NUNCA DEJARSE LLEVAR POR EL DESALIENTO

0
63
Nunca dejarse llevar por el desaliento

Nunca dejarse llevar por el desaliento

En el transcurso de la evolución espiritual se van superando innumerables etapas. Llevados de la mano por las leyes universales establecidas por Dios y que rigen todo lo que existe, el ser humano pasa de un progreso casi mecánico, que dura muchos siglos, donde predominan los instintos y las pasiones sobre su naturaleza espiritual, todavía adormecida pero agitada por las experiencias que va viviendo, a otra fase en su progreso mucho más consciente. Son como los frutos verdes que necesitan madurar y que, con el pasar del tiempo y de forma natural, se va desprendiendo de sus distintas capas ya inservibles hasta alcanzar su verdadera esencia, quedando limpia y desnuda su realidad última, trascendente. Concomitante con ello, en el propio ser humano existen distintos ejes de fuerza determinantes que lo impulsan merced a su libre albedrío, como son la voluntad y los deseos de progreso.

Ese largo proceso del que hablamos finalmente consigue sensibilizar al espíritu, lo torna más receptivo. Empieza a comprender que forma parte de un todo, a través de las distintas conexiones que nos imbrican unos a otros. Se torna más sensible a lo que le rodea, al comportamiento de sus semejantes y al suyo propio.

Esta circunstancia lleva al ser, en un momento determinado de su evolución, a tomar mayor conciencia de sus errores; y su incidencia, su peso, crece en la medida en que aumenta su capacidad de empatía, de conexión con las otras personas con las que convive y se relaciona.

De ahí que las faltas propias, debido a todos esos factores mencionados anteriormente, adquieran una mayor dimensión en lo íntimo del ser, lo que no siempre resulta fácil de sobrellevar y solucionar.

Llegados a este punto, la mentora Joanna nos lanza algunos consejos muy útiles para superar estas circunstancias naturales de la vida…

Después que cometas un error y tengas conciencia de él, comienza tu rehabilitación.

Es importante, en primer lugar, tomar conciencia de lo que se ha hecho mal, es decir, analizar bien las circunstancias y el comportamiento final desarrollado. Por ejemplo, si en lugar de actuar reaccionó de forma automática e impulsiva, o si fue la respuesta al orgullo herido, o también una consecuencia de pensar egoístamente antes que en el prójimo.

Una vez realizado el análisis de los hechos, se ha de comenzar la rehabilitación de la forma más rápida y eficaz posible. Hay que ponerse manos a la obra.

Nada de entregarte al desaliento o al remordimiento.

El desaliento no ayuda en nada, puede ser una primera reacción natural que rápidamente ha de ser corregida. El desánimo resta fuerzas y puede nublar la razón, entorpecimiento que impide el progreso, agrava o estanca el error en los paisajes mentales del ser e impide que fluya hacia su resolución.

El remordimiento cumple también una función, hace sentir a la persona el peso de la responsabilidad para que tome conciencia del asunto, pero nada más. Una vez comprendido y asimilado, no debe caer en un bucle de pensamientos pesarosos, repetitivos, que no son para nada prácticos y que no conducen a nada positivo.

De la misma forma como no debes insistir en el propósito inferior, no te puedes dejar consumir por el arrepentimiento.

Aquí la Mentora espiritual nos indica la necesidad de variar el rumbo respecto a la conducta equivocada para poder salir del sentimiento de culpa, que es su consecuencia. O dicho de otro modo, hay que reconducir o eliminar aquello que genera ese mal para poder salir con fuerza de la situación.

También se pueden dar casos en los que, arrastrados por las circunstancias, resulta fácil caer en contradicciones de conducta; es decir, entre lo que se siente, lo que marca la conciencia, y lo que finalmente se hace; bien sea, por poner algún ejemplo, por una cuestión profesional (obligados por compromisos laborales), o también puede ser en el caso de la presión del entorno social que empuja al individuo hacia unos determinados comportamientos que son considerados adecuados por el grupo social al que pertenece, aunque él, interiormente, no esté de acuerdo.

En estos casos y también de forma general, si persiste en la conducta equivocada, aunque puedan existir atenuantes, anula la posibilidad de que desaparezca totalmente el sentimiento de culpa, siendo estéril el recurso de la autojustificación o el autoengaño como manera de acallar la voz interior. Se trata, en definitiva, de un conflicto que, si no se afronta con coraje y amplitud de miras, escuchando a su conciencia que es la guía perfecta de comportamiento y la única que le puede traer paz y sosiego, acabará por traerle consecuencias desagradables más pronto o más tarde.

No obstante, Joanna prosigue con el análisis del arrepentimiento, y comenta:

Este solo tiene la función de concientizarte del mal hecho.

El arrepentimiento cumple la función de toma de conciencia del error, del mal cometido; de lo contrario, el mal que ignora seguramente se repetirá, y los prejuicios instalados en su ser le pueden hacer creer que está haciendo “lo justo”, cuando en realidad se está “justificando”, que es muy distinto.

La falta de autoanálisis; el dejarse llevar por la marea, por las circunstancias, sin analizar los pensamientos y sentimientos que conducen a los actos ordinarios de cada día; la  escasez de vigilancia, y el no escuchar esa voz de la conciencia que venimos comentando hacen que se acumulen conflictos de variada naturaleza en su interior, generando un desasosiego que va creciendo con el tiempo hasta desembocar en cuadros a veces lamentables.

El vacío íntimo, la depresión, la ansiedad, el estrés e incluso, en casos muchos más graves, las tendencias suicidas, pueden ser el resultado de la acumulación de conflictos, de errores, de males cometidos que no se quisieron afrontar bien en el pasado o en el presente, persiguiéndolo como su propia sombra y generando una carga muy pesada, de la cual, para salir de ahí, se requiere en muchos casos del auxilio de otras personas para que le ayuden, con su mirada más imparcial, limpia y libre, a ir deshaciendo poco a poco la enorme maraña acumulada en el tiempo.

Para evitar todo eso, es necesario, como nos dice la Mentora, concienciarse del mal lo antes posible para evitar que se enquiste, y proseguir.

Perdónate, ten coraje y da inicio a la tarea de reequilibrio personal, al disminuir y reparar los perjuicios causados.

Es preciso el perdón, perdonarse para romper con el sentimiento de culpa. Perdonarse significa también dar el primer paso hacia la reparación de los perjuicios causados. Se trata de una tarea impostergable e imprescindible para restablecer el equilibrio personal.

Aunque no queramos, todos cometemos errores, faltas que pueden perjudicar a los demás, porque somos seres falibles, muy imperfectos todavía. Más en concreto, mientras el orgullo y el egoísmo formen parte del ser durante esta etapa evolutiva de la humanidad, seguirá apareciendo el remordimiento como respuesta íntima a los desajustes generados por una conducta errada.

Para evitar en la medida de lo posible estas circunstancias, es preciso aspirar a vivir y actuar siempre con justicia, y sobre todo en coherencia con los ideales superiores de la vida. Para ello tenemos el modelo y la guía inigualable de las enseñanzas morales del Maestro Jesús, faro inconfundible que ilumina a todos y no engaña nunca.

Por lo tanto, nunca hay que dejar paso al desaliento ni quedarse instalado en el remordimiento. Coraje siempre para superar todas las dificultades y proseguir, allanando el camino con una conducta saludable que debe llevar al alma hacia su objetivo final.

Nunca dejarse llevar por el desaliento por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem: 41,  de Joanna de Ângelis,  Psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

Publicidad solidaria gratuita