Editorial

PREJUICIOS Y VERDADES

“Triste época la nuestra; es más fácil descomponer el átomo que destruir un prejuicio”

Albert Einstein – Físico

Sirva esta frase de Einstein para ilustrar una cuestión que nos parece relevante, y que sin duda forma parte de la cultura y la educación de la mayoría de los pueblos y sociedades que habitan en este planeta en este inicio del siglo XXI.

Es evidente que la búsqueda de la verdad ha sido desde antiguo el objeto de estudio de la filosofía y de la ciencia. No obstante, en todas las épocas de la humanidad han existido obstáculos e impedimentos que han intentado que la verdad no salga a la luz. Unas veces las actitudes egoístas de los que dirigían el mundo; otras las corrientes de pensamiento o teologías religiosas que lejos de priorizar la verdad por encima de otras cuestiones, han preferido mantener sus status, su poder y su ascendencia sobre el hombre a costa de sacrificar la verdad.

Y también en la ciencia, aunque pueda sorprender,  se ha dado con frecuencia la renuncia a la búsqueda objetiva de la verdad, para centrar la búsqueda en aquello que “es mi verdad particular y subjetiva”; dirigiendo los procesos de investigación de forma premeditada para alcanzar el fin que se perseguía demostrar y no el que un desarrollo imparcial de la investigación hubiera propiciado. Relacionado con esto aparece el principio de “La Navaja de Occam”(*), y el rigor de aquellos científicos serios que buscan descubrir la verdad les obliga al hecho de que, antes de comenzar cualquier investigación científica, hay que tomar siempre en consideración todos los puntos de vista; no únicamente los que supuestamente nos interesan.

(*) “La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera”

Como vemos, no es fácil adoptar una postura imparcial cuando, además de nuestras creencias, costumbres y principios personales, nos vemos condicionados también por el momento y la sociedad en que vivimos. Hoy más que nunca, donde la exaltación del materialismo, el individualismo y el egotismo está propiciada desde todos los ámbitos, es muy difícil sustraerse a las modas del pensamiento único que imponen los criterios en los que hemos de vivir, consumir, relacionarnos, pensar e incluso sentir y educar a nuestros hijos.

En una sociedad que vive de la imagen, de las apariencias, de las etiquetas y de adorar lo externo, -en vez de cultivar lo interno en el hombre-, los prejuicios acumulados y que forman parte ya del inconsciente colectivo, tienen una poderosa fuerza sobre todos nosotros sino somos capaces de pensar por nosotros mismos, y discernir bajo nuestro libre albedrío qué es lo que queremos para nosotros, nuestras vidas y las de aquellos que nos rodean.

En la búsqueda de la verdad los prejuicios son una traba enorme; no tan sólo en la exploración de la verdad que propugna la ciencia; sino también en la averiguación de la verdad espiritual y trascendente del ser humano. Hoy, las etiquetas catalogan y categorizan no sólo las cosas, sino también a las personas y a las ideas. Y  “ese etiquetado” que nos facilitan, es para que no tengamos que pensar si estamos de acuerdo en ello, aceptándolo todo sin cuestionar nada. En esta actitud, los prejuicios forman parte muy importante en la manera en que enjuiciamos las cosas.

Cualquier idea, corriente de pensamiento o ideología que surja, es inmediatamente etiquetada por los encargados de hacerlo (medios de comunicación, políticos, ideólogos, creadores de opinión, redes sociales, etc..) y con ello, el resto asume como válida tal decisión y denominación sin siquiera pararse a reflexionar qué hay de cierto en aquello que nos presentan como la única verdad. Es sin duda un gran retroceso en las libertades de pensamiento y de conciencia. Y además es también un enorme retroceso en el desarrollo de la capacidad de discernimiento del ser humano y del avance en la búsqueda de la verdad.

Reflexionando sobre esto; las propias religiones están pagando el peaje de sus errores anteriores: sometidas, por un lado, a la descreencia en sus dogmas y teologías derivado de sus propias contradicciones, de la desviación del mensaje de sus fundadores, del mantenimiento de postulados irracionales y contrarios a la ciencia y del ejemplo poco edificante de sus representantes. Y por otro lado, el materialismo embrutecedor y la corriente ateo-naturalista que viene negando la existencia de Dios desde hace siglo y medio, ha propuesto en la mayoría de los científicos el escepticismo más exacerbado a la hora de negar cualquier principio espiritual en el hombre o en la vida.

Tanto es así que las consecuencias son claramente visibles: sólo la materia es digna de estudio para la ciencia como la única realidad demostrable empíricamente; con ello se niega la posibilidad del hombre a ser algo más que una máquina biológica compuesta de átomos ciegos y procedentes del azar genético y la influencia del medio en el que vive.

“Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.”
Descartes – Filósofo y Matemático

Afortunadamente esto está cambiando; una nueva hornada de científicos más comprometidos con la búsqueda de la verdad han iniciado un nuevo paradigma científico, en el que, abandonando cualquier postulado de principio espiritualista o materialista, se han comprometido únicamente con la búsqueda de la verdad, aunque ello suponga una contradicción final respecto a sus creencias particulares.

Esta es una gran noticia y los frutos ya están llegando; pues al abandonar cualquier prejuicio, personal, religioso, científico, en los postulados de inicio de sus investigaciones el camino está expedito y libre para conciliar la investigación de la verdad allá donde se encuentre. Y entre ello el origen del hombre, del universo y de la vida, aparecen como los grandes retos a resolver.

Cualquier buscador de la verdad, el ateo, el religioso, el científico, el filósofo, ha de adoptar esta premisa sino quiere engañarse a sí mismo: “no hay que dar nada por sentado al comenzar y discernir sobre aquello que nos interesa; es preciso tener la mente abierta y libre de prejuicios y dogmatismos científicos o religiosos”.

La controversia ente materia y espíritu sigue vigente; la realidad de la naturaleza y de la vida está en cuestión hoy más que nunca con los últimos avances en física, neurología, psicología, cosmología,  bioquímica y genética. Sólo un espíritu investigador libre de prejuicios como afirma Einstein, se encuentra en el camino de la verdad científica, filosófica y real. Y tan negativo es el exclusivismo religioso que afirma estar en posesión de la verdad, como el exclusivismo científico que afirma que sólo existe la materia y que no hay ninguna otra realidad.

Para terminar, sería preciso comentar que en toda exploración de la verdad científica o espiritual siempre existe un elemento que debemos tener en cuenta: “la participación del ser humano”. Sin el hombre es imposible comprender la vida y el universo; y sólo cuando las ciencias avancen en la comprensión de la naturaleza del hombre podremos entender con claridad la realidad de la vida y del universo. Pues como dijo en su momento Max Planck:

“La ciencia no puede resolver el misterio de la naturaleza. La razón es, que en el último análisis, nosotros somos….parte del misterio que estamos tratando de resolver.”

Prejuicios y verdades por:  Redacción

©2017, Amor, paz y caridad

 

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