Soy un espíritu amigo: En mi último periplo como mujer encarné; hoy os traigo el testimonio de las deudas que pagué.
Cuando reencarné en la Tierra me acompañaba un bagaje de pruebas y de rescates que yo había acumulado en mis últimos dos viajes.
Hermanos que os agitáis en torno a vuestros dolores; en la Tierra yo sufrí esos mismos sinsabores; dolores que yo pedí.
Una grave enfermedad me tuvo postrada en cama buena parte de mi vida; pero aprendí a soportarlo; nunca me di por vencida.
Fue muy dura mi batalla; yo tenía que ganar la guerra contra el dolor. ¿Por qué no pedir ayuda? ¿Acaso no escucha Dios?
Me refugié en la oración. La ayuda que yo pedí jamás me fue denegada; dolores y sufrimiento con la oración mitigaba.
Fue factor determinante que mi adorada familia con su amor me rodeara, porque cuanto más sufría más intensamente amaba.
Cuando abandoné este mundo al cruzar a la otra orilla, plena de Amor encendido mis pasos condujo Dios por un paraje cencido.
Un paraje que Dios guarda, mientras pasan por la Tierra, para aquellos de sus hijos que a pesar de los escollos no torcieron su camino.
Mis muy queridos hermanos: No rechacéis los dolores; no reneguéis de las penas; son la entrada a ese paraje cuando se deja la Tierra.
¡Es tan hermoso el paraje…! ¡Sufrir merece la pena!
Un mensaje de esperanza por: Mª Luisa Escrich
Guardamar, 25 de marzo de 2021.
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