Leyes Universales

ARMONÍA

Armonía cósmica y armonía humana.

Factores productores de armonía y desarmonía, y su influencia.

El Amor como fuerza armonizadora.

La armonía es Ley de la Vida en todas sus manifesta­ciones, aun cuando, por falta de conocimientos no sea aprecia­da. Y en los planos y dimensiones espirituales superiores, todo es completamente armónico; porque, en ellos reina el Amor, que es fuerza armonizadora por excelencia, y por ende, la base de una perfecta relación armónica entre los seres que en ellos habitan y actúan; así como la fuerza de la perfecta relación entre los diversos astros, planetas y mundos del espacio infinito.

La armonía es consecuencia natural del amor y de la actitud mental positiva. No está en armonía, ni podrá estarlo, quien se aparte de la Ley del Amor, manteniendo sentimientos negativos como los de egoísmo, envidia, rencor, malquerencia, celos, etc.: y no ejercite control sobre sus pensamientos. Porque, esos estados afectivos con una actitud mental desorde­nada, sin control, generan fuerzas psíquicas desarmonizantes en alto grado, que inducen a cometer errores.

Todos los aspectos de la Naturaleza son armónicos por excelencia, porque están impregnados de esa vibración cósmica: AMOR. Vibración que también llega al ser humano, como parte de esa Naturaleza; y crea, o puede crear, ese estado de armonía mental-emocional generador de paz, cuando se le da cabida a esa vibración divina. Pero, por desventura, el ser humano la polariza con su egoísmo, transmutando la armonía en desarmonía, creando para sí mismo esos estados de infelicidad y amarguras.

“La armonía se obtiene por la virtud” -decía Platón. Y ¿qué es la virtud, sino la observancia de las leyes naturales y espirituales? Porque, es actuando dentro de las leyes que rigen la Vida, en su aspecto humano y en su aspecto espiritual (moral) que podremos mantenernos armónicos. Y esto es de suma importancia para el progreso espiritual, que es el verdadero objeto de las vidas humanas.

Cuando sintamos deseos de bien, cuando pensemos y actuemos con amor en nuestras relaciones humanas y en nuestro hogar, estaremos en armonía; nos colocaremos en sintonía con la vibración divina del Amor, transcendente en el Universo todo, que nos proporcionará esa sensación de paz interna tan necesaria. Y esa sensación de paz y felicidad, no es una ilusión, sino una realidad que el Alma superior percibe y proyecta a la mente y alma humana, produciendo ese estado de armonía psicofísica tan necesaria para una vida más agradable y feliz.

La desarmonía en la vida de algunas personas es consecuencia de su actitud mental y sentimental desacertada, al mantener esa actitud de egocentrismo que les enceguece y no les deja ver más allá de su inmediata y aparente conveniencia; actitud ésta, que crea un estado desarmónico y de fricción en las relaciones humanas y del hogar. Esas personas exigen de los demás lo que ellas mismas no dan, con lo cual amargan la vida de quienes con ellas conviven o se relacionan.

Todas las desarmonías en la vida, con sus discordias, asperezas y amarguras, tienen su origen en el individuo mismo, por falta de control sobre sus pensamientos, sentimientos y emociones. Son consecuencia de la desarmonía creada por esos estados mentales y afectivos. Los pensamientos y sentimientos elevados mantendrán en armonía a todo aquel que los sustente, ya que ellos están dentro de la Ley del Amor, que es armonía perfecta; mientras que los pensamientos y sentimientos bajos; ruines, conducen irremisiblemente a la desarmonía mental-emocional, que amargan la vida.

Todos construimos nuestro mundo con el material imponderable de nuestros pensamientos y sentimientos. Las vibraciones que emitamos determinarán la índole de nuestro mundo individual. Si las vibraciones emitidas por los pensa­mientos y sentimientos son armónicas, producirá salud, dicha y fortaleza, ya que por afinidad atraerán a nosotros otras vibraciones análogas que fortalecerán nuestra mente y alma. Pero, si son discordantes, desarmónicas, producirán dolencias, desdicha y debilidad; provocando un envejecimiento prematuro.

También las pasiones y toda esa retahíla de imperfec­ciones del carácter mantienen al individuo en constante desarmonía mental-emocional, que le arrastran a cometer errores que nuevamente son causa de más desarmonía. Y esos estados de desarmonía influyen grandemente sobre el sistema nervioso y sobre las glándulas de secreción interna afectando la salud.

A este respecto, dice el escritor y educador norteamericano, O.S. Marden, en su obra “Los Caminos del Amor”: …”Pocos son los que se dan cuenta y muchos no quieren creer que, cada arrebato pasional, cada excitación del ánimo, cada pensamiento desmayado, temeroso o pesimista, toda vibración de cólera, odio, avaricia, y demás ruines ambiciones; quedarán estampadas, no sólo en la urdimbre y trama de nuestro carácter, sino en los tejidos de nuestro organismo”.

“Análogamente -sigue diciendo- si enviamos una corriente de esperanza, amor, simpatía, gozo, benevolencia, generosidad y nobleza; no cesará hasta que, a través de nuestro sistema nervioso haya puesto todas las células de nuestro cuerpo en el mismo estado de vibración, estampando esperanza, gozo, generosidad y nobleza en los tejidos del cuerpo y en las facultades de la mente. Cada átomo de nuestro ser, asumirá el carácter e índole del pensamiento, actitud o emoción que lo puso en movimiento”.

Son muchas las personas que echan la culpa a los demás o al destino, de sus dificultades y desventuras, y andan empeñosos buscando quienes les liberen de ellas; por desconoci­miento de que en sí mismas está la causa y la solución.

La causa, por la actitud mental y afectiva desacerta­da en contraposición a las leyes de la Vida, en sus aspectos espiritual, psicológico y biológico, y por ende en completa desarmonía vibratoria que amarga sus vidas.

Y la solución está en adaptar su vida al orden y armonía universal, comenzando por cambiar de actitud mental depresiva, desechando todo pensamiento negativo y sentimientos contrarios al bien; que son los productores de esos estados desarmónicos.

Si observáis en vuestras relaciones humanas, notaréis que las personas pesimistas y amargadas, no gozan de tan buena salud como las optimistas y alegres. ¿A qué se debe? Pues, sencillamente, a que las vibraciones emanadas de las mentes pesimistas, son depresivas. Los pensamientos temerosos de enfermedad, por ejemplo, crean una desarmonía mental-emocional generadoras de vibraciones cargadas de magnetismo mórbido que influyen sobre las glándulas de secreción interna, especialmen­te la pituitaria, que es muy sensible a los estados afectivos y emotivos.

Todas las miserias y desventuras de este mundo derivan de que el ser humano no acierta a comprender que nunca será verdaderamente dichoso hasta que se armonice con su naturaleza superior y domine su naturaleza inferior. Pues, mientras el individuo vaya tras el espejismo de los placeres o se deje dominar por las pasiones en que su ego inferior le envuelve, vivirá desarmonizado y consiguientemente la infelici­dad será su compañera.

Si nuestra vida es desdichada es porque hay desarmo­nía interna. Las tristezas, desdichas e infortunios, son otros tantos acusadores de nuestra conducta. Son el riguroso cumplimiento de la Ley de Causa y Efecto, causas creadas por nosotros mismos, pero cuyos efectos podemos modificar. Modifiquemos nuestra actitud mental frente a las circunstancias desagradables que la vida diaria nos presenta, y ésta nos reflejará su otra cara, su otro aspecto.

Actuemos siempre dentro de los dictados de nuestra conciencia, que son la manifestación de nuestro Ego superior, y vivamos en armonía con las leyes de la Vida, único modo de alcanzar la felicidad, la felicidad alcanzable en nuestro mundo.

Realicemos con agrado, siempre, nuestras obligacio­nes, y demos un poco más de lo que sea nuestra obligación si queremos progresar en la vida y conformar una vida más agradable.

Vivir en armonía, es la base de la felicidad. En los hogares donde no hay armonía, todos se sienten desdichados. En cambio, en aquellos hogares donde hay armonía, hay felicidad; porque en esos hogares hay buenos sentimientos, hay amor, y la armonía es consustancial con el amor.

De todo lo expuesto se desprende la conveniencia, diré mejor, la necesidad, de mantenerse en armonía para una vida más feliz y progreso espiritual.

Si anheláis una vida más dichosa y libre de amargu­ras, cambiad vuestra actitud mental, manteniendo la mente libre de pensamientos negativos, y el alma libre de todo sentimiento de egoísmo, rencor, resentimientos, malquerencias, etc. Actuemos siempre con comprensión, bondad y justicia. Dignifi­quemos nuestra vida, actuando sin egoísmos, con amor fraterno en nuestras relaciones humanas; y con ello cumpliremos el nuevo mandato que el Mesías indicó: “Amaos los unos a los otros”. Porque, solamente amando podremos ser felices.

SEBASTIAN DE ARAUCO

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