Editorial

¿RETROCESO EVOLUTIVO?

¿Pueden los Espíritus degenerar?: No, conforme avanzan comprenden lo que les aleja de la perfección, y cuando superan una prueba adquieren el conocimiento de ella y no lo olvidan. Pueden estacionarse mas no retroceder” L.E.  – It. 118 – Allán Kardec

Siguiendo la respuesta que los espíritus dieron a Kardec, el retroceso evolutivo parece imposible, salvo que consideremos que el estacionarse y no querer avanzar constituye en sí mismo una especie de retroceso.

Efectivamente, cuando el libre albedrío del espíritu debe elegir el camino del bien o del mal, se presenta ante él la gran prueba que determina su presente y su futuro. Creados simples e ignorantes, ningún espíritu es creado bueno ni malo; son sus propias decisiones, en su trayectoria evolutiva desde la ignorancia a la sabiduría y el amor, las que propician el adelanto o el retraso evolutivo del que hablamos.

Podríamos plantearnos una pregunta: ¿un espíritu que pertenece a un mundo superior al de la Tierra podría retroceder y retrogradar de tal forma que fuera obligado a reencarnar en un mundo inferior?

La respuesta es compleja, y debemos abordarla en el contexto de la propia evolución del espíritu y del mundo al que pertenece o está adscrito. Así pues, la leyenda de “los ángeles caídos” puede ilustrarnos sobre cómo espíritus de mayor evolución a los que habitaban la Tierra fueron obligados a abandonar su hogar -el planeta al que pertenecían- para reencarnar en la Tierra debido a una especie de expiación que debían afrontar en un momento determinado de la evolución de su propio planeta, que cambiaba a un mundo de regeneración para el cual no consiguieron los méritos necesarios.

Las leyes divinas -justas y perfectas- no tienen privilegios ni concesiones arbitrarias para nadie; todos recogemos aquello que sembramos y somos responsables de lo que hacemos. La pregunta sería: ¿retrogradaron esos espíritus que en un planeta superior se vieron transferidos a un planeta inferior como era la Tierra hace miles de años?

¿Es esto un retroceso o un ajuste en las leyes de la evolución del espíritu, donde la justicia divina impera y se manifiesta para permitir la rectificación de los errores y la adquisición de aquellas conquistas evolutivas que, por propia decisión, no se quisieron alcanzar?

Preguntado Pitágoras acerca de la evolución del alma y de los mundos, contestó de la siguiente forma:

“La Evolución material de los mundos y la Evolución espiritual de las almas son paralelas, y se explican la una por la otra” Pitágoras S.VI a.C.

Aquí, en esta frase, hallamos implícita la explicación del tema que nos ocupa. Es completamente cierto que los espíritus iniciamos nuestra evolución en los planetas y nos vinculamos a ellos como nuestra casa o escuela de aprendizaje a través de las diversas existencias en las que vamos progresando y creciendo en inteligencia y moralidad. 

Pero, al igual que el libre albedrío que Dios nos concede para caminar más o menos rápidamente hacia la plenitud, en el caso de los planetas tienen unos ciclos determinados en los que han de subir de categoría espiritual para permitir un mayor progreso moral a los espíritus que los habitan. El tránsito de un mundo de expiación y prueba como el nuestro a otro de regeneración es algo que acontece en todos los planetas. Actualmente nosotros estamos viviendo esa misma época. Y aquellos que vinieron de otro planeta son precisamente los espíritus que no superaron esa misma prueba en el planeta de origen, y que se vieron obligados a emigrar de su propio mundo al ascender a una escala evolutiva superior para la que no estaban preparados.

“¿De qué manera puede el progreso del intelecto conducir al progreso moral? Haciendo comprender el bien y el mal. El desarrollo del libre albedrío sigue al de la inteligencia y aumenta la responsabilidad de los propios actos.”      Allán Kardec L.E. – Ítem 780a

La misericordia divina y las leyes que Dios impregnó en el devenir del espíritu humano le permiten rectificar en otro planeta inferior a fin de alcanzar el nivel espiritual que no quisieron conseguir en su planeta de origen. De esta forma reencarnan en planetas más atrasados, y se convierten en aquellos que permiten avanzar a las razas autóctonas del planeta al que llegan. 

Estos espíritus no retrogradan, tan sólo se les ofrece una nueva oportunidad de alcanzar la elevación moral que por negligencia, rebeldía, negatividad o imperfección no quisieron corregir, y que les impidió seguir en su  mundo de origen al producirse el cambio a un estatus superior en su planeta. Su inconsciente, al reencarnar en un mundo para ellos más atrasado, les recuerda constantemente -“rechinar de dientes”- que ellos proceden de un lugar superior, y se esfuerzan en rectificar para alcanzar el nivel que les permita regresar. Una vez lo consiguen, retornan al lugar y al planeta del que nunca debieron salir si hubieran realizado un esfuerzo por “acompasar su evolución a la del planeta al que pertenecen”. Esta es la explicación de Pitágoras.

El perfeccionamiento de la humanidad ¿sigue siempre una marcha progresiva y lenta? Existe El Progreso regular y lento.., y cuando un pueblo no adelanta lo bastante rápido, Dios imprime una sacudida moral o física que lo transforma. A. Kardec L. E. Ít. 783

En la codificación espírita, más concretamente en el Libro de los Espíritus, en los ítems 114-127, Kardec pregunta y los espíritus contestan de forma magistral acerca de las implicaciones morales que en la evolución de los espíritus tiene el uso del libre albedrío, siendo este el que condiciona la propia trayectoria del ser inmortal, y estableciendo un paralelismo con los niños -simples, ignorantes y faltos de experiencia- en el inicio de una vida física, donde, o bien se estancan (niños rebeldes), o progresan si tienen un alto grado de docilidad.

Esa docilidad, que en el caso del espíritu con un cierto grado de progreso puede extrapolarse a la sumisión a la voluntad divina, permite a las almas progresar acordes al progreso de los mundos, aceptando las pruebas e intentando superarlas con buena voluntad y disposición. Todo ello con la comprensión necesaria del inicio y el final del camino que nos espera.

Así pues, por mucho que el espíritu en su libre albedrío se obstine en estancarse o retroceder, el futuro que le espera es siempre el mismo: la perfección y plenitud a la que todos estamos destinados. Este es el único fatalismo al que el hombre se encuentra supeditado por las leyes divinas: alcanzar la felicidad y la plenitud, vibrando en amor y perfección para toda la eternidad cuando termine su trayecto evolutivo.

No podía ser de otra forma, pues siendo el Universo Todo una obra del Amor infinito, y siendo el Amor la mayor expresión del creador en su obra, la criatura más perfecta de la creación -el ser humano- no podía estar exenta del destino inevitable que la naturaleza divina imprime a todo lo que existe. Pues cuando el espíritu vibra en Amor, ningún retroceso es posible, al entrar en sintonía con la mayor Fuerza del Universo que le impele constantemente a progresar.

¿Retroceso evolutivo? por:    Redacción

©2018, Amor, Paz y Caridad

El hombre no puede permanecer para siempre en la ignorancia, debe llegar a la meta que la providencia le señala. Las revoluciones morales y sociales se infiltran paulatinamente, germinan durante siglos y después estallan…  A. Kardec L.E. It. 783

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