Palabras de aliento

PREGUNTAS TRASCENDENTES. NECESIDAD DE LOS TEMPLOS

(Carta a Dios)

          Querido Padre Eterno:

          Como hijo tuyo que te ama y te respeta lo que buenamente es capaz, dada la imperfección moral que aún le invade, me tomo la libertad de escribirte unas líneas para pedirte aclaración sobre un tema en el que la duda me tiene un tanto desconcertado.

          Desde tiempos muy remotos, el ser humano ha construido edificios donde poder reunirse para ofrecerte su devoción; todos juntos, porque así se estimaba que, con la proximidad entre los fieles, la comunión de pensamientos se acentuaba y la plegaria salía con más fuerza. Un modo de actuar que me parece lógico y bueno. Pero tales templos tan inmensos, tan profusamente decorados con ricos ornamentos… de aquí surge mi duda: ¿Son realmente necesarios edificios tan suntuosos para venerarte? Solemos pensar que sí, y decimos que los construimos “a más y mayor gloria de Dios”. Y yo me pregunto entonces: si Tú eres todo amor, todo bondad, todo misericordia y todo justicia, es de suponer que también seas todo gloria. Luego, ¿cómo puede tener más y mayor gloria quien ya la tiene toda? No me encaja. ¿No será para glorificar la propia vanidad humana?

-Mi catedral es más alta que la tuya, y toca más de cerca el cielo.

-Pues la mía es más amplia y caben más fieles.

“Vanitas vanitatum, et omnia vanitas”, dijo el latino.

          Decimos que el templo es Tu casa, Señor, y que, por tanto, la casa del Todopoderoso debe ser la más esplendorosa. ¿Pero necesitas de verdad una casa? ¿No es todo el Universo Tu hogar? ¿No estás, acaso, en todas partes? Porque un creador está siempre donde está su obra, y si el mundo entero es obra tuya, estarás en todas partes, y se te podrá honrar lo mismo en una playa que en un bosque, en una gran iglesia o en una gruta, en un palacio o en una chabola. Si la llamada sale de dentro, Tú acudes a cualquier sitio… en realidad ya estás en él, pues eres omnipresente.

          Esta era mi duda, si mis plegarias las debo de elevar en un templo, o puedo hacerlas también en la ribera del río o bajo la flor del manzano.

          En tanto espero Tu respuesta, creo que seguiré el ejemplo del Mesías de Belén, que igual hablaba Contigo en un olivar o en las orillas del Mar de Galilea.

          Aguardando, pues, queda tu hijo, este que en la presente existencia tomó el nombre de Jesús Fernández.

          Gracias.

Necesidad de los templos por: Jesús Fernández

(Guardamar, primavera de 2017)

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