“Todas las cosas comparten una esencia espiritual, el universo no es un lugar inanimado o vacío, es un organismo vivo imbuido de fuerza espiritual”.
Algunos investigadores ya confirman que la facultad de la conciencia es universal y que se halla en toda la naturaleza, estando a su vez siempre presente. Esta idea de que la conciencia se halla en todas las cosas ha sido denominada como “pansiquismo” (pan=todo, psyque=alma). También hace referencia a la idea de que las cosas materiales, por pequeñas que sean (un átomo por ejemplo) tienen un grado de proto-conciencia. Lo que viene a confirmar algunos postulados de las filosofías y ciencias espirituales que afirman que en todo el árbol evolutivo de los seres vivos existe desde su inicio una psique, una energía, una chispa independiente de la materia insensible que anima la vida.
El pansiquismo no es ni más ni menos que una alternativa al postmaterialismo, como lo es también el espiritismo o el enfoque espiritual que supera y sobrepuja el enfoque o visión religiosa o materialista de la realidad. Existen autores que incluso usan un término nuevo para designar la visión de la realidad espiritual y que denominan como “panespiritismo”. En conclusión, la base de estas alternativas al materialismo tienen un principio común y básico: “la esencia de la realidad es una cualidad a la que podemos denominar como espíritu o conciencia, que está en todas partes y en todas las cosas”.
Precisamente ya en el siglo XIX, Allán Kardec, codificador de la filosofía espírita, definió como uno de los objetivos de la misma el combate contra el materialismo, dejando claramente definido que la ciencia espírita y las conclusiones filosóficas que se derivan de esta doctrina espiritualista derriban con facilidad los supuestos materialistas dejando al espíritu inmortal como centro y esencia de la realidad que podemos percibir y aceptar.
“El materialismo resulta penosamente insuficiente como modelo de realidad.., y ha fracasado como intento de explicar la vida humana y el mundo”.
Prof. Steve Taylor, Libro: “Por una ciencia espiritual”
Comprendiendo la diferencia entre “el principio espiritual” y el “principio inteligente”, podemos abordar sencillamente esta cuestión. Como afirmó excelentemente el filósofo y escritor espírita León Dennis: “El Alma duerme en el mineral, siente en la planta, se emociona en el animal y piensa en el hombre”. Y todo parece confirmar, tanto en la ciencia como en las informaciones espirituales, la realidad de esa sustancia primitiva universal (FCU) que interpenetra todas las cosas, los espacios y los universos, y de cuyas combinaciones, modificaciones y asociaciones surge la materia y todo el Universo físico y espiritual.
La presencia energética o principio espiritual está presente e inmanente en la creación y dá origen a una especie de proto-conciencia que dirige siempre hacia el futuro la evolución de los seres vivos, plantas, animales, hombres, etc. Siendo así que va depurándose y perfeccionando a medida que la evolución celular y biológica alcanza los distintos reinos de la naturaleza. Y al llegar al ser humano se ve complementada con la incorporación del espíritu que dota a este psiquismo individualizado de libre albedrío, voluntad y conciencia de sí mismo.
Por ello, la conciencia remonta su origen al principio de la vida en la Tierra, y en sus formas más primarias formó parte de reinos de la naturaleza distintos al de la especie humana. Esta explicación nos confirma la evolución de la conciencia con un fin último, la individualización consciente en la especie humana, que es la única que tiene “consciencia de sí misma”, pero también evidencia que otros reinos de la naturaleza como los animales y plantas tienen no sólo su psiquismo y proto-conciencia (en algunos casos incluso individualizado como en los animales superiores), sino que son la suma de procesos evolutivos anteriores que camina siempre a estadios evolutivos superiores. Todo se encadena en el universo, nada está por azar, y todo contribuye a la perfección, progreso y adelanto de los seres que en él vivimos nuestras experiencias.
Es por ello que la evolución anímica es el paso previo a la aparición del alma inmortal de forma integral con plena conciencia de sí misma y de su individualidad y libre albedrío. Todo comienza con esa proto-conciencia que está impregnando todo lo que existe desde el principio del universo en el que aparece la materia, el espacio y el tiempo de forma simultánea, donde ese “principio espiritual” o “proto-conciencia”como queramos denominarlo, es el lazo que impulsa la evolución de las formas hacia las distintas realidades de la materia.
Ese principio espiritual creado por Dios presenta multitud de transformaciones de la sustancia única que origina el universo físico y espiritual, denominada Sustancia Primitiva Universal, y es el agente que permite todas las transformaciones de la materia y la energía, desde lo micro (partículas elementales y subatómicas) a lo macro (grandes constelaciones y galaxias).
Y en lo referente al ser humano y a su conciencia, la evolución anímica de los distintos reinos de la naturaleza, desde el mineral, el vegetal y el animal hasta llegar al hombre, ese principio espiritual se depura y se prepara alcanzado grados de sensibilidad, emoción e inteligencia que le permitan pasar de la etapa animal a la hominal, donde el espíritu eclosiona, se individualiza y comienza a tener conciencia de sí mismo.
Una conciencia que le permite comprender la realidad pero que no le separa de ella, pues siempre estará vinculado e impulsado por las fuerzas que lo animan y por su propia esencia, que no es otra más que el espíritu inmortal o alma que le relacionan con todo lo que existe, ya que él mismo es fruto de la evolución de los reinos de la naturaleza en cuanto a su aspecto o naturaleza animal y heredero de las adquisiciones y progreso de su conciencia inmortal en base a las experiencias y adquisiciones de vidas anteriores, que se incorporan y nunca se pierden en su acervo personal; a esto último se le denomina en psicología el inconsciente profundo, mientras que no es otra cosa que la evolución de la propia conciencia que se refleja en el grado de adelanto de la misma en función de su progreso moral.
“Existe un espíritu o conciencia fundamental que es eterno y que está en todas las cosas”
Somos herederos de nuestro pasado, y en el presente formamos las bases de un futuro más feliz o desdichado en función de nuestras acciones, pensamientos y sentimientos. Pero todo en el universo está interconectado al surgir de la misma fuente universal y primitiva creada por Dios. Por ello nadie está nunca en soledad espiritualmente hablando, y al mismo tiempo todos formamos parte de ese conglomerado universal que trasciende la materia y que en esencia se comprende y se percibe con mayor claridad en la medida de nuestro adelanto espiritual, o lo que es lo mismo, de nuestro grado de conciencia adquirido en el proceso evolutivo.
La conciencia elevada, los seres que comprenden lo efímero de la realidad de la materia para captar la esencia de lo inmortal y trascendente que supone la cualidad del alma que todos tenemos, son capaces de experimentar la vida de forma totalmente diferente, sin incertidumbres ni miedo alguno, identificándose con la naturaleza como parte de sí mismos, despertando a la realidad de la vida que no es otra que la vida espiritual, y adoptando una actitud de gratitud por la oportunidad de experimentar por sí mismos los retos y obstáculos que les permitirán engrandecer sus almas y sus conciencias al elevarse por encima de la materia, alcanzando niveles de iluminación propios de los seres más adelantados que la historia nos ha presentado.
Es el plan divino para el hombre, o si queremos expresarlo de otro modo podría definirse en esta frase: “Del átomo al Ángel”. Todo comienza en lo micro para llegar a lo macro, y ya, desde el primer momento, las partículas elementales de materia contienen esta “Chispa espiritual”, que con el paso del tiempo se convertirá en un ser perfecto: un Ángel, a través de su despertar como espíritu inmortal y conciencia avanzada después de recorrer infinitos mundos y experiencias entre las que se destaca su eclosión como alma individual y conciencia de sí mismo, a partir de lo cual adquiere la condición de heredero de Dios, única especie que podrá conocerle y que le permitirá construir junto a él formando parte de este universo físico y espiritual.
Proto-conciencia y pansiquismo por: Antonio Lledo
2024, Amor, Paz y Caridad
“Id, recorred los desiertos, montañas y mares. Apoderaos de cada molécula viva que encontréis en el camino y creced, creced y creced y volver a mí convertidos constructores de mundos, en guías de humanidades”






