Reencarnación

REENCARNACIÓN

(viene del anterior)
PROCESO EVOLUTIVO DEL ESPIRITU
     En el plano físico, adquiriendo experiencias y conocimientos en cada vida, cada vez más amplios, que le llevarán a la sabiduría, desarrollando la facultad intelectiva en el estudio, aprendizaje y solución de los problemas en cada vida; desarrollando, asimismo, la facultad volitiva en la lucha y superación de obstáculos de toda índole, que en cada existencia humana
se le presentan, en concordancia a su capacidad. Además, la purificación del alma y desarrollo de la facultad sensorial, por medio de la práctica voluntaria del amor fraterno o vidas de dolor. Porque, mientras el ser humano no haya adquirido la bondad, mientras no haya sensibilizado su alma y vibre en amor, estará atado a la cadena de las reencarnaciones en los mundos atrasados.

     Durante cada una de las vidas humanas, múltiples son las oportunidades que se presentan de practicar el bien, de ayudar en una forma u otra a nuestros semejantes, de poner en práctica el amor fraterno, de cumplir con la ley divina de: «ama a tu prójimo como te amas a ti mismo», que significa: haz por él lo que tú, en su caso, querrías que se hiciere por ti.

   Nadie puede excusarse de no haberlo hecho por falta de oportunidades, porque la vida ofrece oportunidades mil de poner en práctica esta norma de conducta, base de una convivencia armónica en las relaciones humanas, a la vez que de mayor progreso espiritual.

     Nuestro mundo, al igual que todos los mundos que hayan alcanzado su madurez, es una escuela de aprendizaje para el Espíritu, en diferentes grados. Y, así como en los colegios no se pasa a un grado superior sin haber aprobado el anterior; asimismo, en la escuela de la vida, para tener derecho a vivir en mundos superiores que ofrecen al Espíritu nuevos campos del saber y una vida libre de sufrimientos, y por ende más feliz; es imprescindible superar todas las imperfecciones y pruebas, así como adquirir las experiencias que el mundo actual —el nuestro, por ejemplo— pueda ofrecer.

     En el plano suprafísico —la fuente de la verdadera sabiduría— el Espíritu también progresa, porque en el espacio hay una vida activa. Empero, dado la amplitud de este aspecto, que nos apartaría del tema y objeto de esta obra, nos vemos precisados a omitir detalles.

     La necesidad de evolucionar, impuesta por la Ley, está demostrada fehacientemente en el fenómeno psicológico de la insatisfacción. No bien un deseo es satisfecho, nace otro. En toda realización hay un anhelo que, una vez alcanzado en su primera fase, surge otra fase más amplia, más atractiva, que impele a continuar. Ciertos estados de insatisfacción, desasosiego, anhelos indefinidos, son sensaciones producidas por el Espíritu presionado por esa fuerza cósmica: Ley de Evolución.

     Nacer, es la vuelta del inquieto viajero desde el mundo del Espíritu, desde las moradas del Más Allá —felices o dolorosas— a los mundos físicos, indispensables para el desarrollo de los poderes latentes heredados del Creador Universal. Nacer en los mundos físicos para adquirir las experiencias que estos puedan ofrecer, desarrollar las facultades de la mente y del alma, volver a la vida del espacio, cuya duración varía según la necesidad del ser espiritual y su deseo de progreso; para volver nuevamente a la vida de la carne, a fin de seguir adquiriendo sabiduría, fortaleza, purificación y amor; porque, tal es la ley inmutable de los renacimientos.

     En cada una de nuestras existencias damos un paso más, adquirimos nuevas experiencias, nuevos conocimientos y algunas cualidades positivas, a la vez que vamos despojándonos de algunas imperfecciones; siempre en permanente ascensión de progreso. Porque, ése es el proceso evolutivo del Espíritu.

    La escala de ascensión del Espíritu, es infinita. Empujados por la Ley de Evolución, vamos ascendiendo lentamente en el tiempo y en el espacio, por medio de las mil vicisitudes y pruebas, desarrollando las facultades de la Mente y del Alma, capitalizando de vida en vida, de siglo en siglo, en inteligencia, sabiduría y amor.

    Por la reencarnación, cada uno vuelve a reemprender y proseguir la tarea del ayer, interrumpida por la muerte. De aquí la superioridad asombrosa de ciertas personalidades que aparecen en la historia de la humanidad, y cuya superioridad está fundamentada en la mayor capacitación adquirida, mediante el esfuerzo en sus múltiples vidas. CADA UNO APORTA AL NACER, LOS FRUTOS DE SU EVOLUCIÓN.

    Como dice el filósofo francés, León Denis, en su obra «El Problema del Ser y del Destino«: «Desprendiéndose lentamente, la humanidad, de la oscuridad de las edades, emerge de las tinieblas de la ignorancia y de la barbarie, avanzando a paso mesurado en medio de los obstáculos y de las tempestades. Va trepando su áspera vía, y en cada recodo de su ruta, entrevé mejor las grandes cimas, las cumbres luminosas en donde reinan la sabiduría, la espiritualidad y el amor».

    La mente del hombre es una manifestación del grado de evolución de su espíritu, mediante la cual, éste trae a su actual existencia, conocimientos que ya posee, por haberlos adquirido en existencias anteriores y en su vida espiritual. Porque, también en el espacio se aprende y mucho, cuando el Espíritu llega a sentir ya el ansia de progreso.

    Aun cuando las personas no son conscientes de los conocimientos adquiridos a lo largo de las experiencias humanas y espirituales, éstas permanecen siempre en el subconsciente y gravitan en la formación de la mentalidad del hombre. De aquí, todos esos casos de personas extraordinariamente dotadas para determinadas ciencias o artes.

    Si observamos en los diversos individuos que componen el conglomerado humano, aun dentro de nuestro propio ambiente circundante: el semblante, la configuración somática, aspecto, ademanes, expresiones, conducta, etc., de cada uno; podremos apreciar fácilmente, a simple vista, la notoria diferencia intelectual y moral existente entre unos y otros. Mientras en unos apreciamos una mente despierta y un temperamento dinámico, en otros vemos al individuo tosco, bruto o abúlico. ¿Podremos culpar a la Divinidad Creadora por estas diferencias? ¿Podremos admitir a la Sabiduría Cósmica —perfección absoluta— como creadora de imperfecciones o distribuyendo Sus dones a unos y privando a otros? No; porque éstos son diversos estados evolutivos del Ego. Esos últimos están más atrás en la escala evolutiva, son espíritus más nuevos; mientras que los primeros son espíritus más viejos, han vivido más vidas y, por ende, desarrollado su inteligencia y dinamismo en la lucha, a través de las edades.      

SEBASTIAN DE ARAUCO

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1 Comment

  1. 31 julio, 2010 at 06:42 —

    Hola, pasé por tu blog de casualidad, bueno conosco algo sobre la reencarnación lei a brian wess y sus libros varias ocasiones, sebes lo que dices, es cierto. “El ser humano busca,aprender de este mundo, y la verdad ha venido a aprender a sufrir, amar y reir, de todas estas cosas, la vida nos enseña, no importa en que cadena de experiencia estés, uno sale a la calle buscando respuestas, pero así somos, la verdad es que muchas veces nos sentimos solos, pero estas experiancias, de la casualidad y el destino, son por algo… y hoy cuando estaba a punto de dormir, le di click al blog que no era mio, y bueno aprendí mas…
    está bueno lo que escribes, sigue así.
    Lumaco…

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