LA RESPONSABILIDAD DE SER PADRES

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La responsabilidad de ser padres

La responsabilidad de ser padres

“…Los vínculos sociales son necesarios al progreso y los lazos de familia estrechan esos vínculos sociales. He aquí por qué los lazos familiares constituyen una ley de la Naturaleza. Dios ha querido que los hombres aprendieran así a amarse como hermanos”. (Libro de los Espíritus, pregunta 774).

La familia constituye la base fundamental desde donde se empieza a construir la sociedad. Sin esos “vínculos sociales” de los que nos habla el párrafo anterior no existiría el progreso, sería un retroceso a una época de caos y barbarie. Los lazos familiares estrechan esos vínculos, y es el delicado y sensible laboratorio donde el ser humano en su largo proceso antropo-socio-psicológico aprende a amar a sus semejantes.

No obstante, en este siglo XXI los desafíos se multiplican y el creciente materialismo que nos rodea no favorece en modo alguno que la familia crezca y se desarrolle. Elementos ideológicos interesados, también las cuestiones económicas, laborales y de bienestar, así como una relajación de las costumbres anteponiendo los placeres sensoriales por encima de las responsabilidades que contribuyen al crecimiento personal y colectivo, nos han llevado a valorar a la familia como un elemento secundario y nada prioritario.

Del mismo modo, la falta de ideales y la carencia de un objetivo superior, primando el individualismo sobre los valores imperecederos del espíritu, llevan a muchas personas a huir de las responsabilidades que le “atan” y obligan a hacer un esfuerzo para la formación de una nueva familia, con todo lo que ello supone: Un proyecto fundamentado en el amor de pareja, en el que ambos han de estar dispuestos a sacrificarse el uno por el otro para que ese amor pueda dar sus frutos.

La consecuencia natural de ese proyecto en común, en condiciones normales, sería el ser padres. Algo que les obliga a modificar sus costumbres y prioridades, teniendo que adaptar su vida a las nuevas circunstancias; un precio que muchas parejas no están dispuestas a pagar, posponiéndolo por tiempo indefinido, o renunciando directamente a ello.

Una observación a tener en cuenta: Cuando los objetivos en la vida se centran en el amor, con todo lo que conlleva: comprensión, respeto, tolerancia y diálogo, la visión de los vínculos sociales, especialmente los de la familia, cambian totalmente.

Precisamente la Mentora Joanna inicia sus reflexiones del tema propuesto en esta ocasión hablando de la importancia de la familia, especialmente de ser padres…

-Ser padre o madre es una gran responsabilidad.

Sin ninguna duda, traer hijos al mundo es una gran responsabilidad. Son seres absolutamente indefensos que dependen, sobre todo en las primeras etapas, física y psíquicamente de las atenciones y los cuidados de los padres. El clima espiritual positivo y equilibrado que ellos sean capaces de crear y mantener en el hogar es fundamental para que el ser, con su nuevo cuerpecito, se pueda desenvolver sano y alegre.

-Cada criatura trae el destino que organizó para sí misma en reencarnaciones pasadas. No obstante, ella nunca dejará de asimilar los ejemplos vividos en el hogar por los padres.

Las existencias pasadas son el punto de partida desde donde se organizan los derroteros por donde deberá transcurrir la nueva existencia. El espíritu ya medianamente esclarecido planifica junto a las entidades benefactoras la ruta más conveniente para resarcirse de sus errores y continuar en su ascensión espiritual. En dicha planificación, la familia que le va a acoger no es elegida al azar, suelen ser espíritus que comparten vínculos de diferente naturaleza generados en otras vidas.

Poco importa la imagen que los padres proyecten hacia el exterior o los comentarios u opiniones que puedan manifestar. Los hijos, grandes observadores, leen en sus corazones y en sus comportamientos con absoluta claridad. No se les puede engañar, se quedan con el ejemplo que reciben antes que con las palabras; es en definitiva la realidad última que observan y copian.

Es por ello que los padres deben predicar con el ejemplo aquellos valores que les quieren inculcar a los hijos. No es tarea fácil, porque todo ser humano posee carencias y defectos; no obstante, se necesita coherencia y honestidad para ofrecer la mejor educación en el hogar que les pueda servir para el resto de su vida, puesto que estamos hablando de una primera etapa muy sensible que les va a marcar para toda su existencia.

-La primera escuela es, pues, el hogar, y este, a su vez, es el resultado de la conducta de los esposos que se deben esforzar para hacerlo agradable, honrado y rico de paz.

La conducta de los padres establece, de ese modo, el primer programa educativo que los hijos van a percibir y adoptar en sus vidas.

Por lo tanto, el esfuerzo ha de ser permanente, trabajando y puliendo el carácter para que los problemas y situaciones difíciles que ellos puedan enfrentar no afecten a los niños en su permanente necesidad de un clima estable, alegre y pacífico, en el hogar.

Se trata de algo que no se puede delegar o transferir a otros.

Por otro lado, la educación en la escuela también es importante pero diferente, llena otro tipo de espacios en la preparación del niño o adolescente. No obstante, y como vamos viendo, la que nace en el hogar es la más delicada y determinante. Pretender que se transfiera esa responsabilidad únicamente al colegio, o peor aún, permitir que sean las amistades de la calle las que formen al joven sin la debida vigilancia,sería jugarse el futuro de los hijos a una lotería, un azar que casi nunca sale bien y puede dejar secuelas lamentables.

Nada ni nadie puede sustituir el amor y las atenciones de unos padres hacia sus hijos.

-Bendice a tu hijo con tus palabras y conducta, haciéndote su amigo en todas las situaciones.

Ese clima positivo se construye desde el diálogo constructivo, secundado por una conducta coherente y honesta, puesto que los progenitores también se equivocan, deben reconocer sus errores y pedir perdón cuando la ocasión lo requiera. Así será como se podrá construir una verdadera amistad entre padres e hijos, una comprensión mutua, una lealtad capaz de superar todos los obstáculos y pruebas de la vida.

Para un hijo, el saber que siempre tiene alguien ahí para ayudarle incondicionalmente, manifestando su verdadero amor, fruto del desinterés, y de los estrechos vínculos creados desde la intimidad del hogar hasta el final de sus días, supone un refuerzo moral incuestionable que aumenta la autoestima y le aporta fortaleza y seguridad para seguir avanzando sin temor en la vida.

-Los hijos, como todos nosotros, somos de Dios, y presentarás cuenta del préstamo que te fue concedido para educar.

Parafraseando al escritor libanés Khalil Gibran, los hijos vienen a través de los padres pero no les pertenecen. Todas las criaturas que existen, sin excepción, pertenecen a Dios Padre Todopoderoso.

No se puede pretender que sean una prolongación de los padres, porque ellos tendrán que descubrir sus inquietudes y escuchar su voz interior, para que esta les marque el camino que les debe llevar a su destino final. Hay que apoyarlos, ayudarlos y dejarlos crecer para que tomen sus propias decisiones vitales, su rumbo.

Sin duda, un préstamo delicado y sensible, de cuyos resultados habrá que dar cuentas en el futuro, cuando la vida física se extinga.

La responsabilidad de ser padres por: José Manuel Meseguer

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

El texto en negrita pertenece a la obra VIDA FELIZ, Ítem: 69,  de Joanna de Ângelis,  psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

 

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