ANTE LA CONCIENCIA
“Una conciencia clara sobre la muerte y la transformación que esta supone preparándose para ese momento, favorece a la persona con armonía, equilibrio interior y seguridad”
En nuestras sociedades occidentales, el concepto de la muerte es visto desde una óptica plenamente distorsionada. Por un lado, se prefiere evitar pensar o hablar de ella, creyendo que así podremos ahuyentarla de nuestras vidas, en un notable ejercicio de engaño a nosotros mismos.
Por otro lado, muchas personas cuyo carácter predominante es el instinto y una gran inconsciencia, prefieren, como mecanismo de fuga ante esta fatalidad biológica que supone la muerte, vivir únicamente las sensaciones y experiencias que les ofrece el cuerpo físico y los bienes materiales de los cuales se apropia con avidez como metas definitivas de su vida, sin darse cuenta de que así desarrolla un apego y esclavitud hacia estos objetos de deseo que le esclavizarán el día de mañana cuando la muerte llame a su puerta, y sin poder evitarlo tenga de decir adiós a los anhelos y objetos en los que centró su vida.
Como reza un refrán popular: “no quieras ser el más rico del cementerio, pues cuando mueras nada te podrás llevar”. Es por ello que aquellos que hacen de lo material el único objeto de su vida, experimentan graves cuadros de ansiedad, miedo e inseguridad cuando pierden alguno de estos privilegios (fama, dinero, poder, bienes materiales, etc), pues han hecho de ellos la única razón de su lucha y esfuerzo en la vida, y el miedo a perderlos cuando la muerte se aproxima o la enfermedad y la vejez les impide disfrutar de ellos, degenera también en esa perturbación infeliz, desequilibrándose interiormente.
Este es el motivo por el cual todas estas personas rechazan lo que la muerte supone (una transformación), porque para ellos la etapa corporal es la única realidad que admiten y se niegan a aceptar el término de esta etapa. Cuando ven que se aproxima, aparecen la ira y la rebeldía al no poder revertir el proceso, se angustian, se envenenan a sí mismos con pensamientos y emociones tóxicas que en muchas ocasiones adelantan la llegada de aquello que pretenden postergar indefinidamente.
Hay una relación directamente proporcional entre el hombre inconsciente de su realidad profunda y la incomprensión de lo que supone la muerte para el alma y su vida posterior e inmortal.
Cuando la persona es consciente de la transitoriedad del cuerpo y la inmortalidad del alma después de la muerte, su nivel de conciencia es mucho mayor y se encuentra entonces en las debidas condiciones para superar los obstáculos y crecer espiritualmente, afrontando el momento de la muerte con serenidad, pues su conciencia ha descubierto la causalidad de la vida, independiente de los mecanismos biológicos del cuerpo y descubriendo los valores imperecederos y los atributos y recursos internos que, éstos sí, le acompañarán cuando marche al otro lado de la vida, pues son cualidades del alma que nunca perecen.
“Con la conciencia de la realidad, la vida se manifiesta esplendorosa, en el cuerpo y fuera de él”
Divaldo P. Franco, Libro Momentos de Salud y Conciencia
Además, todas las acciones que llevamos a cabo en nuestra vida tienen su efecto correspondiente como sabemos por la Ley del Karma. Y en esto, la conciencia tiene mucho que decir, pues podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, si una definición de la conciencia es “la capacidad para entender y discernir el bien del mal”, un mayor nivel de conciencia siempre vendrá caracterizado por un mayor discernimiento del bien y del mal, y con ello una conciencia más elevada y menos primitiva.
Sabemos por la psicología que la conciencia adormecida se caracteriza por los automatismos psico-biológicos, o lo que es lo mismo, por los instintos primitivos heredados del pasado. La fuerza de los automatismos, cuyo origen proviene de las vidas anteriores, puede ser muy alta, y en las experiencias que se vivieron y crearon los patrones de conducta que llevaron al automatismo encontramos el karma, moldeando y equilibrando las leyes de Dios en el interior de la conciencia humana. La persona con una conciencia despierta ha conquistado la etapa de la razón, abandonando el instinto en su conducta, y dirigiéndose conscientemente hacia una lucidez de conciencia facilitada por el discernimiento de los valores imperecederos del alma, que le permiten aumentar su capacidad de amar y de servir. De ahí que el Karma y la conciencia tienen una relación directamente proporcional en base al grado de adelanto del espíritu.
“El Karma y la Conciencia avanzan juntos, el primero como consecuencia de la segunda”
Divaldo P. Franco, Libro: Momentos de Salud y Conciencia
El karma puede ser modificado en función de nuestra conducta acorde a las leyes divinas, pues no existe la fatalidad hacia el mal, ya que este es obra del hombre y no de Dios. Cuando nos decidimos por esta opción, nos transformamos y cambiamos nuestro presente y nuestro futuro, pues sembramos y construimos las bases de una vida saludable y en armonía, al tiempo que generamos nuevos karmas positivos que nos liberarán de otros dolorosos e infelices que sembramos en el pasado y que ahora, con esta nueva actitud, los desterramos para siempre.
Somos dueños de nuestro destino feliz o desdichado en función de nuestra determinación para desarrollar las cualidades divinas que todos tenemos en estado latente en nuestra conciencia, esperando desarrollarse y brotar como la semilla.
Aprovechemos esta oportunidad que se nos ha concedido en la Tierra para trabajar sin pausa en nuestro perfeccionamiento moral, haciendo aquello que nos corresponde realizar y afrontando las dificultades como oportunidades de progreso y de expiación, pues estas son las bases del sentido y propósito de nuestra estancia aquí con un cuerpo físico.
Muerte y karma por: Antonio Lledó
2024, Amor, Paz y Caridad
“No existe arte más difícil que el de vivir, durante toda la vida tiene uno que seguir aprendiendo a vivir, y cosa que os sorprenderá más aún: durante toda la vida tiene uno que aprender a morir”
Séneca – Filósofo, s. I. d.C.






