Leyes Universales

LA VIDA EN EL MUNDO ESPIRITUAL X

En el mundo actual, son muchos los seres que, están encarnados  trabajando de diversos modos para el progreso y evolución de nuestro mundo.

Y nosotros podemos formar parte también, de esa tarea espiritual, de contribuir al adelanto y progreso de la humanidad, capacitándonos para divulgar el Conocimiento.

Hablemos brevemente de los ángeles. ¿Creemos que los ángeles, serafines y querubines, son esas caritas de niños con alitas?

La angelitud es la fase de la perfección moral, no de inocencia. Y esos ángeles, tal como los pintan, no existen.

Si en alguno de los escritos o mensajes del mundo espiritual leemos la palabra “ángel”, ella se refiere a espíritus muy evolucionados, que han alcanzado un grado de progreso y superioridad moral tal, que raya en la perfección; pero que, también fueron imperfectos como nosotros.

Y esos seres, completando ya su reintegración, no responden a un nombre determinado, toda vez que en los planos superiores de la vida espiritual no hay personalismos.

Las misiones que cumplen los espíritus superiores son muchas y grandiosas.

Y desde los planos elevados proyectan su energía hacia los planos físicos, a través del plano astral, cuando los humanos invocamos esa energía; así como pensamientos que reciben los seres del astral superior para ayudar y colaborar en el progreso de los humanos. Porque, en el mundo espiritual, todo se realiza dentro de la Ley de Jerarquía, que es amor y sabiduría en acción.

Para completar este estudio que, de modo muy resumido, venimos haciendo acerca de la vida en el mundo de las almas, haremos una breve exposición de algunos aspectos de la vida en los planos inferiores del astral.

Y así como en las altas esferas o planos superiores de la vida espiritual, existen maravillosas creaciones y escenarios magníficos, que proporcionan una vida feliz y activa a los seres espirituales que los habitan, por sus méritos; así también, hay planos inferiores, que son ambientes muy feos, depresivos, tétricos y de dolor. Todos ésos son ambientes de sufrimiento en diversos grados, como diversos son los estados de conciencia en los mismos.

Y así como la belleza de los planos superiores está en relación con la belleza y amor en que vibran las almas que los habitan; así la fealdad de los inferiores está en concordancia con la fealdad de los sentimientos y pensamientos de los seres que los habitan; y a los cuales quedan imantados los seres egoístas, ruines, viciosos y de maldad.

Todo en el astral inferior es lúgubre, carente de luz y de belleza. Pero, no es la carencia de luz física, sino de luz espiritual; pues, la luminosidad de cada plano está en relación a la vibración de sus componentes, de sus habitantes.

Y así como los paisajes de las regiones superiores de la vida espiritual, son de exuberante hermosura y gran luminosidad, los paisajes de las regiones inferiores del astral carecen de belleza y de luz, como las almas que en ellos habitan.

Cuando entidades espirituales superiores bajan a las regiones del astral inferior, en misión de estudio o auxilio, encuentran que el paisaje empieza a desmejorar. La arboleda va tornándose seca y raquítica a medida que descienden, con las ramas secas, hasta llegar a presentar el aspecto de esos árboles muertos de lugares áridos y desérticos por las sequías, y el suelo mismo es árido y duro, ofreciendo un aspecto siniestro y de angustia, y oscureciendo a medida que se baja, comenzando a aparecer despeñaderos frecuentes y precipicios que conducen a zonas abismales, en las cuales caen los seres avarientos, soberbios, etc.

Nuestro plano físico está repleto de desencarnados poco evolucionados, atraídos por nuestros vicios y pasiones; necesitan saciar sus deseos por lo que merodean y hasta influyen grandemente en las actuaciones de las personas.

Hay también zonas tenebrosas y regiones purgatoriales, en donde caen aquellos que, contrariando su Conciencia, se han dejado dominar por las pasiones y caído en vicios y actos de maldad; y de donde no podrán salir hasta su purificación o arrepentimiento verdadero.

Y mediando entre estos ambientes, muchos otros hay para dar cabida a tan diversos modos de ruindad y maldad humana, a los que algunas filosofías denominan “plano causal” y las iglesias denominan “purgatorio o infierno”.

Hay ambientes poblados de locos y perturbados mentales, sufriendo extrañas alucinaciones que les atormentan constantemente, consecuencia de faltas graves al apartarse del camino del amor, dominados por pasiones inferiores y bajos deseos. Entre éstos, seres hay de inteligencia desarrollada, pero carentes de bondad y por ende insensibles al amor fraterno; sintonía ésta que los sitúa en zonas tenebrosas de dolor, de las que no pueden salir hasta su completo arrepentimiento. Y aunque esto se dice pronto, pueden pasar muchos y muchos años, hasta siglos.

Hay entidades malvadas que cercan a algunos desencarnados que, por su baja vibración, se hacen accesibles a esas entidades. Y de no tener alguna protección pueden llegar a caer víctimas de las mismas, que les convierten en esclavos; como acontece a aquellos que, con su egoísmo y soberbia, hayan causado daño y adquirido enemigos que suelen esperarles a la muerte del cuerpo físico.

Sebastián de Arauco

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