LOS ÁNGELES Y SU MISIÓN

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Los ángeles y su misión

En el ítem 128 del Libro de los Espíritus nos definen claramente lo que son los ángeles, arcángeles y serafines: “Son espíritus puros, los que se hallan en el peldaño más alto de la escala y reúnen todas las perfecciones”.

En el ítem 129 añaden: “Los ángeles recorrieron todos los grados de perfeccionamiento”.

Pertenecieron a mundos físicos que ya no existen, recorrieron todas las escalas evolutivas en diferentes planetas que se formaron y desarrollaron en otras épocas. Una vez cumplido su ciclo vital, esos mundos se disgregaron y se confundieron con esa gran fuente inagotable de energía cósmica, para posteriormente formar nuevos mundos, y así seguirá ocurriendo sucesivamente en el tiempo sin tiempo.

“Ángeles o espíritus puros los hubo en todos los tiempos, su existencia humana se pierde a través de todas las épocas”. (Capítulo VIII, ítem 14; EL CIELO Y EL INFIERNO).

Actualmente, nosotros estamos en ese proceso de evolución en los mundos físicos; tenemos necesidad de ellos, iremos creciendo paulatinamente en este mundo y en otros más avanzados en el futuro para seguir acumulando sabiduría y perfección, hasta llegar a un punto en que las pruebas y el contacto con una materia ya no serán necesarios. A partir de entonces continuaremos nuestro periplo evolutivo, pero ya en otra fase mucho más elevada, netamente espiritual.

Es en esa fase evolutiva tan avanzada, donde aparecen los ángeles. Seres ya limpios de impurezas cuya misión consiste en ser copartícipes de la gran obra de Dios, ejecutando sus designios perfectamente. No obstante, sobre esto debemos hacer una matización, ya que a veces este tema se puede prestar a confusión; esos seres que pertenecen a la escala más alta no son autómatas. La perfección, aunque estamos muy lejos de entenderla ni en su más simple expresión, podemos decir que no significa un pensamiento único para hacer las cosas. Es verdad que trabajan en equipo y se marcan unas pautas, unas directrices, pero la idiosincrasia, la creatividad y las características singulares de cada espíritu superior se mantienen.

Debemos de tener en cuenta que las humanidades sujetas a los avatares de la materia física poseen libre albedrío, y en función del comportamiento y de los caminos que escogen, individual y colectivamente, esas almas ya excelsas que las tutelan se adaptan a las circunstancias y estudian en cada caso la manera de favorecer su progreso. De tal forma que no hay dos casos idénticos, y pueden ir variando las circunstancias en función de la respuesta a las pruebas y expiaciones en el transcurso de las diferentes vidas.

En esa línea, sabemos que los guías espirituales no son apuntadores, más debemos de añadir, no lo son ni ahora ni lo han sido nunca. Aunque el espíritu alcance las cotas más elevadas de perfeccionamiento, y aunque siempre tendrá a alguien de quien recibirá una inspiración superior (en ultimísima instancia del propio Creador), el sello distintivo de cada espíritu quedará manifiesto de una manera u otra.

Analizándolo desde otro punto de vista, Dios Padre, en base a su inmenso amor, otorga toda su confianza a sus hijos más adelantados para que desenvuelvan una labor de elevadísima responsabilidad, con entera libertad puesto que sabe que no cometerán fallos. De lo contrario, nos encontraríamos con un libre albedrío que se estrecha en la medida en que el espíritu se perfecciona, un círculo evolutivo que se abre a la creatividad durante millones de años para posteriormente volverse a cerrar.

De ese modo, la perfección no es incompatible con la “personalidad singular” de cada espíritu forjada a lo largo de los milenios. De lo contrario, estaríamos hablando de una especie de panteísmo, es decir, el error de creer que el espíritu, creado sencillo e ignorante, se perfecciona pero hasta un punto en que pierde su identidad y se confunde con la divinidad. Esto sería contrario a la lógica y al sentido común.

Al mismo tiempo, los ángeles son seres que viven en plenitud y con absoluta felicidad, pero una felicidad que nace de la satisfacción por ejecutar los designios y las responsabilidades confiadas por el Padre en el desempeño de las más altas misiones. Les son distribuidas las tareas que pasan desde la formación de nuevos mundos, el desarrollo y evolución de los distintos reinos de la naturaleza, la tutela de sus humanidades, etc. En resumen, velar por el cumplimiento de las grandes leyes universales en todo el Universo.

“Llegar a ser un actor del drama divino, uno de los agentes de Dios en su obra eterna; trabajar para el Universo como el Universo trabaja para nosotros: ¡He aquí el secreto del destino!” (León Denis; El problema del ser y del destino).

Por el contrario, la idea que todavía sostienen algunas religiones de que los ángeles son seres excepcionales creados por Dios no se sostiene bajo una lógica espiritual. Obedece a la construcción de un pensamiento que parte del estrecho margen que supone una única vida en el mundo. Se resumen sus postulados en un Dios que hace y deshace, donde unos viven en la opulencia y otros en la miseria, que juzga caprichosamente, que premia y castiga, que su premio consiste en la contemplación perpetua, y el castigo en la condena eterna; que otorga el paraíso a aquellos que murieron muy pequeños y no tuvieron tiempo de hacer el bien ni el mal. Esa misma eternidad que te clasifica para bien o para mal en función del comportamiento desarrollado en unos pocos años de vida en el cuerpo físico, sin posibilidad de enmendar los errores cometidos a través de otras nuevas oportunidades.

Ciertamente, Dios nos crea sencillos e ignorantes, sin privilegios para nadie. Todos, absolutamente todos, debemos recorrer un largo camino a través de múltiples existencias, conquistando el progreso con nuestro propio esfuerzo, luchando, cayendo y levantándonos una y otra vez; así sucesivamente en dirección a la perfección.

Otra tarea que realizan estos espíritus excelsos y que nos atañe más directamente es la de ser nuestros ángeles guardianes; cumplen una misión específica con cada espíritu en proceso de crecimiento espiritual. Nos acompañan desde que nacemos hasta que desencarnamos, incluso mucho antes de esta encarnación, y su seguimiento se puede prolongar durante siglos. Ellos nos sostienen, nos inspiran, nos alientan y estimulan hacia el progreso; nos acompañan en los sufrimientos y comparten nuestras alegrías. Marcan las directrices a los protectores y espíritus familiares que se encuentran mucho más próximos a nuestra esfera material. Es en resumen, la manifestación más hermosa del amor incondicional y que más se asemeja al Amor puro de nuestro Padre.

Por lo tanto, nunca estamos solos. El pensamiento de que esas almas tan perfectas están más cerca de lo que nos imaginamos nos debe inspirar y motivar para seguir adelante. Ellos recogen nuestras peticiones, nuestros anhelos, nuestras aspiraciones y tratan de darnos una respuesta con la sabiduría y oportunidad que ellos consideran mejor para nosotros. Es la pureza de sentimientos y de intenciones la que nos aproxima más rápidamente a ellos, recibiendo sus sabios consejos y la inspiración necesaria para recorrer el camino con más entusiasmo y fuerza.

Vamos a finalizar con una reflexión. Cuando estudiamos toda la información que nos aporta la ciencia moderna respecto al origen y constante transformación de nuestro mundo, con sus diferentes etapas geológicas, comprobando cómo las formas primitivas de vida fueron dando paso a otras más complejas: la aparición del reino vegetal, posteriormente el reino animal, para finalmente la aparición y el desenvolvimiento del hombre y sus progresos a lo largo de muchos siglos, hay que comprender que, tras todo ese espectáculo, tras esa obra de arte viviente sin igual, se encuentra el trabajo silencioso de esos seres extraordinarios inspirados por Dios, arquitectos divinos que fueron preparando con mucho amor y minuciosamente a este mundo durante millones y millones de años para que pudiera reunir las condiciones de equilibrio y habitabilidad, proporcionándonos unos recursos casi inagotables y con una puesta en escena que combina inteligencia sublime con una gran belleza. Una obra que no es fruto del azar o la casualidad, sino del trabajo minucioso de esos ángeles y arcángeles, bajo la atenta mirada de nuestro Padre.

Un trabajo que pone de relieve la superioridad de quienes lo ejecutaron. Una obra coral, tan sólo oscurecida por la mano torpe del hombre que no es capaz todavía de respetar y cuidar su entorno, un hogar inmenso que se nos concede como préstamo y que debemos legar a las generaciones futuras en las mejores condiciones.

Los ángeles y su misión por: José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2019

 

“En todo hombre reposa la partícula de la divinidad del Creador, con la cual puede la criatura terrestre participar de los poderes sagrados de la Creación”. (EL CONSOLADOR; F. Cándido Xavier, espíritu Emmanuel).

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