UN MENSAJE

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Un mensaje

Este mensaje tuvo lugar cuando yo tenía entre quince y dieciséis años.

En una de nuestras reuniones de trabajo, Isabel entró en trance espontáneo; aquel día no teníamos prevista ninguna comunicación; en realidad, siempre teníamos presente que los mensajes o comunicaciones pudieran, o no, tener lugar. Sabíamos que los espíritus se manifiestan cuando ellos lo desean o lo creen útil y necesario, y nunca a nuestro capricho o lo que a nosotros nos parece importante.

Aquel día, como digo, nuestros hermanos espirituales creyeron útil aquella comunicación.

Me sentía cansada. Aquella semana había sido especialmente dura. Eran días de exámenes en el Conservatorio; las horas de prácticas se habían redoblado y las tareas de la casa contribuyeron a aquel cansancio.

Después del saludo habitual del hermano protector del centro, se manifestó otra hermana que se identificó como “una hermana que os sigue”. Luego, dirigiéndose directamente a mí, me dijo:

Querida hermanita: este mensaje es para ti. No has vivido la vida de una joven conforme a los años que llevas en la materia y que sería la adecuada para tu edad. Sin embargo, la has acatado con toda normalidad, y esa actitud nos ha proporcionado una intensa alegría. El mensaje que quiero darte es que nunca ocurren las cosas porque sí; siempre tienen un propósito, y tampoco son eternas.

Hermanita, quiero que sepas que te espera un hermoso futuro. Sé siempre honesta contigo misma y con los demás. Habrá, durante toda tu existencia, momentos buenos y otros en ocasiones complicados, pero si persistes en tu fe y nunca pierdes la esperanza, nosotros estaremos a tu lado. Cumple siempre tus deberes con el empeño que pueda dar ánimo a tu alma, y estarás preparada para el futuro que te aguarda.

Mucho amor fraternal para ti. Para todos.

Adiós.

¡Te espera un hermoso futuro!

Han ido pasando los años y, en efecto, a lo largo de ellos han sucedido hechos en los cuales mi vida se ha visto envuelta en sucesos muy complicados; otros no tanto, y muchos realmente gratos. En aquellos que dejaron una profunda y dolorosa huella en mi alma, recordé las palabras de aquella hermana, su mensaje y su advertencia: -Si no pierdes la fe…

Ciertamente, en esos acontecimientos negativos es muy fácil olvidarse de la fe y se diluye la esperanza.

Por lo general, se considera el futuro como algo que ha de llegar en algún momento de nuestra existencia. Cuando van pasando los años y todo continúa igual, es cuando nuestra fe se pierde y se desvanece la esperanza.

Afortunadamente para mí, al recordar a la querida hermana tuve la fortaleza suficiente para afrontar esos momentos tan duros. En ese recuerdo estaban también los conocimientos que había adquirido. Y en esos conocimientos estaba el concepto ‘futuro’. No el futuro material, sino el futuro del espíritu. Durante todos los años que permanecemos en este mundo trabajamos, o debemos trabajar, para ese futuro que no es otro que nuestro regreso al plano espiritual.

No sé si habré cumplido, aunque haya sido en parte, con mi trabajo. Lo sabré en el futuro.

 Un mensaje por: Mª Luisa Escrich.

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