TANASIAS Y REENCARNACIÓN

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Tanasias y reencarnación

Tanasias y reencarnación

Como ya hemos explicado repetidamente en artículos anteriores de esta sección, la Reencarnación es la puerta de entrada nuevamente a la vida física, mientras que la muerte es la puerta de salida hacia la vida del espíritu, auténtica vida del alma en donde pasamos mucho más tiempo que sumergidos en la carne en una existencia de unos pocos años. 

Respecto a la salida del mundo físico hacia el espiritual, toman una dimensión importante las decisiones sobre cómo lo abandonamos. Pues con el desarrollo de la ciencia materialista y el escepticismo religioso derivado del dogma y la fe irracional, la elusión de los principios espirituales y la consideración únicamente materialista del ser humano, el enfoque sobre la muerte no alcanza la reflexión de la trascendencia del alma. 

Por ello, el tema de las Tanasias está de actualidad, pues hay quienes creen que el ser humano no tiene el derecho a decidir sobre la vida humana y, por otro lado, hay quienes se promulgan respecto al derecho de decidir sobre su vida o incluso la de otros (eutanasia activa).

Desde el punto de vista del conocimiento espiritual, la vida la da Dios y nadie tiene el derecho de acortarla o suprimirla. Desde el punto de vista de la bioética, uno de sus principios es “ante todo, no dañar”. Esto significa que, en los casos de sufrimientos graves o enfermedades crónicas terminales e irreversibles, deberemos optar siempre por los cuidados paliativos para evitar mayor sufrimiento al enfermo, pero sin acortar la vida. Expliquemos ahora las diferentes “tanasias” para que el lector pueda comprender las diferencias entre ellas.

1.- EUTANASIA

Es una palabra que deriva de sus raíces griegas que significan “el bien morir” (eu=bueno,  Thanatos=muerte), y la cual se ha definido como “la conducta intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por compasión o por razones médicas”; es decir, que un profesional de la salud ayuda a un paciente a morir cuando su cuerpo ya no responde al tratamiento o cuando la enfermedad está tan avanzada que ya no tiene posibilidad de salir adelante.

En este sentido, y bajo el enfoque espiritual, la eutanasia no es otra cosa que “un suicidio asistido”, consentido por la persona o no (si está inconsciente) y que genera más problemas que beneficios para la liberación y el tránsito del espíritu que debe partir hacia la vida espiritual. Como explica Kardec en el L.E. It. 162:

“La conciencia cesa, por fuerza, con la vida orgánica del cerebro, lo que no implica por ello que el periespíritu se haya desprendido por completo del cuerpo” 

2.- ORTOTANASIA

La ortotanasia se refiere a permitir que la muerte ocurra “en su tiempo cierto”, “cuando deba de ocurrir”, por lo tanto, los profesionales de la salud están capacitados para otorgar al paciente todos los cuidados y tratamientos para disminuir el sufrimiento, pero sin alterar el curso de la enfermedad y, como consecuencia, el curso de la muerte.

Es por ello que a este tipo de Tanasia se la denomina como “muerte natural”, y con arreglo a las condiciones ético-morales nos parece la mejor de las soluciones a efectos de permitir que la persona abandone su cuerpo cuando deba acontecer, sin prolongar artificialmente su vida ni adelantar su muerte mediante por eutanasia.

“En la muerte natural, que sobreviene por agotamiento de los órganos, el hombre deja la vida sin caer en la cuenta de ello”. A.K. L.E. It 154

3.- DISTANASIA

El concepto de distanasia, por el contrario, se refiere a la prolongación innecesaria del sufrimiento de una persona con una enfermedad terminal, mediante tratamientos o acciones que de alguna manera “calman” los síntomas que tiene y tratan de manera parcial el problema, pero con el inconveniente de estar prolongando la vida sin tomar en cuenta la calidad de vida del enfermo.

Este es un error que comúnmente solemos perpetrar: prolongar un problema irresoluble de forma artificial cuando es irreversible, y por sí misma la persona no podría sobrevivir sin los aparatos a los que se encuentra conectado. No es más que “impedir que se marche cuando debe”. En estos casos, el enfermo no puede manifestarse ni decidir por sí mismo, con lo que lo único que estamos prolongando es el sufrimiento y la angustia del alma que debe partir y está retenida. En la mayoría de estas situaciones, el espíritu se encuentra desligado de la materia, quedando únicamente el lazo que une el periespíritu al cuerpo físico mediante el mantenimiento de las constantes vitales que impiden el definitivo desprendimiento y transición.

“La muerte destruye sólo el cuerpo y no el periespíritu; el cual se separa del cuerpo cuando cesa en éste la vida orgánica”. Allan Kardec L.E.  It 155a

4.- MISTANASIA

Proviene del griego mys = infeliz y thanatos = (“muerte infeliz”), es decir, muerte miserable, precoz y evitable. Es la “muerte derivada de los malos gobiernos” por medio del mantenimiento de la pobreza, la violencia, las drogas, la falta de infraestructura y de condiciones mínimas para la vida digna, la disminución sistemática de la financiación sanitaria, el mal uso del dinero disponible, la eliminación de camas, servicios y unidades de salud, y la falta de compromiso de los poderes públicos con la vida de la población, corroídos por la corrupción, la incompetencia y la inhumanidad. Estas son facetas de la «mistanasia» que condicionan la vida y la muerte, aumentando la vulnerabilidad de los más necesitados. Y se dan con mucha frecuencia en los países pobres y subdesarrollados.

Como vemos, estas posturas y dilemas afectan a las decisiones que tomamos en todos los niveles al respecto de nuestra partida del mundo físico. Y ello tiene que ver mucho con la reencarnación, pues en una próxima vida, según hayamos vivido esta y de la manera en que la hayamos abandonado, deberemos afrontar las consecuencias inmediatas de nuestros actos. 

Por ejemplo, una persona que decide que le practiquen la eutanasia comete un suicidio asistido, y aunque la intención sea abreviar su sufrimiento, y esto sea totalmente legítimo, hoy día existen medios como los cuidados paliativos para evitar el mismo sin necesidad de acortar la vida. También la falta de entendimiento y comprensión sobre el “valor del sufrimiento”, cuando es aceptado y sirve de depuración para el alma humana, nos impide vislumbrar que, en la mayoría de las ocasiones, esos momentos de sufrimiento sirven enormemente al alma para depurar y rescatar errores graves cometidos en el pasado que la ley de justicia y causa y efecto nos obliga a reparar. 

Si impedimos ese rescate estamos perjudicando, no solo la depuración de ese espíritu, sino el libre albedrío que toda persona tiene a decidir, en el caso de que la decisión no sea tomada por el propio enfermo. De tal manera que, mediante esa expiación, adelantamos enormemente en nuestro avance espiritual, al desligarnos de una pesada carga que, si no fuera de ese modo, requeriría de una o varias existencias de dolor para reparar el daño causado.

La repercusión en vidas posteriores será también importante, pues todo aquel que se suicida, directa o indirectamente, comete un atentado contra las leyes de la vida y deberá responder por ello. Y si es suicidado por otros sin su consentimiento tendrá el atenuante de la intención, pero se verá también perjudicado, aunque en menor medida.

Sepamos pues que la vida no es patrimonio nuestro, ya que no llegamos a ella por capricho ni por casualidad. La vida la concede Dios y solo ÉL puede quitarla, adelantarla o prorrogarla.

Tanasias y reencarnación por: Antonio LLedó Flor

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