Leyes Universales

LA VIDA EN EL MUNDO ESPIRITUAL XII

¿Qué sabe la gente de nuestro pueblo, acerca de lo que va a encontrar al final de la vida humana? ¿Qué conoce nuestro mundo occidental acerca de la vida después de este trance llamado muerte?

Aun aquellos que admiten la inmortalidad del alma, ¿qué saben sobre la vida después de la muerte del cuerpo fisico?

Salvo alguna que otra excepción, nada. Viven en la ignorancia más completa acerca de este transcendental aspecto; actuando de acuerdo con sus intereses materiales, deseos y pasiones, no siempre dignos.

La sociedad humana de hoy, vive en una completa ignorancia de cómo es la vida en el mundo espiritual superior, y cuyo conocimiento mucho contribuiría a tratar de conquistarlo; así como evitar cometer errores, daños y ruindades si conociesen los ambientes de sufrimiento que esperan a quienes violan las leyes de la Vida.

¿Y por qué tal ignorancia? Por los fuertes impedimentos que presentan los intereses creados en dar a conocer estas y otras verdades, tan necesarias para un mundo más armónico y feliz, y un más rápido progreso espiritual de la humanidad.

Por medio de la divulgación de estos conceptos de verdad que vamos conociendo, estamos colaborando en la obra redentora del Cristo, cual es la salvación de la humanidad, por el Conocimiento. El tiempo apremia. No nos dejemos dominar por nuestro ego inferior, que nos induce al comodísmo y nos haría perder una oportunidad maravillosa de progreso. Convirtámonos en propagadores de la fe en la Grandiosidad Divina, que es AMOR, y que resiste el análisis de la razón.

A continuación, haremos una breve exposición de los ambientes sombrios y tenebrosos del astral inferior, con el fin de que tengamos una idea, para que en ciertos momentos de debilidad, podamos vencer las tentaciones que nuestro plano humano ofrece. Y para tener una idea de esas zonas sombrias, conozcamos algunos de sus múltiples aspectos.

Comencemos por exponer que, asi como en las regiones superiores, en los reinos de luz, los paisajes son de un colorido y hermosura deslumbrantes; en las regiones inferiores hay carencia de colorido, todo es de aspecto lúgubre. El aire que se respira es denso y maloliente. Y en vez de hermosos lagos, hay lagunas y charcos de agua pútrida, sobre cuya superficie flota una niebla baja, rastrera y densa; desfiladeros rezumando agua viscosa y maloliente, hedionda, como la mente y conciencia de sus moradores; paisajes rocosos y resecos, con senderos y abismos atemorizantes para todo visitante y moradores; y donde se hallan las formas de vida más repugnantes y deprimentes.

La vegetación, los animales y aves que viven en las diversas regiones oscuras del astral inferior, son de aspecto repugnante y en constante sobresalto, cual si estuviesen dominados por el miedo. En vez del canto hermoso de las aves de los planos superiores, las de estas regiones emiten graznidos lúgubres, cortantes como el ambiente.

Las viviendas de estas poblaciones y ciudades, son lóbregas, carentes de luz; pues, la luz solar no alumbra el mundo espiritual inferior. La luz del mundo espiritual todo, proviene del Centro de Irradiación Divina, que es el Amor. Y como esos planos inferiores carecen de amor, carecen de luz. Por ello es que, cada plano del mundo espiritual goza de una luminosidad diferente, en concordancia con el grado de amor y elevación espiritual, de los que carecen las regiones inferiores.

Esos pueblos y ciudades del bajo astral, están gobernados por jerarquías maléficas, seres malvados que, poseyendo inteligencia y poder mental, no pueden elevarse por sus imperfecciones morales, y gobiernan tiránicamente esos ambientes.

Inmensidad de criaturas, seres desencarnados, sufren ahi amargos choques con una realidad que no contaban. Y muchas de las veces, son martirizados y explotados por mandato de jerarcas que se erigen en jueces y ejecutores de la justicia.

Hay zonas o ambientes de purificación dolorosa, una especie de lagunas de un contenido viscoso y maloliente, conocidas también como charcos astrales, asi como zonas abismales, donde van a caer cierta clase de malhechores y criminales reincidentes, pasada la primera turbación; ambientes irrespirables por lo fétido. Y dada la naturaleza absorbente y caustica de los fluidos de que están compuestos esos charcos, funcionan como desintegradores y diluyentes del magnetismo deletéreo de las almas malvadas y ruines que allí van a parar. Y muchos son los que llegan a creer que se hallan en los rescoldos del infierno; y con sus gemidos y gritos, aumentan el horror de los ambientes. Y ahí, pasan un periodo más o menos largo, según haya sido la naturaleza de sus crímenes.

SEBASTIÁN DE ARAUCO

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