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LLORAR O NO LLORAR

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Llorar o no llorar

Este título parece ser un remedo de la célebre frase de Hamlet. Sin embargo, debería ser muy significativo para todos los que nos consideramos espiritistas. Esta reflexión ha surgido al leer una hermosa frase de san Agustín, a la que luego haré referencia. Esta misma frase me hizo recordar un episodio que tuvo lugar, y que no fue ni será el único, cuando desencarnó hace algún tiempo un querido hermano. Se produjo, como siempre, el mismo comentario: No lloremos su pérdida; nosotros, los espiritistas, sabemos cómo debemos afrontar estas situaciones; la muerte es solo un tránsito, y el dolor y nuestras lágrimas pueden conducirnos a la rebeldía…

He apuntado «como siempre» porque este concepto se ha extendido casi como un dogma entre los espiritistas.

Deseo aclarar que esta es una reflexión muy personal, y por supuesto sujeta a error, como no puede ser de otra manera; por ello, no trataré nunca de imponer mi criterio. Pero al mismo tiempo diré que mi reflexión viene avalada por el estudio y la búsqueda de algún concepto que me acerque a la verdad, aunque sea relativo, puesto que la verdad absoluta solo es atributo de nuestro Padre.

Y es así que, habiendo dedicado el tiempo suficiente al estudio del espiritismo (Allan Kardec), no he hallado ni un solo alegato en contra de una manifestación de pena o tristeza que provoque el llanto.

¿Qué son la pena, la tristeza o el llanto sino la manifestación de los sentimientos del alma humana? ¿Por qué deben ser reprimidos? ¿Acaso no ha sido Dios quien ha dotado a sus hijos con esos sentimientos? ¿Acaso Dios, en su infinita sabiduría, puede hacer algo que no tenga utilidad? Y aún podemos hacernos otra pregunta: ¿Quizá la tristeza, el dolor y el llanto son sinónimos de rebeldía? Es indudable que no. Así pues, nada debe frenar una manifestación de pena o de dolor ni evitar que las lágrimas afloren a los ojos cuando, por ejemplo, y siendo lo más doloroso, se produzca la pérdida de un ser amado, o ante la vista de un acontecimiento trágico…, tan solo debemos aprender a usarlos y no a reprimirlos. Llorar junto al que llora puede ser un paliativo para el dolor de los demás, al sentirse empatizado.

Y san Agustín… Este espíritu sublime nos dice (¿o quizá justifica el llanto con sus palabras?):

Las aguas riegan y fecundan la tierra, que corresponde con sus
abundantes frutos al bien recibido. Las lágrimas que derraméis
por los sufrimientos ajenos son también como aguas que riegan
y fecundan los campos del Amor inmortal.

Rechacemos los dogmas y el fanatismo en nuestra querida doctrina que puedan convertirla en una religión más. No es igual llorar movidos por sentimientos nobles que llorar de rabia lamentando nuestra «mala suerte».

Llorar o no llorar por: Mª Luisa Escrich

Guardamar, 27 de agosto de 2023

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