Palabras de aliento

REFLEXIÓN SOBRE LAS CREENCIAS

          Un día, leyendo un poema, al terminar alguien me dijo:

-Eres muy creyente.

-Sí –le contesté-, mas creo a mi manera. No soy practicante de ninguna religión; creo en la bondad; creo en la sinceridad, en la tolerancia, en la comprensión; en la verdadera caridad y en el Amor con mayúscula, verdadero.

            Para mí eso es ser creyente, porque en todos esos valores es donde está el verdadero Dios.

          Es triste reconocer que nos hemos olvidado de algunos de esos valores, abriendo inmenso abismo entre unos y otros.

          Estamos empeñados en querer demostrar que somos distintos: -Yo soy mejor que tú! -Mi raza es mejor que la tuya. –Mi sangre es azul… Cuando el ser que se cree distinto sangra, ¿acaso su sangre no es roja, como roja es en todos los demás?

          Nadie es distinto. Todos nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Y todos nacemos de la misma forma; crecemos igual; igual nos reproducimos y, variando las causas, la muerte nos sobreviene a todos. Somos distintos porque nos hemos empeñado en serlo.

          Nos hemos separado; hemos abierto ese abismo por medio de la raza, la religión, la política…

          Ahora, cuando el hombre ha conquistado grandes cotas de ciencia, de tecnología, etc., ha abierto aún más la brecha con las lenguas. Ha creado una nueva Babel en la que, poco a poco, vamos perdiendo la capacidad del diálogo, porque no nos entendemos. ¡Los idiomas! Ya no hay solo los idiomas que podríamos llamar naturales. Son los idiomas que queremos imponer en nuestra propia casa, esa casa que compartimos unos cuantos millones de seres, ubicada en un rinconcito de la casa común que es el planeta Tierra.

          Nunca seremos libres mientras seamos esclavos de nuestros propios errores; porque un error es pensar que podemos crear algo grande por separado, desunidos y atendiendo solo a nuestro egoísmo.

          Las grandes metas se alcanzan con el esfuerzo de todos; todos saldremos a flote si nos entendemos; de otra forma, nos precipitaremos más y más en el abismo.

          Nos cansamos de decir: Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Acaso dijo: -¿Menos a estos o aquellos? No, Él no lo dijo; y nosotros, inconscientes, le estamos enmendando la plana; nos empeñamos en querer ser distintos, pero ¿en qué? Orgullo y soberbia.

          Reflexionemos, pues. Mientras no erradiquemos esos terribles “pecados” –orgullo y soberbia- jamás seremos libres y seguiremos siendo esclavos de nosotros mismos.

            Dios nos creó a todos iguales, y Dios no se equivoca.

 

Reflexión sobre las creencias por:   Mª Luisa Escrich

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