REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO

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Reflexiones sobre el trabajo

ENTRE LA OCIOSIDAD Y LOS BIENES MATERIALES

“El espiritismo no concibe el trabajo como “una condena”, sino como la necesidad de la evolución humana y terrenal. Trabajar no es sufrir, sino progresar, desarrollarse y conquistar la felicidad por la satisfacción del sentido del deber bien realizado”.

Antes de abordar nuestra opinión sobre este tema tan infravalorado por gran parte de la sociedad actual, nos gustaría comenzar con algunos conceptos sobre el mismo basados en los sistemas de creencias por un lado y las ideologías políticas preconcebidas por otro.

Abarcando dos extremos podemos concebir que en algunas teologías cristianas, como la católica, se nos presenta un mundo espiritual ocioso donde las almas que se salvan pueden gozar de la “eterna ociosidad” que les reporta su estancia en el cielo católico. Todos tenemos la imagen de aquel paraíso celestial de los beatos, vacío y tedioso, donde nadie hace nada porque ya todo lo tienen conquistado.

Bajo este concepto tan estrecho de miras, la evolución y el progreso terminan de una forma brusca y no existe un futuro ni perspectivas de adelanto ni transformación, algo contrario a las propias leyes físicas y espirituales que rigen en el Universo, donde todo cambia y se transforma para avanzar siempre a mejores y mayores niveles de perfeccionamiento y adelanto.

Por otro lado, elegimos el concepto materialista de algunas ideologías de corte marxista, donde toda felicidad se encuentra en los productos materiales que se obtienen de trabajar. Un mundo de este tipo materialista, de trabajo y abundancia para todos pero sin perspectivas espirituales ninguna, sería algo hueco y aburrido, oscuro y sin capacidad de desarrollar las mejores cualidades del interior del ser humano; un paraíso terrenal sin sentido y utópico. El egoísmo, el orgullo y la imperfección humana lo harían imposible, al seguir imperando la desigualdad que se derivaría de las ambiciones de cada cual por obtener más y más bienes materiales sin importar el expolio, el respeto o el abuso sobre los derechos y los bienes de otros.

A ello contribuirían también las diferentes aptitudes que los seres humanos manifiestan desde que nacen, lo que hace imposible la igualdad en todos los sentidos, ya que el alma humana no se crea con el cuerpo sino que es milenaria y preexistente al nacimiento, mostrando en cada existencia en la Tierra el nivel alcanzado por sus méritos y esfuerzos realizados en sus vidas anteriores.

El paraíso terrenal del materialismo, es equivalente al paraíso celestial de los beatos”.

J. Herculano Pires

Esta frase anterior sirve para definir lo explicado arriba, y nos induce a considerar que el trabajo tiene que tener un fin mucho más útil y un sentido y propósito más noble y elevado del que nos ofrecen los ejemplos mencionados. En este sentido, hay quien piensa que el trabajo es una ley de la naturaleza considerada en el sentido de que se trata de una necesidad para el hombre, y que la civilización obliga al trabajo al aumentar sus necesidades.

Desde un punto de vista estrictamente psicológico, sin duda un trabajo digno realizado a satisfacción por el individuo, sin verse sometido a explotación alguna, concede una sensación de plenitud, autoestima y valía personal que permite al ser humano una madurez psicológica mediante el cumplimiento del sentido del deber que le ayuda a proveer en su familia lo necesario para ofrecer lo mejor a sus seres queridos mediante su esfuerzo.

Y si a ello le añadimos una conducta recta y una conciencia limpia, el trabajo digno se convierte en aliado del alma reencarnada como la herramienta de adelanto, progreso y desarrollo intelectual y moral que sublima la tarea que hemos venido a cumplir a la Tierra, afrontando las responsabilidades adquiridas y las pruebas y expiaciones que se nos presentan.

“A no ser por el trabajo, el hombre permanecería en la infancia de la inteligencia”

Allán Kardec, L.E., ít. 676

En la época que Kardec escribió esta frase sugerida por los espíritus, la concepción del trabajo era muy distinta a la de la actualidad. Sin embargo, esto no cambia nada si sabemos contextualizar el aspecto importante de la misma. A finales del XIX, alimento, bienestar y seguridad familiar estaban vinculados exclusivamente al trabajo y la actividad del mismo. Hoy podría ser  diferente porque los medios de producción, la organización del trabajo y los derechos conquistados por los trabajadores en este ultimo siglo han sido importantes, pero no definitivos. En muchos países todavía no se respetan estos derechos y existen trabajos muy precarios en regímenes de semiesclavitud a causa de la miseria y la pobreza.

Sea como fuere, entonces y ahora, el sentido de la frase hace referencia al hecho que durante la actividad y el trabajo se desarrolla la inteligencia y se avanza en progreso, tecnología y ciencia. Ningún invento, aplicación, descubrimiento científico o tecnológico importante se produce sin tener detrás enormes cantidades de esfuerzo e investigación, acompañados por el trabajo de multitud de personas. De aquí el sentido profundo del concepto expresado: el trabajo ayuda en el progreso de la civilización mediante el desarrollo de la inteligencia de aquellos que lo ejercen.

En un sentido más amplio, de contexto naturalista preferentemente, podemos entender que si observamos la realidad que nos circunda, la Naturaleza en toda su expresión trabaja de continuo. Las transformaciones que se producen sirven para modificar sistemas y hábitats que, salvo los que son contaminados por la huella humana, producen por sí mismos un desarrollo y mejora evidente. Los propios animales trabajan por la mejoría de su especie, por su protección y cuidado, ya que actúan por instinto.

El hombre es diferente al tener inteligencia y conciencia de sí mismo, pero no va en contra de las leyes de la naturaleza sino que se armoniza con ellas cuando, a través del esfuerzo y el trabajo bien hecho, conserva y protege su vida y la de los suyos, desarrolla sus cualidades intelectuales y volitivas, respeta y mejora su hábitat y el ambiente de los que le rodean, procurándoles un futuro mejor del que él ha tenido, sacrificando su esfuerzo por los demás y al mismo tiempo alcanzando mayores niveles de adelanto por su resiliencia ante las dificultades y las necesidades a las que se ve sometida su capacidad cognitivo-intelectual cuando llegan los obstáculos en el esfuerzo y se ve obligado a pensar las mejores soluciones con las que resolver los problemas que su propio trabajo le presenta.

De esto se deduce que ser útil a los demás, perfeccionar su inteligencia y la de los demás constituye así mismo un trabajo digno para todo ser humano. Otro aspecto del trabajo que nos ofrece la pista de su importancia para el hombre, aunque este no lo reconozca, es cuando se generaliza la falta del mismo. Muchas personas se ven abocadas a fuertes crisis emocionales y psicológicas que degeneran en depresión debido a la pérdida del trabajo o a la falta de encontrar uno.

Actualmente, en muchas sociedades acontece que los jóvenes apenas tienen posibilidades de encontrarlo, lo que les impide ser autónomos e independientes de sus familias al depender de su sustento. Este hecho está ocasionando graves crisis que incluso afectan a la constitución de las familias, al retardo de la emancipación de los jóvenes y al miedo al compromiso a la hora de formar nuevas familias debido a la tardía capacidad de obtener los recursos necesarios para su emancipación y a la volatilidad del trabajo en sociedades eminentemente competitivas.

Cuestiones que tienen que ver con la desigualdad en estas sociedades son importantes, pero lo que hemos querido resaltar en este artículo es la importancia del trabajo como un elemento positivo en el desarrollo y crecimiento integral del alma humana en un planeta como la Tierra, todavía atrasado en el sentido moral pero muy avanzado ya en lo tecnológico y científico.

Así pues, el último elemento que deberemos destacar relacionado con el trabajo en nuestra sociedad es el aspecto de la educación. Una sociedad con buenos niveles educativos en lo que respecta a la formación será mucho más productiva y tendrá mayores posibilidades de desarrollo.

Pero la educación presenta, además de la cuestión intelectual, la educación moral, que consiste en educar en hábitos saludables a fin de modelar caracteres atrasados, rebeldes o violentos, transformándolos en respeto, orden, previsión y desarrollo del esfuerzo y mérito personal. De esta forma el acceso al trabajo, el desarrollo del mismo y el bienestar y garantía de seguridad de la sociedad aumentan de forma notable. Y también así se consigue acabar con el desorden, la anarquía y la imprevisión que una educación bien realizada en lo moral-intelectual conseguirá alcanzar para la mayoría.

Reflexiones sobre el trabajo por: Redacción

2024, Amor, Paz y Caridad

“P: ¿Sólo debemos entender por trabajo las ocupaciones materiales?

R: No: el Espíritu trabaja, como el cuerpo. Toda ocupación útil es un trabajo”.  

Allán Kardec, L.E., ít. 675

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