SOMOS EJEMPLO PARA ALGUIEN

0
59
Somos ejemplo para alguien

Somos ejemplo para alguien

Entre las leyes morales que nos explica de manera diáfana la codificación kardeciana se encuentra la ley de sociedad. De ella nos vamos a ocupar brevemente como introducción a las reflexiones que nos propone la mentora Joanna de Ângelis.

En la pregunta 766 del Libro de los Espíritus, las entidades venerables afirman que la vida social es algo natural. “Dios ha hecho al hombre para vivir en sociedad. No en vano le ha concedido la palabra y todas las demás facultades necesarias a la vida de relación”.

Afirman que gracias a algo tan básico como es el instinto, el hombre busca a sus semejantes, y de ese modo puede cumplir con su deber de colaborar en el progreso de todos, ayudándose mutuamente. Al mismo tiempo, y en el ángulo inverso, existe un peligro que puede llegar a ser grave; cuando el ser humano se aísla de los demás, se embrutece.

El progreso, desde esa perspectiva, nunca es individual, puesto que los demás poseen aquello que a uno le falta, y viceversa. “Ningún ser humano tiene facultades completas. Mediante la unión social los hombres se complementan recíprocamente a fin de asegurar su bienestar y progresar”. (Libro de los Espíritus; Ítem 768).

No obstante, podemos preguntarnos: ¿Cómo se opera dicho progreso? Una vez más, la venerable Joanna nos indica algunas claves:

Aunque no lo sepas, eres ejemplo para alguien. (*)

El hecho de vivir en sociedad hace que asimilemos, por ley de afinidad, lo que observamos de quienes nos rodean y con lo cual nos identificamos. Así ocurre desde la más tierna infancia, en el seno del hogar; incluso, podríamos decir, aquello que percibimos y sentimos desde antes de nacer, durante el periodo de gestación, por los vínculos espirituales y afectivos que se establecen con quien va a ser nuestra madre en la presente existencia, y la relación que ella tiene con el entorno que le rodea.

Por otro lado, en Hebreos 12:1 nos encontramos con un texto bastante significativo que va mucho más lejos: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.

Somos ejemplo incluso para aquellos que no vemos, y que se encuentran en el otro plano de la existencia. En los procesos y terapias de desobsesión se recomienda siempre la moralización personal del “obsesado”, y obviamente del equipo que participa en la ayuda espiritual, para seducir no solo con palabras, sino con pensamientos, sentimientos y acciones edificantes a aquellos enemigos acérrimos del pasado. No existe otra terapia más poderosa que esa.

Siempre existen personas que están observando tus actos, incluso los equivocados, y se afinan con ellos.

Muchas personas buscan una justificación a sus actos, a su conducta diaria, bajo el principio de que la moral es muy laxa, con el argumento de que “todos hacen lo mismo”, o que es un problema generalizado que “yo no voy a resolver” o “la gente es así”. Creen que sus defectos y carencias, cuando se entremezclan con las del resto, pierden visibilidad e importancia.

Por ejemplo, aquella persona que es deshonesta en su vida puede justificarse con el argumento falso de que “todo el mundo de una manera u otra también lo hace, empujados por las circunstancias”, cuando la realidad es muy distinta. El grado de responsabilidad de cada uno no depende del círculo social en el que se mueve o de su escala de valores, sino del grado de conciencia, de moralidad que haya conseguido desarrollar. A mayor conocimiento, mayor responsabilidad. Ante esto no se puede alegar ignorancia, puesto que poseemos el legado que los grandes avatares de la humanidad y en todas las épocas nos han ofrecido, con su ejemplo, sus palabras y con sus vidas. Un Francisco de Asís, una Teresa de Ávila, el propio Maestro Jesús, Buda, Krishna, etc.

De ese modo eres responsable, no solo por lo que realices, como también por lo que tus ideas y actitudes inspiren a otros individuos.

Vivimos la era de la apariencia, de la hipocresía. Muchos ofrecen una imagen de unas cualidades que no posee y seguramente tampoco le interesan, pero necesitan de esa pantalla ficticia para sentirse integrados y aceptados socialmente.

Siendo conscientes de la responsabilidad que posee el ser humano en el transcurso de la convivencia social, como indica la mentora Joanna, se requiere de un recto pensar para hablar y manifestarse de manera correcta; y de esa manera, convertirse en una buena fuente de inspiración para los otros; para ello es imprescindible la coherencia entre las ideas, las actitudes y el comportamiento, evitando siempre la falta de integridad motivada por la hipocresía y la manipulación que se suscitan cuando se busca alcanzar un objetivo, pero no se tiene el coraje para afrontarlo, empujando a otros a que lo hagan por uno mismo.

Los dictadores y arbitrarios, a solas, nada conseguirían hacer, si no fuese por aquellos que piensan de igual modo y los apoyan.

La historia está llena de abusos y atropellos consecuencia de gente poderosa que buscaba ampliar su gloria, su poder y sus posesiones. Siempre, en esos casos, y como muy bien dice la mentora espiritual, sin la ayuda de otros tan ambiciosos como él jamás lo podrían haber logrado. Un poder y una gloria, por cierto, que acaba por ser efímera, cuyo momento álgido pasa más pronto o más tarde, como siempre ha ocurrido desde tiempos remotos.

Así también, la obra del bien fallecería si no hubiese personas que se vinculasen con sacrificio y amor.

Los buenos ejemplos siempre arrastran a otros. Tienen un poder que ni las apariencias ni las formas exteriores pueden substituir nunca. Muchos misioneros de lo Alto, espíritus superiores, encarnan sin cesar para ayudar en el progreso de los pueblos. Con su conducta de renuncia y amor incondicional despiertan conciencias, estimulan el progreso moral y el bien.

De esa manera, cuando el ser humano, ya con una cierta sensibilidad espiritual, recibe amor incondicional y experimenta sus beneficios inigualables, ya no vuelve a ser el mismo. A partir de entonces toma las riendas de su vida, comprende que forma parte de una gran familia espiritual; y al mismo tiempo que se entrega, encuentra la felicidad relativa, aquella a la que puede aspirar el ser humano en un mundo como este, todavía de expiaciones y pruebas.  Experimenta a su vez el gozo de darse a los demás; un descubrimiento que le empuja al progreso y a la ascensión sin retorno.

Cuida de lo que hables y realices, motivando seguidores que se edifiquen y obren correctamente.

Sin creerse superior a los demás, aquel que toma conciencia del papel que puede jugar en su entorno y de la influencia que puede ejercer sobre sus semejantes se responsabiliza, cuida más sus reacciones y comportamientos. Sin duda, continuará equivocándose; no obstante, será más consciente y tratará de corregirse para poder ayudar mejor, porque de esa manera se siente más satisfecho, más realizado interiormente.

En resumen y como reflexión final, somos como vasos comunicantes; vivimos inmersos en una marea de pensamientos, sentimientos, emociones. Es el propio ser quien decide el camino que quiere tomar, y al mismo tiempo, sin proponérselo, invita a otros a que le sigan.

 

Somos ejemplo para alguien por: José Manuel Meseguer

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

(*) El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem: 120; Joanna de Ângelis – Divaldo Pereira Franco.

Publicidad solidaria gratuita