Reencarnación

REENCARNACIÓN

LEY DE EVOLUCIÓN
(Viene del número anterior)
El hombre civilizado de hoy, es el salvaje de ayer que, desde las primeras edades, viene evolucionando lentamente por medio del aprendizaje en las experiencias, en las vicisitudes y luchas, en el devenir del tiempo.
Pues, a medida que el ser humano avanza en su eterno camino de ascensión, su inteligencia y demás facultades se desarrollan como consecuencia del ejercicio de su mente, así corno nuevos y más amplios horizontes con nuevas experiencias y nuevos conceptos se presentan ante él que le atraen.
Es la Ley de Evolución que presiona sobre el Espíritu, ley universal del progreso que le llama, que le invita a avanzar en el eterno camino de la ascensión.
Pero, no siempre el individuo responde a ese llamado, y en las más de las veces, cede a las atracciones de su medio ambiente circundante, siendo arrastrado por el espejismo de las sensaciones, y se estanca, retardando su progreso.
No obstante, como el estatismo es contrario a la ley, ‘ésta actúa cié un modo no siempre agradable, y por medio de circunstancias que los humanos denominarnos adversas, le conduce amorosamente (como hacen los buenos padres para con sus hijos) hacia el ejercicio de sus facultades, obligándole a la solución de problemas y superación de obstáculos, con lo cual desarrolla las facultades intelectiva y volitiva, capacitándose para mayores realizaciones, contribuyendo con ello a su propio progreso y evolución.
En cada ser humano está grabado, de inequívoca manera, su grado de evolución: en la inteligencia que le anima, en la capacidad de amor, de sacrificio, de dominio de sí mismo; en su fuerza mental de irradiación y de atracción, su magnetismo espiritual y animal.
En el grado de capacidad analítica y conceptual para penetrar en lo profundo de las cosas, en el grado de sensibilidad y amor fraterno, de rectitud, etcétera, está bien demostrado el grado de evolución del individuo.
En cada existencia física, el ser humano evoluciona desde que nace, marcando las fases de la. infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez y muerte, con lo que la materia orgánica de lo que está compuesto el cuerpo físico, vuelve a su origen.
Y libre el Espíritu, sigue evolucionando en esa otra dimensión, aun cuando corno humanos no nos percatemos de ello, por ser tridimensionales en cuanto a percepción a través de los sentidos físicos.
Y como fue expuesto en el capítulo “Ciclos de Reencarnación”, después de un tiempo en el espacio, que varía en cada caso, el Ego, él ser espiritual, siente ansias de volver a la lucha del plano físico, a fin de desarrollar sus facultades latentes. Es la Ley de Evolución que le empuja hacia la eterna ascensión.
Una vida en el mundo físico, es tan sólo un momento en la vida eterna del Espíritu, del ente espiritual que anima la personalidad humana. Viene para adquirir experiencias, cumplir misiones o purificar (por medio del dolor o la práctica del amor fraterno) su alma impregnada de impurezas, saturada de magnetismo negativo, mórbido, debido a. sus errores y transgresiones a la Ley Universal del Amor, en el pasado.
Siendo LA PERFECCIÓN (en la cual están implícitas: la sabiduría, la fortaleza, el amor y la pureza), la meta hacia la felicidad, ¿como puede pretenderse que puedan adquirirse en una sola vida cuando en la mayoría de los casos ni siquiera se tiene acceso a los medios para adquirirlas?
Querámoslo o no, aceptémoslo o rechacémoslo; esa es la Ley Eterna de la Evolución del Espíritu.
Sebastián de Arauco
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