LOS BLOQUEOS MENTALES Y EMOCIONALES

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Los bloqueos mentales y emocionales

Los bloqueos mentales y emocionales

Es conveniente aprender a gestionar adecuadamente nuestros problemas y preocupaciones cotidianos, con el conveniente conocimiento y la adecuada comprensión de los mismos, teniendo en cuenta que si nos bloqueamos emocionalmente, al mismo tiempo nos estamos anulando intelectualmente, y viceversa. La forma de pensar de los individuos es la que los limita y paraliza en muchos momentos, restándoles esa lucidez mental necesaria para afrontar las dificultades que surgen.

Estos bloqueos, que son la causa de muchos de los actuales males, suelen producirse de forma inconsciente, por lo que no son fáciles de identificar, como tampoco lo son de solucionar. Son barreras psicológicas que el individuo se impone y que le impiden ver las cosas con la claridad necesaria. Las emociones tienen mucha más influencia de lo que se podría creer a la hora de tomar decisiones; de ahí la importancia de evitar esos bloqueos que terminan obstruyendo la capacidad de entendimiento y de reacción. Pero, a poco que prestemos algo más de atención a los mismos, nos vamos a sorprender de la mayor facilidad con que se podrán enfocar y solucionar, que es lo se busca.

Analizaremos durante unos instantes cuál es la forma de proceder ante una situación difícil que pueda resultar incómoda, así como la actitud ante lo que nos desagrade. En primer lugar aparece el rechazo; a continuación se percibe un estado de ausencia de paz interior que desarmoniza y, por último, el hecho de tener que afrontar las realidades y el esfuerzo que requiere. Aparece entonces el deseo de huir de esa situación. Todo ello termina creando cierto estado de inquietud y disconformidad interna, de conflicto, que hace colapsar las capacidades, bloqueándolas. Ante esa situación, el estado mental permanecerá rígido, sin ofrecer claridad de ideas, y esa obstrucción impedirá que aparezca la creatividad necesaria para la búsqueda de soluciones. La disposición afectiva también quedará afectada por esa generación de inquietudes y el conflicto interno en que se vive. Y sin el apoyo de esas cualidades necesarias para afrontar la situación, resultará muy difícil poder comprenderla y solucionarla. Si a ello se añade la circunstancia de que esa actitud suele estar apoyada por otra negativa, que viene a añadir mayor dificultad, el resultado resulta fácilmente predecible.

Para tener una idea más clara todo de lo expuesto, vamos a analizar simplemente algunos de ellos. No interesa entrar tanto en su definición como en el perjuicio que pueden  causar y sus posibles soluciones.

Las ideas negativas se enquistan profundamente en la mente, bloquean los pensamientos, oprimen los sentimientos, configuran las actitudes y restringen excesivamente las verdaderas cualidades y potencial. El resultado es que se paraliza y enturbia toda actividad. Y estas ideas se combaten con ideas positivas que generen ilusión, satisfacción. Experimentar la alegría de los mejores momentos infunde ánimos renovadores. Si toda idea negativa daña y las positivas benefician, evitemos las primeras para abrazar las segundas.

Los pensamientos cristalizados y los traumas. Son ideas fijas que impiden la libertad del pensamiento, porque lo dejan anclado a determinados acontecimientos o vivencias que han podido crear cierto trauma que hace que pensamientos y sentimientos permanezcan viviendo continuamente la misma situación. Si resultase posible, lo conveniente sería evitar el sufrimiento. Fuera cual fuere el resultado, lo que sí es necesario es pasar página para tener otras vivencias que mejoren el estado. Los pensamientos limitadores resultan muy perjudiciales, ya que impiden la circulación de otros más creativos.

También se puede observar con claridad el daño que originan los fanatismos, dogmas, radicalismos y un largo etcétera. ¿Qué son sino pensamientos que embotan la mente, que se cristalizan en ella, que impiden la entrada de otros más renovadores? Dar libertad al pensamiento para iluminarlo con nuevas ideas, más formativas, así como dar libertad también al sentimiento para vivir experiencias más positivas, conforman el camino para escapar de la cárcel mental y emocional que hemos construido a nuestro alrededor. Y para ser libres del pasado, proporciona la energía necesaria para vivir mejor el presente. ¿Por qué, para qué obstinarse en lo que causa daño?

Miedos e inseguridades. Son bloqueos bastante frecuentes. Lo curioso del caso es que no suelen tener un fundamento consistente ni estar basados en certezas. Son meras (simples-sensaciones sensaciones que impiden el crecimiento interior, porque distorsionan la realidad, anulando la fortaleza para afrontar los acontecimientos. El ser humano tiene mucho más potencial interior y más cualidades de las que podría imaginar. Prueba de ello es poder observar cómo, en el momento en que las circunstancias de la vida se complican realmente, acaban surgiendo fuerzas desconocidas hasta entonces, y cómo, gracias a ellas, se superan esas dificultades. Entonces, confiemos más en nosotros; no suframos por algo que no ha sucedido todavía, y que casi con total seguridad nunca va a suceder. Si el ser humano se observase más y se conociese mejor, la mayoría de esos miedos e inseguridades desaparecerían. Los miedos se van cuando se les observa frente a frente, y las inseguridades desaparecen también cuando se eleva la autoestima y se aprende a auto-valorarse objetivamente.

Las represiones son el freno que el individuo pone a aquellos impulsos o sentimientos que considera inconvenientes, aunque esa no es la solución. Resultan muy perjudiciales, pues lo que se reprime sucede por falta de comprensión, ya que no se guarda con un enfoque positivo y de ahí la confusión. Quedará entonces presionando constantemente al inconsciente, buscando finalizar; en suma, alcanzar la solución. Con el paso del tiempo sucede, simplemente, que terminan saliendo mal, a destiempo y fuera de lugar. El hecho de asimilar bien las sensaciones  evita esas represiones y las desarmonías internas que generan. El hecho de no hacer algo, resulta inapropiado, pues ese algo debe hacerse desde la comprensión para evitar mantener interiormente energías desarmonizadas, que dificultarán y obstaculizarán la capacidad de enfrentar la lucha.

Y ello obligará al individuo a reprimir muchas emociones y por diferentes causas: “no llores”, “has de ser fuerte”, “no estés triste”. Evidentemente, esa no es la solución, porque se reprimen a causa de una presión exterior, ignorada las más de las veces, pues el deseo momentáneo no es otro que realizar esa determinada expresión. Hay que dejar, pues, que se manifiesten sin que lleguen a perjudicar ni dañar. Llorar en determinados momentos no es un acto inconveniente ni hace al individuo más débil. Ahora bien, el hecho de permanecer todo el día llorando sí debería ser una actitud preocupante. Estar triste durante un corto espacio de tiempo, porque ha ocurrido un acontecimiento que nos ha afectado, es algo muy normal; pero mantenerse en un estado continuo de tristeza sí requiere buscar soluciones. No buscamos crear temáticas dañinas, pues estas, si son perjudiciales, lo hacemos sobre cuestiones simples que carecen de impacto en sus manifestaciones, pero que con una intervención represiva convertimos en actos perjudiciales en nuestra vida.

La clave de todo es no reprimir esas energías; energías que son neutras por su propia naturaleza, aunque sí se debe evitar que se prolonguen demasiado en el tiempo. La diferencia es que si se hace reprimiendo su manifestación, esas resistencias se quedan bloqueando las emociones; pero si se hace porque se llega a comprender que se han convertido en negativas e improcedentes, todo quedará resuelto y terminará pasando al inconsciente como una experiencia asimilada.

Si a un niño de dos años que, a consecuencia de un tropezón se cae y se pone a llorar, alterando su estado nervioso, le consolamos y explicamos que resulta normal que llore a causa del dolor que sufre para que se vaya tranquilizando, comprobaremos cómo, poco a poco, a medida que lo ocurrido pierde importancia, el niño se irá tranquilizando. Lo normal es que en poco tiempo se ponga a reír ante cualquier pequeña broma. Como no ha reprimido ningún sentimiento, no ha quedado en él ningún tipo de bloqueo. Pero si la reacción por parte del padre o la madre es reñirle, si están molestos con él, el niño se va a debatir entre dos situaciones: o bien mantener su impulso de rabia y llanto por lo sucedido, o bien obedecer aquella orden de quien le cuida por el temor a dejar de ser cuidado y a las consecuencias de su desobediencia. Este es un caso muy propicio para que quede cierta represión, porque ni ha terminado de expresar sus sentimientos ni ha comprendido la prohibición, sencillamente porque no entenderá haber actuado mal a causa de su llanto o su malestar ante el dolor sufrido.

La dependencia y el apego: Estos son situaciones que conllevan mayores problemas sociales. Por un lado, la dependencia excesiva se convierte en una adicción que puede llegar a ser muy dañina. Observemos simplemente cómo, a consecuencia del desarrollo de las redes sociales −en principio muy útiles y positivas−, se ha creado una gran dependencia en multitud de personas que permanecen demasiadas horas ante el ordenador o el teléfono móvil. Este aislamiento está llevando hacia una falta de relación personal y convivencia que conlleva aspectos muy perjudiciales. Está dañando la afectividad, porque impide vivir y manifestarse con naturalidad. Las personas se hacen más inexpresivas, menos afectivas y comprensibles ante los aspectos de la vida y, especialmente, en las relaciones humanas. Altera la convivencia, haciendo al individuo más solitario e individualista y haciéndole olvidar que todas las personas necesitan de esa afectividad, porque el ser humano es, en esencia, sentimiento. En todos estos casos (la drogadicción, el alcoholismo, la vigorexia, etcétera) aparecen bloqueos importantes, muy perjudiciales; bloqueos que anclan a las personas en esa única idea e impiden el resto de expresiones, necesarias para una vida sana y feliz.

Es todos estos casos, buscar la compañía de familiares y amigos, expresar los sentimientos para mejorar las relaciones y encarar otras experiencias abren nuevos horizontes de ilusión y esperanza más satisfactorios todavía y, por descontado, menos dolorosos. Y esta es una labor conjunta entre la persona afectada y quienes conviven más directamente con ella.

Por otro lado, hay ocasiones en las que se tiene un exceso de apego hacia las cosas materiales, hacia otras personas e incluso hacia determinadas emociones. Es necesario trabajar el rechazo hacia todo aquello a lo que podamos aferramos en exceso, para conseguir y saber ofrecer esa misma libertad. Todo aquello que pase de un apoyo para convertirse en una necesidad deja de ser positivo y se convierte en un lastre emocional. Gestionar bien estas situaciones resulta fundamental y decisivo.

Estos simples ejemplos pueden servir para comprender que, cuando los sentimientos y las emociones se bloquean, surge la apatía y la indiferencia. En esos momentos es necesario exteriorizar y expandir dichos pensamientos; sentimientos y emociones en niveles positivos para conseguir la fortaleza interior. Evidentemente, existen muchos más casos, como la depresión, el estrés y un largo etcétera, que no abordaremos en este capítulo por la necesidad de extendernos mucho más para mejorar así su comprensión.

Hay estados mentales impropios que van fijando cada vez más sus ideas, y con el transcurso del tiempo se tornan en verdaderas obsesiones, difíciles de subsanar. Lo que en un principio puede ser normal, acaba siendo irreal por el abuso y la persistencia de ciertas actitudes. Por tato, debemos estar muy atentos, manteniendo siempre un estado de ánimo positivo y apoyarnos todo lo posible en él, pues influye mucho en el hombre.

Eliminar esos bloqueos, implica romper la monotonía y el hastío para que la nuestra vida sea más rica en oportunidades, más plena de ilusiones y con mayor variedad de experiencias, desarrollando esas características que pueden ampliar las oportunidades de mejorar ese estado.

Los bloqueos mentales y emocionales por: Antonio Gómez Sánchez

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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