DOS TESOROS: PAZ Y AUTOREALIZACIÓN

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Dos tesoros: Paz y autorealización

Paz y autorrealización

 

“Quien tiene paz en su conciencia, lo tiene todo”

 La vida, enfocada bajo las concepciones del proceso evolutivo del alma inmortal, nos ofrece perspectivas y soluciones muy diferentes a las que solemos valorar cuando solo alcanzamos a vislumbrar la sesgada visión de la realidad que el materialismo reduccionista nos ofrece.

Entre esas respuestas y soluciones válidas para el desarrollo y alcance de la dicha y la felicidad interior del ser humano se encuentran dos tesoros que deberíamos comprender y desarrollar oportunamente en nuestro interior si queremos aspirar a la tranquilidad de conciencia y el bienestar psicológico de nuestra mente y nuestra alma. 

Estos dos tesoros por conquistar son la paz y la autorrealización. Este último también es conocido como el autodescubrimiento, y consiste en saber cómo somos para corregir aquello que nos perjudica sustituyéndolo por otros hábitos y actitudes que nos beneficien en la conquista de la salud integral, que siempre estará presidida por el equilibrio mente-emoción y por la identificación con los objetivos que nuestra alma inmortal trae a la Tierra antes de encarnar.

Analicemos pues aquellos beneficios que se derivan de la instalación de la paz en la conciencia y del autodescubrimiento personal para enfrentar así “la sombra” (*) e iluminarla, a fin de revertir nuestras ancestrales equivocaciones y errores que vienen condicionando nuestra trayectoria como espíritus inmortales caminando hacia la plenitud y la felicidad que nos está destinada.

La paz y la autorealización son dos tesoros que podemos y debemos desarrollar en la intimidad de nuestra psique. Son la primera piedra del equilibrio y armonía que nos conducirá a una realización superior de nuestros objetivos espirituales, y estos no pueden alcanzarse sin esfuerzo ni voluntad.

Es inevitable el hecho de que el hombre es el resultado de sus acciones, decisiones y condiciones con las que se ha desarrollado en la Tierra conforme a su herencia biológica, desarrollo social, psicológico, familiar, educacional, etc. Pero siendo esto cierto, podemos afirmar que apenas es el porcentaje minoritario de su condición humana en lo referente a su comportamiento y modo de acción con respecto a la realidad que le rodea. La mayor parte de sus decisiones, condiciones y formas de actuar vienen derivadas de su inconsciente profundo, aquel que está constituido por su acervo de experiencias milenarias procedentes de sus vidas anteriores.

“La nobleza no tiene nada que ver con el poder y el rango, sino que es un asunto de autorrealización; lograr la autorrealización, y el mundo entero está dentro de uno mismo.” 

Wen-tzu

Es su pasado, esculpido en los pliegues de su propia Alma inmortal, el que más fuerza tiene a la hora de condicionar su acción y su influencia sobre su propia realidad y lo que le rodea. Como afirmaban Freud y Jung, el inconsciente dirige nuestras vidas en un porcentaje superior al 90% (actuando por los reflejos condicionados, los hábitos consolidados, el aprendizaje, y la forma de responder ante las dificultades que cada uno lleva interiormente), el resto forma parte del pequeño porcentaje en el que podemos dirigir nuestra vida de forma completamente consciente.

La reencarnación es la clave al permitirnos comprender que, como espíritus en evolución, tenemos la imperiosa necesidad de crecer intelectual y moralmente, y ese impulso protagonizado por la ley del progreso alcanza a todo el mundo. En esta inercia de crecimiento en el que las leyes del universo colocan no solo al alma humana sino a todo lo que existe (todo se transforma y evoluciona); es necesario descubrir el punto en que nos encontramos para, de esta forma, intentar mejorar y crecer espiritualmente, ya que la Vida auténtica, la que nunca termina, es la Vida del Alma inmortal que sigue al fenómeno de la muerte y siempre va a condicionar nuestra dicha y felicidad, presente o futura.

En ese esfuerzo de crecimiento intelecto-moral que nos vemos impulsados a realizar (de lo contrario, al ir contracorriente, las leyes imponen los correctivos necesarios mediante el sufrimiento rectificador que nos “despierta” para entender que no estamos haciendo las cosas correctamente) descubrimos con pesar que nuestra economía moral, por los errores a los que nos vinculamos en el pasado remoto, siguen pesando en contra del equilibrio de nuestra conciencia, robándonos la paz e impidiendo la autorealización tan necesaria para la armonía interior y la búsqueda de la salud integral: alma, psique, cuerpo.

Al intentar autodescubrirnos tal y como somos podemos vislumbrar nuestras propias limitaciones, las dependencias y hábitos perniciosos, los engaños del propio ego, el discernimiento de las verdaderas o falsas aspiraciones de nuestra alma inmortal y las distracciones que la materia nos propone mediante la ilusión de los sentidos y los placeres efímeros que nos esclavizan a los deseos, vicios y pasiones disolventes.

Esta es la primera parte del trabajo a realizar para llegar a un autodescubrimiento que nos permita corregir lo negativo (los defectos morales=la sombra) y sustituirlo por lo positivo.

Sin una visión espiritual y trascendente de la vida del alma es prácticamente imposible enfrentar con pleno éxito este trabajo que lleva a la paz, la salud y el equilibrio psico-físico-espiritual, ya que las aflicciones de la vida y las tendencias destructivas del pasado se presentan en el pensamiento de la persona que carece del convencimiento de la inmortalidad del alma, dificultando su decisión de mejorar y corregirse al no encontrar una utilidad o sentido de futuro. Descubrir así el sentido de nuestra vida enfocado en la inmortalidad y el trabajo que venimos a realizar en la Tierra, supone ya el primer paso para la autorealización.

Sólo en la misma medida en que el hombre se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, en esa misma medida se autorealiza.”

Viktor Frankl -Psiquiatra

Sin embargo, el convencimiento de la realidad inmortal de nuestra alma nos llena de esperanza y fe, aunque no nos evita el esfuerzo que debemos realizar por ser cada día mejores y corregir las tendencias negativas arraigadas en nuestra psique por siglos de errores y decisiones equivocadas. El beneficio es la paz interior, la salud integral y el equilibrio personal. 

Y para alcanzar este estado necesitamos primeramente tener el deseo de cambiar debido a la insatisfacción que nos produce nuestro estado presente de desarmonía. Junto a ello, la perseverancia, la capacidad de aceptarnos como somos y el sincero esfuerzo por crecer emocionalmente son los requisitos principales en este camino de saber cómo somos y dónde debemos centrar nuestros esfuerzos y energías. Unir a estas cualidades la capacidad de la oración, la fuerza de la meditación e introspección y la entrega a obras de bien al prójimo de forma altruista, son algunos de los caminos principales para conquistar esa paz y autorealización que necesitamos alcanzar.

La herencia ancestral de las reencarnaciones nos hace víctimas muchas veces a la hora de enfrentar este proceso. Por falta de madurez psicológica, por fobias o manías de la infancia o del pasado, la persona es frágil, tiene falta de autoestima y no se respeta lo suficiente a sí misma, viéndose dominada por complejos de inferioridad que la llevan a la inseguridad y a diferentes aflicciones psíquicas que podrían ser superadas con una visión de la realidad espiritual basada en la necesidad de progreso y adelanto que a todo el mundo le es permitida y puede conseguirse a pesar de las dificultades que se presenten.

Esta situación anterior, unida a la comodidad, hace que muchas personas se conformen con esta realidad sin intentar cambiarla, castigándose a sí mismas al creer que no pueden cambiar y creyendo merecer el sufrimiento interior, cuando el propósito de las leyes que dirigen la Vida y la intención de la divinidad para con el hombre no es otra que el mejoramiento, el crecimiento y la perfección y plenitud a la que está destinado.

Valoremos pues la conquista de esos dos tesoros que están dentro de nosotros mismos. La paz y el autodescubrimiento se encuentran a nuestro alcance, pues son estados de conciencia que podemos desarrollar al encontrarse de forma latente en nuestro interior.

Como la semilla que deberá culminar en un árbol frondoso, la paz y la autorealización forman parte de nosotros mismos, tan solo hemos de esforzarnos por desarrollarlos e incorporarlos a nuestra vida diaria, asumiendo en cada fase de su desarrollo la realidad de los mismos para conseguir vencernos a nosotros mismos al superar los factores que nos perturban y nos autodestruyen.

“La mejor almohada es una buena conciencia”

Sócrates – Filósofo s. V a.c.

Dos tesoros: Paz y autorrealización por: Redacción

©2022, Amor, Paz y Caridad

(*) La sombra es el arquetipo utilizado por Carl G. Jung, padre de la psicología analítica, para definir el lado más oscuro de la personalidad humana, aquel que debemos conocer y no podemos rechazar pues forma parte de nosotros mismos. Solo iluminando esa sombra y teniéndola presente para revertirla, podemos alcanzar el “estado numinoso de conciencia” que nos permita una autorrealización e identificación plena de nuestra Alma inmortal.

 

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