Editorial

VIDA HUMANA ¿Origen Material o Espiritual?

El elemento de menor tamaño que puede considerarse vivo se denomina CELULA. Sabemos perfectamente que la mitosis celular dio origen a las primeras formas de diversidad en la vida y que gracias a ello se inició el ciclo evolutivo de la vida en el planeta. A continuación llegó la multiplicación de la vida mediante la reproducción sexual entre las especies, originando la diversidad y la evolución de las especies hacia todo tipo de formas y de manifestaciones de vida, animales, plantas, etc.

No obstante, el conocimiento espiritual nos confirma que en toda molécula de vida, sea partícipe de un organismo inteligente o no, se encuentra una parte psíquica que reacciona a los estímulos de diferente forma según la naturaleza de estos últimos.

Baste para confirmarlo con el experimento recientemente realizado con moléculas de agua en el Japón, donde científicos nipones pudieron comprobar las diferentes reacciones de las mismas según eran estímulos positivos o negativos. A los primeros las moléculas reaccionaban con una ampliación de su espectro electromagnético (más luz, más claridad), a los estímulos negativos, se oscurecían y se degradaban. 

Estas últimas investigaciones sobre las influencias psíquicas que experimentan las moléculas de vida en elementos inanimados como el agua, demuestran que la vida celular tiene un origen psíquico además de biológico. Si esto último acontece con los fluidos inanimados como el agua y otros elementos de la materia, que no intuir respecto a las especies que sienten como las plantas, que poseen emociones como los animales o como el hombre que es la especie dominante por su raciocinio. 

Afirmando lo anterior, hoy es un hecho científicamente demostrado que cada célula humana posee su ADN correspondiente y su replicante el ARN. Según el prestigioso bioquímico Robert Shapiro, simplemente por cálculo de probabilidades matemáticas, el origen de la primera célula bacteriana no puede deberse únicamente al azar de la denominada evolución química; y afirma: “muchos científicos «han optado por aceptarla como verdad que no puede ser cuestionada, consagrándola así como mitología» esto es la prueba evidente de la compleja intervención de una causa primera en el orígen de la vida.

 Si el psiquismo interpenetra las moléculas de la materia, que podemos decir de aquellas otras dimensiones que están descubriéndose con el avance de las neurociencias, de la conciencia y de la mente: las células neuronales ¿poseen psiquismo? ¿tienen vida propia? ¿Trascendemos la muerte física mediante nuestra realidad consciente, mental o psíquica.?

Desde el conocimiento profundo de las leyes que rigen la vida humana en su aspecto integral, se nos confirma el hecho de que en cada célula existe una parte psíquica apropiada para su función. Es más, la constitución del mapa genético de cada uno de nosotros, cuya parte biológica se desarrolla a partir de la concepción y la formación del neuroblasto (primera célula origen de una neurona) se corresponde con otro mapa psíquico que es realmente el molde que otorga vida al primero.

Este molde psíquico que suele denominarse periespíritu, psicosoma, etc. y que el científico e investigador Hernani Guimaraes Andrade definió como el MOB (Modelo Organizador biológico), es el responsable de que desde los primeros momentos de la formación del feto en el vientre de la madre, el embrión es capaz de sentir los estímulos y las impresiones propias del psiquismo de la madre, lo que sin duda afecta a su desarrollo y formación durante su constitución biológica de nueve meses.

Es evidente que los trillones de células que conforman nuestro organismo biológico, no sólo tienen vida propia sino que poseen su parte psíquica que se ve afectada como un todo según sean nuestros pensamientos, emociones y acciones. Quizás esto que comienza a descubrirse en los albores del siglo XXI no es más que la parte sensitiva del alma humana que tanto tiempo nos han explicado las religiones. Hoy podemos afirmar que el hombre es un todo integral, formado por espíritu y materia; y junto a ellos nuestro psiquismo es el encargado de unir y compaginar las fuerzas de ambos elementos; dotando al hombre de la debida sensibilidad y vida interior que le permite desenvolver sus actitudes en el universo en el que se desenvuelve. 

Esta concepción holística del ser humano y de su vida no es nada nuevo. En la antigüedad diferentes escuelas filosóficas pudieron establecer criterios integrales para la salud del alma y del cuerpo, tomando como un todo al hombre, un ser integral constituido de parte biológica, psicológica y espiritual; siendo así que cualquier reacción, alteración o disfunción de una de estas tres partes afectaba de forma sustancial a las otras dos. Ya hay médicos psiquiatras, neurólogos, fisiólogos y psicobiólogos que comienzan a intuir y a responder a los múltiples interrogantes de esta visión de la vida humana de forma completa.

 El descubrimiento de que las emociones perturbadoras (ira, el odio, la envidia, el resentimiento, el miedo) o persistentes degeneran en enfermedades que son somatizadas por los órganos físicos de nuestro cuerpo llegando a producir enfermedades es ya un hecho constatado.

La paz, el amor, la serenidad, el equilibrio mental y emocional, la armonía interior, etc.. generan a su vez descargas regenerativas en la psiquis de nuestras células. Como consecuencia de los pensamientos y emociones, los neurotransmisores que funcionan en el cerebro producen las sustancias químicas, hormonas, (adrenalina, dopamina, serotonina, endorfinas, etc) que posteriormente afectan la organización celular, enfermando o procurando la salud en los órganos del cuerpo.

Ante esta cuestión se presentan ante nosotros grandes interrogantes: si nuestros pensamientos y emociones son capaces de afectar nuestra organización celular y a nuestra salud, ¿cómo controlarlos? ¿es posible que la vida humana dependa tanto de nuestra naturaleza interior?. Y si es así, ¿porqué no se profundiza en el conocimiento interior de la psique y se persiste en el error de dar por sentado que todo es producto de una evolución química y material debida al azar?.

En esta primera década del nuevo siglo la comunidad científica está barajando nuevas posibilidades; cada vez más se refutan como incongruentes y falaces, criterios que el reduccionismo científico (*) había instaurado como verdades incuestionables. Véase el ejemplo de la evolución química detallado arriba respecto al origen de la vida. O esta cita del premio Nobel de fisiología Sir John C. Eccles:

(*) “ Sostengo que el reduccionismo científico rebaja de manera increíble el misterio de lo humano con su prometedor materialismo, con la pretensión de poder explicar todo cuanto sucede en el mundo espiritual por medio de patrones de actividad neuronal. Esta idea debe catalogarse como superstición. Debemos reconocer que somos criaturas espirituales, dotadas de almas que moran en el mundo espiritual, así como seres materiales cuyos cuerpos y cerebros existen en un mundo material”

 Lo mismo está ocurriendo respecto a los estudios de la mente y la conciencia, cada vez son más los investigadores de primer nivel que afirman que la conciencia no se produce por las sustancias químicas del cerebro, sino que lo trasciende y lo supera; afirmando que la mente nunca estuvo en el cerebro ubicada sino fuera de él. Ejemplos de pruebas palpables los encontramos en las investigaciones realizadas por el Dr. Eben Alexander, neurólogo de la Universidad de Harvard, profesor y neurocirujano; una de las más reputadas autoridades en el campo de la neurología mundial. (Ver su libro “La Prueba del Cielo” donde narra una experiencia personal)

El tiempo juega a favor de la ciencia y sobre todo de la verdad; es por ello que en estos momentos podemos afirmar que en estas primeras décadas de investigación científica del nuevo siglo, se derrumbarán con toda probabilidad los mitos científicos y las ortodoxias más recalcitrantes respecto al origen del hombre y de la vida. Esta última se abre paso con fuerza arrolladora por todo el universo y únicamente visiones miopes procedentes del miedo a la verdad se sustentan con alfileres y van derrumbándose a medida que avanza la investigación honesta, exenta de intereses espurios de élites instaladas en la negación y el escepticismo. 

Estas investigaciones y avances se corresponden con el auténtico espíritu científico de no aceptar postulados como dogmas de fe, algo muy común en la comunidad científica del siglo XX instalada en cómodos principios materialistas que los nuevos descubrimientos comienzan a cuestionar. Como decía R. Bacon “poca ciencia aleja al hombre de Dios; mucha, lo acerca a EL”; y pronto, muy pronto, antes de lo que pensamos, la libertad de investigación y de pensamiento, que se nos supone a la civilización actual, conseguirá presentar ante la sociedad nuevos paradigmas de hipótesis científicas, que definitivamente pondrán en el epicentro del progreso y desarrollo científico el origen del universo y de la vida humana desde una perspectiva inmaterial, psíquica y espiritual; acercándonos a comprender de esta forma la causa primera de la vida y de todo aquello que dio comienzo al cosmos del que formamos parte.

Antonio Lledó

© 2014 Amor, paz y caridad

 “Para que el azar haya producido la proteína que originan las células, la probabilidad sería de 1/20 elevado a 585 algo improbable en el tiempo y en el espacio. Por lo tanto para explicar este origen, solamente es posible a través de una inteligencia que direccione este fenómeno por intermedio de leyes naturales para producir la vida.”

Stanley Miller (Científico que reprodujo en laboratorio las teorías de Alexander Oparin sobre el origen de la vida).

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