Leyes Universales

LA VIDA EN EL MUNDO ESPIRITUAL XIII

Malhechores, avarientos, potentados orgullosos, mandatarios crueles, administrativos corruptos, falsificadores, explotadores de vicios y de la ignorancia humana, con otros análogos; son los pobladores de esos ambientes sombríos y depuradores del magnetismo psíquico morboso que han generado en sus vidas humanas, violando la Ley del Amor.

Esos ambientes, son zonas purgatoriales que actúan como detersorio de la morbosidad psíquica, que los mismos afectados han creado con el mal uso de su libre albedrío. Después de mucho sufrimiento, esas almas llegan al arrepentimiento de sus errores, y desesperados claman al Cielo piedad y perdón, implorando que les saquen de esas torturas, dispuestos a pagar sus faltas y abusos. Y esos clamores son percibidos por las Fuerzas del Amor del Bien, quienes en su deseo de ayuda, bajan y analizan las condiciones y las causas por las cuales se hallan en esa condición. Entonces, les presentan el modo cómo pueden dirimir en la carne, los débitos contraídos con la Ley, mediante una vida humana de dolor y esfuerzo, así como la práctica del bien, lo cual aceptan para liberarse de las torturas en que se hallan.

Todos esos cuadros humanos de superpoblación de pobreza y miseria en el Oriente, con una grandísima población infantil en misérrimas condiciones de vida humana, así como otros aspectos de infancia dolorosa en Occidente, son la vuelta a la carne de esos seres que aceptaron esas vidas para el pago de los errores en el pasado.

Y muchos de esos niños famélicos, son reencarnación de quienes despilfarraron en vicios, festines y orgías, sin preocuparse del hambre que había en los hogares pobres de su medio ambiente anterior; pues, la Ley es justa. Y esas experiencias dolorosas quedarán grabadas en la memoria espiritual, y les guiará a un mejor actuar en sus próximas encarnaciones.

Hay también condiciones de oscuridad absoluta, en la que algunas almas se encuentran a solas con su conciencia, y se sienten sometidas por el terror en esa extraña oscuridad. Muchas almas se quedan como aletargadas en esos ambientes, otras vagan perdidas y confusas.

Las almas que han llevado una vida humana de maldad, engaño, estafas, abusos de autoridad, corrupción en los asuntos públicos (políticos deshonestos), etc. etc. a sabiendas del mal que hacían y contrariando su conciencia; sufren remordimientos intensos y angustias terribles; ya que, en medio de la tenebrosidad de esos ambientes, afluyen a su mente el recuerdo con las escenas de todas sus fechorías, que les atormentan. Y en muchísimos de los casos, ven constantemente ante sí, en cuadros fluídicos, como en una pantalla grande, las escenas en las cuales llevaron a cabo el engaño, abusos, estafas, maldades, etc.

Y por si lo expuesto pareciere exagerado, hagamos algunas reflexiones sobre la oscuridad.

¿Quién de nosotros no se ha desvelado alguna vez en la noche? ¿No hemos percibido, en ese intervalo de tiempo, la cantidad de pensamientos sobre diversas  cosas de nuestra vida que, con nitidez, afluyen a nuestra memoria en la oscuridad de la noche?

Si solamente son esas horas, que nos han parecido tan largas, ¿qué no serán las horas y horas, períodos largos (años en nuestra medida de tiempo) permaneciendo en la oscuridad de la noche?

Imaginad lo que puedan ser días, meses y hasta años en una completa penumbra, afluyendo uno tras otro los recuerdos, las imágenes de hechos vergonzosos, delictuosos, de faltas cometidas por apasionamiento o por maldad, o por orgullo, celos, etc.

Imaginad lo que pueda ser un largo período en la más completa oscuridad, con el tormento de los recuerdos con una nitidez mayor de la que hayamos apreciado en una noche de insomnio.

Y cuando se ha causado daño a alguien, las imágenes de esos actos suelen presentarse, no como recuerdos simples, sino como imágenes “vivas”, tal como acontecieron: una, otra y otra vez, sin poder librarse de ellas, a más de otras visiones atormentadoras.

Imaginemos todo eso, y podremos tener una idea, aunque pobre, de lo que son las “tinieblas” en esos ambientes.

¡Ay de aquellos que tengan sus manos manchadas de sangre! ¡Ay de aquellos que comercien y se lucren con los vicios! ¡Ay de aquellos que desoyendo las indicaciones de la Conciencia, oculten conceptos de Verdad, o engañen para beneficiarse humanamente con la ignorancia; que profanen en vez de enseñar la verdadera doctrina de amor y renunciamiento del Sublime Nazareno, base del Cristianismo! ¡Qué despertar les espera!

SEBASTIÁN DE ARAUCO

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