con la fuerza psíquica de esa pasión enceguece- dora que le impide razonar con acierto, impulsándole a sentimientos, pensamientos y acciones poco dignas, que intoxican su alma; y puede caer en las garras del odio cuando da cabida en sí al resentimiento, que es la puerta de entrada a la mayoría de los casos de odio. 
 
  Los celos son siempre síntoma de debilidad moral y de gran pobreza afectiva. Con excepción de los casos psicopatológicos de sadismo, la persona celosa intenta, inconscientemente e involuntariamente muchas veces, colmar un gran vacío interior, en el cual suele haber un sentimiento de inferioridad. Y en muchos casos, son una forma de agudo autoritarismo, que puede producir a su vez nuevos desequilibrios, tales como: cavilaciones en diverso modo, obsesiones, así como reacciones emocionales e impulsos agresivos, que son síntomas de desequilibrio ocasionados por el egoísmo posesivo; con todo lo cual, la persona celosa se martiriza a sí misma tontamente y causa daño a otros, motivo de sus celos, y de cuyo daño es responsable. 
 
  La conducta del celoso varía mucho en cada caso, según el temperamento y la educación. Mientras los tímidos, los introvertidos, y aun personas consideradas buenas y normales, toman una actitud de víctimas, de ofendidos; el egoísta y dominante, se torna acaparador y agresivo, llegando en algunos casos al sadismo, especialmente el hombre bruto; y de acciones ruines. 
 
  ¡Cuántas horas de tormento causan los temperamentos celosos a sus víctimas y también a sí mismos! Si bien, hay casos en los que la persona celosa pudiera tener fundamento, pero los más, son motivos imaginarios creados por su condición; que es causa de sufrimiento al suponer escenas o motivos que sólo existen en su imaginación. 
 
(continuará)
 
SEBASTIAN DE ARAUCO
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