GIUSEPPE MOSCATTI

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Giuseppe Moscatti
Giuseppe Moscatti

El médico de los pobres

Nació en la ciudad italiana de Benevento en 1880. Era hijo del presidente del Tribunal de Justicia, y cuando tenía 8 años se trasladó a vivir a Nápoles, ya que a su padre le habían ofrecido un cargo de superior entidad.

Cuando tenía 12 años ocurrió una desgracia en su familia, que fue el revulsivo que hizo al joven Giuseppe orientar su vida de una manera clara: su hermano Alberto sufrió una mala caída de un caballo en Turín, durante un desfile militar, quedando gravemente afectado por el fuerte traumatismo craneoencefálico del que derivaron ataques epilépticos y que, a la postre, le causaron la muerte. Giuseppe pasaba largas horas junto a la cama donde yacía su hermano para cuidarle, y ahí fue donde se maduró en su mente la idea de hacerse médico. Acabado el bachillerato con excelentes calificaciones, el muchacho se matriculó en Medicina. Y su intención, como profundo creyente que nunca abandonó su fe católica, fue la de procurar alivio a los dolores, tanto del cuerpo como del alma, y haciendo especial hincapié en aquellos pobres desahuciados de los que casi nadie quería ocuparse. 

Y así lo hizo. Estudió y sacó la carrera; llegó a ser catedrático de varias disciplinas médicas; y siempre con la mirada puesta en adquirir los mayores conocimientos para poder ayudar a cuantas más personas fuera posible: nunca dejó de estudiar los avances que la ciencia médica lograba en su época.

Compaginó magistralmente su actividad científica con las obras de caridad; y hay que decir de él que siempre sostuvo que no debía haber contradicción entre ciencia y fe, puesto que ambas persiguen el mismo objetivo, el de contribuir de modo positivo en la vida del ser humano.

Giuseppe Moscati llegó a disfrutar de un gran prestigio entre sus colegas, pero él nunca buscó el elogio; es más, cuando era felicitado tras haber salvado una vida en una operación difícil, él respondía:

El Señor dirige todo, también la mano del médico. A Él solo hay que dar las gracias.

Giuseppe Moscati era un médico con dedicación completa. Acudía a todas las llamadas de asistencia en los barrios más pobres de Nápoles, sin importarle la fatiga física, y siempre con una sonrisa y haciendo gala de un gran calor humano en el trato directo. Se llegó a decir de él que curaba con amor más que con medicamentos. Y añadiendo a todo esto el tema económico. Casi nunca cobraba sus consultas o visitas a los pobres, e incluso pagaba de su bolsillo las medicinas que les prescribía. Era un auténtico cristiano, cuya fuerza sacaba directamente de la oración y de la asistencia a la Santa Misa, siempre que podía. 

Su elevada espiritualidad le hizo alejarse de todo pecado; eligió motu proprio la castidad; y tuvo las imprescindibles posesiones materiales, prescindiendo de cualquier riqueza o lujo innecesario. Pudo disfrutar de fama y fortuna, pues también atendía a pacientes de familias ricas que le pagaban muy generosamente, pero el doctor prefirió un estilo de vida sencillo y dedicado a la actividad médica y benéfica. 

Un par de anécdotas quiero contar de este personaje extraordinario. La primera ocurrió durante la erupción del Vesubio en 1906. Moscati fue avisado del riesgo que se cernía sobre un hospital. El doctor se hizo cargo personalmente de las labores de evacuación, y apenas se hubo sacado al último enfermo, la techumbre del sanatorio se hundió bajo el peso de las cenizas que le habían caído.

La otra tuvo lugar en 1911 durante la epidemia que sufrió Nápoles de esa terrible enfermedad infecciosa llamada cólera. Mientras otros muchos médicos se ausentaban de sus puestos, Moscati se mantuvo en su puesto haciéndose cargo de las tareas peores o más duras.

En ese mismo año fue nombrado director del Hospital de Incurables y se le encomendó la tarea de formar a nuevos médicos. Y precisamente fue a un alumno suyo, ya doctorado en medicina, que le escribió una carta. En ésta, Giuseppe Moscatti le recomendaba la manera de atender a un enfermo… voy a reproducir literalmente sus palabras, pues no tienen desperdicio:

       El médico no sólo se debe ocupar del cuerpo sino de las almas, 

       con el consejo, y entrando en el espíritu, antes que con las frías 

       prescripciones que hay que llevar al farmacéutico.

Y para terminar esta breve reseña, otra anécdota que podría clasificar como premonitoria. Se encontraba examinando a un sacerdote entre otros varios pacientes, y le preguntó:

«¿Desde cuándo no celebra usted la Santa Misa?». «Desde hace dos meses», respondió el religioso. «Pues… pronto se curará, y por eso le quiero pedir que, por favor, ofrezca esa primera Misa por mí», contestó el médico.

Una semana después, y tras haber cubierto una mañana habitual de trabajo, Moscati se retiró a su habitación privada, diciéndole a la enfermera que no se sentía bien. Poco después, la enfermera entró para ver cómo se encontraba y se lo encontró muerto, sentado en su sillón con los brazos cruzados. Justo al día siguiente, aquel sacerdote recién recuperado de su dolencia bajaba a la capilla del hospital para celebrar la primera misa; allí le informaron del fallecimiento del doctor Giuseppe Moscati; tenía éste 46 años y 8 meses. Todo Nápoles comentó la noticia de la misma manera: «Ha muerto el médico santo». 

Sí, el médico santo, palabras también proféticas, pues en 1987 el Papa Juan Pablo II lo canonizó, otorgándole de manera oficial ese título de santidad. Sabemos por la doctrina espiritista el valor que tiene la santificación, pero si hay alguien que lo haya merecido es Giuseppe Moscatti, el médico de los pobres.

Para quien quiera saber más sobre este espíritu excepcional encarnado en la Tierra, les sugiero a los lectores que visualicen la película que puede verse en YouTube con el mismo título que el del presente artículo; es larga, pero merece la pena.

Giuseppe Moscatti por: Jesús Fernández

Documentación:

https:biopolitica.net, Giuseppe Moscatti – el médico de los pobres.

Wikipedia, Giuseppe Moscati.           

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