Editorial

PATOLOGÍAS SOCIALES DE NUESTRO TIEMPO

Desde hace apenas un siglo y medio la humanidad ha conseguido niveles de progreso y evolución, como nunca antes pudo imaginar. En todas las áreas del desarrollo humano: la tecnología, la medicina, la psicología, la genética, la robótica, la física, las matemáticas, la biotecnología, etc. existen avances sin precedentes que auguran un futuro inmediato más que prometedor.

Se nos anuncian como logros importantes, que el alargamiento de la esperanza de vida en 20 o 30 años estará listo en apenas dos décadas. También en este periodo el hombre podrá llegar a Marte; rediseñar su código genético para evitar las enfermedades; las máquinas y robots harán la mayor parte de los trabajos físicos; e incluso se avanza la posibilidad de que la inteligencia artificial aplicada a la mente humana sea una realidad en muy poco tiempo.

Sea como fuere, la certeza del avance tecnológico permite suponer que muchas de estas expectativas se convertirán en realidad en un corto plazo de de tiempo. Se habla ya de una nueva etapa geológica en la humanidad denominada Antropoceno; debido a la enorme influencia que en la última centuria ha tenido el comportamiento humano sobre la tierra, el ecosistema y la naturaleza.

Se nos advierte a menudo de los peligros del cambio climático, del aumento de la desigualdad en las sociedades más desarrolladas. Del retroceso de derechos y libertades en países y naciones que hasta hace pocas décadas eran el referente de estas mismas premisas; etc.

Pero es difícil leer o escuchar la influencia que el comportamiento individual tiene sobre el general en la sociedad en que vivimos. Estamos viviendo tiempos de exaltación del individualismo, el consumismo y la sexolatría. Estos aspectos, son considerados por algunos autores, como las mayores patologías sociales de nuestro tiempo; que están frenando el avance hacia una sociedad más justa, igualitaria y solidaria, haciendo del egoísmo más exacerbado la base del comportamiento humano.

Analicemos los mismos uno por uno. Hoy nadie pone en cuestión que las antiguas sociedades del siglo XIX y los roles que la familia y los allegados jugaban en la educación y desarrollo de las personas, han desaparecido para siempre. Recordemos que la familia era el lugar dónde se recibía la educación, las pautas para el comportamiento social posterior del individuo; e incluso las relaciones sociales, lazos, uniones, matrimonios, etc se efectuaban dentro del ámbito de actuación del pueblo, la aldea, o el vecindario. Era también el lugar dónde se permitía el acceso al primer trabajo, e incluso dónde podía obtenerse la financiación necesaria para emprender un negocio mediante la ayuda de vecinos o familiares.

El transvase de las sociedades rurales a las urbanas, la aparición de la burguesía y el desarraigo hacia la vida rural, aparejado a la aparición de la industria, propició el aumento de la sociedad urbana, y el cambio de roles; la educación ya se depositaba en centros oficiales, la necesidad del capital para implementar inversiones favoreció la aparición de las oficinas bancarias, pues los banqueros existen desde hace siglos. El capitalismo creció al amparo de la iniciativa individual, y está en la base de la actitud social y políticamente correcta de la sociedad actual.

En fin; si en lo económico la base del capitalismo incentiva el individualismo, no debemos olvidar que el escepticismo hacia comportamientos socialmente solidarios, tiene su base en el feroz materialismo que la sociedad viene experimentando desde hace un siglo y medio. La derrota del comunismo y de aquellas entelequias del socialismo utópico han derivado en confiar el desarrollo del ser humano a la iniciativa personal, denostando la colaboración y el trabajo en régimen de igualdad como algo pernicioso. Si a esto unimos que las religiones tradicionales han ido perdiendo su peso y su influencia sobre las actitudes solidarias, plegándose a los intereses mundanos y a la exaltación del egoísmo personal, tenemos el cóctel preciso que incentiva el individualismo en la esfera del pensamiento y la actitud del hombre del siglo XXI.

La ambición y la confusión del “Tener” con el “Ser”, es otro de los factores que, unidos al propio egoísmo humano, han conducido a la etapa de materialismo embrutecedor que impera por doquier. El hombre cree que la felicidad consiste en “Tener”, en acaparar bienes materiales para distinguirse de los demás, y con ello reforzar su ego y su orgullo. Se fomentan todo tipo de posturas egocéntricas, y se tiene como paradigma del hombre triunfante al que ha conseguido posición, fama, dinero o poder.

“La sociedad en la que hemos nacido se fundamenta en el egoísmo. Los sociólogos lo llaman individualismo, aunque existe una palabra más simple: vivimos en la sociedad de la soledad. Ya no hay familias, ya no hay pueblos, ya no hay Dios. Estamos abandonados a nosotros mismos, incapaces de interesarnos por nada excepto por nuestro propio ombligo”

Frederic Beigbeder – Escritor francés

La ambición por el poder, es otro de los hijos del individualismo y del egoísmo. Aquellas personas que son egoístas y que tienen poder económico, ambicionan, en muchos casos el poder político, para imponer sus criterios a los demás, para dominar y someter a sus criterios al resto. Ello sin duda viene de la alta concepción que sobre ellos mismos tienen, y de la ausencia de humildad que atesoran. El poder es tan tentador como la riqueza, e incluso mucho más.

De aquí se deduce la segunda de las patologías a las que queremos aludir: el consumismo. Derivado del afán de “Tener y acaparar”, es preciso consumir; y así se retro-alimenta el sistema que el propio individualismo propicia. Somos incapaces de darnos cuenta de que cuanto más tenemos, más deseamos. Y tampoco nos percatamos de que si cometemos el grave error de compararnos con otros, nunca conseguiremos satisfacer nuestras ansias egoístas por tener y acaparar, pues siempre habrá quien tenga mejor coche o casa que nosotros, quien tenga más dinero, quien ostente más fama o poder.

Esto último es una de las causas de mayor frustración psicológica en el ser humano actual. Al no poder llegar a todas nuestras expectativas, al no poder satisfacer nuestros deseos materiales, al compararnos con otros, las pasiones y las debilidades humanas se incentivan hasta grados superlativos, crecen las envidias, los crímenes, los abusos, las traiciones; todo vale con tal de conseguir el fin que nos hemos propuesto.

“No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”

Desde hace siglos, en las filosofías orientales se identifica el deseo como una de las mayores debilidades del carácter humano. Aquellas personas que no son capaces de controlarse emocionalmente respecto a esta debilidad sufren terriblemente. Pues el deseo produce apego a las cosas materiales, sin las cuales se nos hace difícil vivir, y la falta de ellas o la pérdida de las mismas por los reveses de la fortuna, generan un sufrimiento y una angustia en la persona cuando esta considera que estos son los objetos que le aportan la felicidad en su vida.

Conformarse con lo necesario para llevar una vida digna, es el antídoto para el consumismo que todo lo devora; este último, es el hijo predilecto del materialismo y avanza implacable potenciado por los intereses de todos: políticos, empresas, corporaciones, élites de poder, instituciones, estados, etc.

“Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.”

Zygmunt Bauman – Sociólogo polaco

Y la tercera de las enfermedades sociales que desde nuestro punto de vista empobrece y denigra la sociedad en la que se ha convertido esta humanidad del planeta es la sexolatría. Sin duda, el tema del sexo ha alcanzado su máxima expresión entre las necesidades impuestas por la sociedad y que todo el mundo acoge con naturalidad. La “función fisiológica y gratificante” del sexo es exaltada de tal forma hasta llevarla a registros de auténtica obsesión para aquellos que no tienen acceso a la misma. Nunca antes se ha “deificado” tanto esta función, confundiendola algunas veces con un derecho sobre los más débiles,  que son explotados en todas partes del planeta.

Prostitución, pederastia, pedofilia, homosexualismo, lesbianismo, transexualismo, bisexualismo. Son términos que forman parte del lenguaje coloquial de nuestro tiempo en todas partes y en cada momento. Nada tienen que ver unas cosas con otras; y la función represora de algunas de estas tendencias es tan perniciosa como la propia permisividad que se tiene sobre otras de las mencionadas, que no son debidamente corregidas en muchos países.

Es tanta la confusión al respecto, que hay quien todo lo enfoca desde el punto del “derecho a disfrutar de su cuerpo” sea como sea; sin pararse a pensar en los derechos de aquellos sobre los que realiza el estupro, o la inocencia del niño del que se abusa mediante una posición de poder. Hay otros que, en sus pasiones descontroladas, no son capaces de albergar la más mínima ética personal o fidelidad a los compromisos contraídos con sus propios cónyuges. Y por poner otro ejemplo de confusión; hay doctrinas o religiones que condenan como “enfermos” a aquellos que tienen tendencias sexuales contrarias a lo políticamente correcto entre personas libres, maduras y responsables.

“Quien se entrega a las pasiones, labra el mismo sus prisiones.”
Anónimo

Ponemos estos ejemplos para que veamos la importancia que la “sexolatría” ha alcanzado en nuestra sociedad hoy día. Esta visión exaltada de la importancia del sexo apenas es contrarrestada con una educación sexual correcta y eficaz; a fin de potenciar el verdadero valor del sexo dentro de las relaciones entre las personas, así como su “función psicológica y espiritual” que también la tiene,  y de la que nadie habla.

No podemos extendernos; pero estas tres patologías sociales; individualismo, consumismo y sexolatría, están en el origen del muchas conductas éticamente reprobables. Si le unimos el afán de poder y el egoísmo tenemos el cóctel explosivo que impedirá un avance solidario e igualitario de la sociedad del siglo XXI. Pues por mucho que avancen las ciencias, la tecnología y el desarrollo social, si estas lacras siguen incentivándose en las sociedades de nuestro planeta, los desordenes llegarán, debido al aumento de la desigualdad, que el individualismo y el egoísmo propicia en todas partes.

El único antídoto es una conducta de reforma moral, que partiendo desde uno mismo, sea capaz de entender que, si vivimos y convivimos en sociedad el individualismo ha de ser sustituido por la solidaridad y el altruísmo. El consumismo ha de ser proporcionado a las necesidades reales de los individuos, a fin de no convertirse en una obsesión y en una lacra de inestabilidad emocional y psicológica al quedar apegados al “tener” en vez de al “ser”. Y la sexolatría ha de ir dejando de tener preponderancia en nuestras mentes y en nuestras actitudes. Valorando el sexo en su grandeza y expresión de amor, sin convertirlo en instrumento de dominio, de poder o de fuga psicológica para remediar nuestras propias frustraciones y debilidades de carácter.

No pretendemos con este artículo dar lecciones a nadie; tan sólo exponer algunas de las cuestiones que consideramos exaltadas y alabadas y potenciadas por la sociedad de hoy, y que sin duda están creando gran insatisfacción en el ser humano, propiciando enfermedades personales y sociales, envenenando la relación entre las personas y potenciando las envidias, las luchas de poder y el egoísmo más acendrado que degenera en sufrimiento, al sembrar las causas del dolor presente y futuro.

PATOLOGÍAS SOCIALES DE NUESTRO TIEMPO por: Redacción

©2017, Amor paz y Caridad

“Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada?”

Jose Luís López Aranguren – Filósofo español

Anteriores Artículos

CHARLAS-COLOQUIO 2017

Siguientes Artículos

CARÁCTER

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.