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PROGRESO Y DEPURACIÓN DE LA CONCIENCIA

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Progreso y depuración de la conciencia

«La conciencia es un instinto que nos lleva a juzgarnos a la luz de las leyes morales»

Immanuel Kant , Filósofo, s. XVIII

En los estudios realizados por el Ingeniero Hernani Guimaraes Andrade sobre el campo magnético que rodea la célula, que el denominó como M.O.B. (Modelo organizador Biológico), al igual que los que avanzó en su momento el profesor de la Universidad de Yale, Harold Saxon Burr, y que denominó como campo electrodinámico, o las últimas y recientes investigaciones del Biólogo y bioquímico Rupert Shledrake acerca de los campos morfogenéticos celulares afirmando la existencia de una energía y memoria que se transfiere de generación en generación y que es indestructible en los seres vivos, confirman sin duda la existencia de esa sustancia primitiva y universal, inmaterial, que anima la vida en todos los seres orgánicos y que se remonta al origen de los tiempos y a la aparición de los organismos unicelulares.

Todo nos induce a la confirmación de la evolución y la ley del progreso, todo se transforma, y como afirma la termodinámica: “nada se crea ni se destruye, la energía solo se transforma”. Y el ser humano, como parte esencial de ese universo, da sus primeros pasos en esa sublime epopeya milenaria que comienza con la proto-conciencia en los minerales, para adelantar en su evolución anímica en los reinos de la naturaleza vegetal y animal hasta llegar a la etapa hominal donde la conciencia de sí mismo aparece como punto de inflexión que le permitirá reconocerse y reconocer a su creador.

Es entonces cuando esa chispa divina llamada conciencia deja de avanzar lentamente a través de los automatismos de la ley de progreso y el hombre asume su papel en la responsabilidad de avanzar a su capricho mediante el libre albedrío, decidiendo por sí mismo, asumiendo el ritmo, la velocidad y el alcance de ese desarrollo de conciencia regulado por la ley del progreso y de causa y efecto; siempre vigilante, para corregirle cuando yerra mediante el resarcimiento de sus deudas morales y para impulsarle al adelanto permanente. Este último es exponencialmente cada vez mayor en la medida que se esfuerza por mejorarse a sí mismo e integrarse en la conciencia cósmica como finalidad de su recorrido inmortal, lo que le llevará a la perfección y felicidad relativa a la que está destinado.

“La conciencia es la presencia de Dios en el hombre”.

Victor Hugo (1802-1885) Literato.

Las leyes de Dios está escritas en la conciencia humana de forma latente, y en la misma medida en la que el hombre se propone despertar y desarrollarlas, avanza rápidamente hacia su propia dicha y armonía. Es como la semilla que se desabrocha cuando llega el rocío y da lugar a la simiente de un arbusto que se convertirá en un árbol frondoso que, por fuertes que sean los vientos, llegará a dar sus frutos. Pues así misma es la trayectoria anímica de la evolución del alma inmortal que Dios concibió para el hombre que, poco a poco, abandona la inconsciencia y errores de sus primeros actos y responsabilidades para decidirse por el adelanto espiritual después de despertar a la realidad de la inmortalidad del alma.

Ese avance no es otra cosa que el desarrollo de sus virtudes y recursos interiores que, heredados de la divinidad y en forma latente, todos tenemos a nuestro alcance siempre y cuando nos empeñemos en alcanzar los elevados estados de conciencia del alma que se adquieren al conquistar los valores superiores del alma: el amor y la caridad. 

Cuando nuestro esfuerzo se dirige al bien y a la conquista de estas extraordinarias fortalezas del alma, nada es imposible, la armonía, el equilibrio y la serenidad se instalan de forma automática en nuestro interior a medida que nos convertimos en los transmisores del pensamiento divino del amor. Es el pensamiento que impregna a todos aquellos que conectan con estas fuerzas de lo alto, representadas también por mentores y guías espirituales superiores que ya conquistaron por sí mismos, con esfuerzos y sin arbitrariedad alguna, la dicha de amar y transmitir a los más retrasados en el camino del progreso los ejemplos y la ayuda necesaria que precisan para seguir el camino marcado por Dios en sus leyes.

La reencarnación es la herramienta que permite al hombre experimentar en las áridas estepas de la Tierra las pruebas y expiaciones que la ley del progreso nos depara para ir subiendo peldaño a peldaño las etapas que conducen a Dios. Es una dádiva divina que las leyes divinas nos permiten usar para adelantar más en menos tiempo. Es una gracia que no todos consiguen cuando quieren, pues son muchas más las peticiones y solicitudes de los habitantes espirituales de la Tierra que los cuerpos disponibles para hacer uso de estas oportunidades.

Por tanto, la reencarnación es a la vez expiación y prueba, es también la indicación de la misericordia y justicia divina que nos permite reparar en el tiempo los errores cometidos, aliviando así las consecuencias de la ley del progreso que retribuye sobre nosotros mismos aquello que hacemos bien o mal, suavizando la proporcionalidad de las faltas y el resarcimiento de las mismas cuando el espíritu encarnado ha mudado su conducta equivocada por otra dirigida al bien donde comienza a resarcir sin darse cuenta las repercusiones que sobre él mismo recaen a consecuencia de sus faltas anteriores.

“La conciencia vale por mil testigos”.

Quintiliano (35-96) Escritor hispano romano.

La conciencia elevada, iluminada y conectada a las fuerzas de lo alto, permite al alma humana encarnada seguir con rumbo firme la misión que ha venido a realizar a la Tierra, obteniendo con ello tal serenidad y paz interior que nada le perturba en exceso. Tanto es así que cuando los graves obstáculos de la experiencia humana se presentan, su primera actitud es de serenidad, ecuanimidad e imperturbabilidad, y la segunda es la gratitud, pues comprende que esos obstáculos que Dios ha colocado en su camino no son más que otras oportunidades de progreso y fortificación de su alma inmortal a fin de seguir adelantando en dos aspectos imprescindibles que llevan a la felicidad: el progreso de su alma y la elevación de su conciencia.

Al mismo tiempo que el alma se depura e ilumina, la conciencia, como fuerza poderosa del espíritu inmortal, eleva su nivel vibratorio. Esto supone que nuestra naturaleza energética, expresada por ese cuerpo intermedio y electromagnético llamado periespíritu, alcanza vibraciones de un tenor más alto. Y además de sutilizar, limpiar y brillar con una mayor claridad descartando las impurezas de las energías deletéreas y negativas (pensamientos, emociones y acciones equivocadas), nos capacita en el desarrollo de un mayor contacto con las fuerzas espirituales superiores que vibran en ese rango de frecuencia elevada. 

Es la conciencia luminosa que muchos místicos han experimentado a lo largo de la historia y de la que muchos investigadores se han preocupado en investigar como “estados de conciencia alterada positiva”, y que han denominado como éxtasis, plenitud, conciencia integrada, percepción de la divinidad, vibración en el pensamiento cósmico, etc. 

La ley del progreso y la reencarnación están íntimamente ligadas en las primeras etapas de evolución de nuestra alma o conciencia inmortal. Y estos estados de iluminación y elevada energía que se alcanzan con la depuración del alma son el avance de lo que espera a nuestra conciencia en el futuro más inmediato, cuando dejen de ser espontáneos o coyunturales y se conviertan en permanentes debido al grado de progreso y adelanto conseguido con las experiencias y el trabajo de perfeccionamiento moral. 

Una vez hayamos conseguido superar las experiencias y pruebas que podemos tener en los mundos físicos, la reencarnación ya no será útil para el progreso del alma y, salvo en casos de misiones de sacrificio y total abnegación, no volvemos a reencarnar, pues la ley del progreso marca nuevos retos de camino a Dios en estadios elevados de conciencia que todavía son incomprensibles para nosotros.

Es en esos momentos cuando el espíritu inmortal, que ya ha alcanzado grados de conciencia superior, dirige, se implica y se convierte en representante del pensamiento cósmico, del amor divino, colaborando con el creador en su obra, haciendo su parte, construyendo, guiando humanidades, generando nuevos universos y galaxias, tutelando a los que más atrasados en su camino hacia Dios, necesitan de orientación y guía para acercarse cada vez más hacia la fuente de bien y de felicidad absoluta que la divinidad representa.

Progreso y depuración de la conciencia por: Antonio Lledó Flor

2025 © Amor, Paz y Caridad

“La conciencia es el mejor libro moral que tenemos”.

Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.

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